La mejor “cosecha” de Neil Young celebra sus 50 años

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«Es en Harvest donde un joven Neil Young mejor despliega buena parte de sus inquietudes artísticas y personales, resultando uno de sus trabajos más autobiográficos»

 

El álbum Harvest es uno de los hitos de la carrera del canadiense, con su único número uno. Reprise lo celebra con el lanzamiento de una caja especial y aprovechamos la ocasión para pasar revista a uno de los discos esenciales de los setenta. Javier Márquez Sánchez se pone a ello.

 

Texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.
Fotos: JOEL BERNSTEIN.

 

En febrero de 1972 salió a la venta Harvest, el cuarto álbum en solitario de Neil Young llamado a convertirse en su trabajo más popular: fue el disco más vendido de aquel año y contenía el único un número uno de la carrera de Young, el tema “Heart of gold”. Medio siglo después, el trabajo sigue siendo reivindicado por muchos incondicionales del artista, mientras que otras voces más críticas, sin negar sus grandes aciertos, recuerdan también lo desigual de su planeamiento.

Empecemos por apuntar que el disco tardó dieciocho meses en completarse debido a una lesión de espalda de Young, tiempo en el que también atravesó un doloroso y peliagudo divorcio cuyas consecuencias quedan inevitablemente reflejadas en el álbum. El público estaba ansioso por nuevo material del artista, que había pasado los dos años anteriores ligado a sus camaradas Crosby, Stills & Nash, con una primera gira que cosechó todos los triunfos posibles y a la que siguió, en abril 1971, la publicación del doble álbum en directo 4 way street.

Con su anterior trabajo en solitario, After the gold rush (1970), recorrido por tiempos medios country, baladas electrizantes y guitarras épicas, Young se presentaba al más puro estilo cantautor del momento, destacando sobre buena parte del material que se grababa entonces. Sin embargo, el canadiense resultaba demasiado oscuro para un público que había decidido apostar por la pureza de voces y estilos de gente como James Taylor, Paul Simon o Carole King. Pero medio siglo después de su lanzamiento, After thegold rush mantiene toda su vigencia, no solo como uno de los trabajos más brillantes de su autor, sino también como uno de los más interesantes de la década, y era lógico que hubiese altas expectativas sobre la siguiente propuesta por parte de Young.

 

¿Estás listo para el country?

De marcada influencia country en la música, los textos y el propio espíritu del trabajo, Harvest no es en absoluto un disco de ese género en el sentido estricto, sino que, como suele ser habitual, Young apuesta por fundir y difuminar referencias. Para su grabación congregó a una nueva banda, a la que bautizó Stray Gators, y en la que figuraban Ben Keith a la guitarra, Kenny Butrey en la batería, Tim Drummond en el contrabajo y Jack Nitszche, productor de algunos temas, además de sentarse al piano y empuñar alguna guitarra. El disco contaba también con las voces de los propios David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash en tres curiosas combinaciones: Crosby & Nash, Crosby & Stills y Stills & Nash; junto a ellos, otros dos “coristas” de lujo: Linda Ronstadt y James Taylor.

 

«De marcada influencia country, Harvest no es un disco de ese género en el sentido estricto, sino que, como suele ser habitual, Young apuesta por fundir y difuminar referencias»

 

El mayor problema de Harvest, como hemos apuntado, es que cohabitan en él estilos demasiados discordantes. Los Stray Gators, y en especial la steel guitar de Ben Keith, hacen un trabajo impecable para acercar el álbum del canadiense a los sonidos tradicionales de Nashville en la mitad de los temas. Pero encontramos también dos piezas desbordadas de guitarras eléctricas, otras dos con una ostentosa compañía de la London Symphony Orchestra y una más presumiendo —con razón— de sencillez acústica. Por otro lado, el tono general del álbum está impregnado de melancolía, y los textos están marcados por el anhelo de un nuevo amor y, más aún, por la necesidad del mismo.

 

Sencillez vs. barroquismo

El corte de apertura, “Out on the weekend”, es una muestra de la confusión vital del cantante, en el que se alternan por igual un tono optimista y pesimista de la vida. Su sonido, acústico y pausado, es el que impera en el resto del trabajo; al igual que en “Harvest”, canción que podría catalogarse como más genuina dentro de los cánones del country aunque solo en la forma, ya que en el fondo destaca un texto cuya complejidad es poco habitual en dicho género. El tono se rompe con “A man needs a maid”, un canto de amor a la por entonces su pareja Carrie Snodgress, quien pronto le daría su primer hijo. A mediados de esta íntima balada, con un Young de voz contenida, irrumpe con todo su lirismo la London Symphony Orchestra para plasmar unos arreglos que, cuanto menos, descolocan en un disco de estas características. Muchos aconsejaron a Young que los eliminara pero, en el último momento, unos comentarios positivos de Bob Dylan le animaron a respetar ese acompañamiento. Mal consejero, esta vez, el de Minnesota.

Y así se llega a “Heart of gold”, el único número uno de la carrera de Neil Young, como ya apuntamos, y su ascensión directa a la primera división de los cantautores de los setenta. Cuenta con las nada desdeñables voces de James Taylor y Linda Ronstadt como apoyo. Cada instrumento tiene su momento para destacar, desde la steel a la memorable armónica, y resulta increíble el magnetismo de su melodía al comprobar la sencillez compositiva en la que descansa. La letra es también toda una declaración de intenciones, marcada por los simbolismos y la ambigüedad de costumbre, un canto bienintencionado sobre la condición universal del ser humano.

Con “Are you ready for the country?”, presidida por una steel ambiental y el respaldo de las voces de David Crosby y Graham Nash, Young imprime algo más de energía al álbum en esta pregunta directa (con respuestas divididas por parte del público a lo largo de los años), aunque no deja de planear sobre ella un cierto espíritu anodino.

Otro instrumento country fundamental, el banjo, hace acto de presencia en “Old man”, donde Taylor y Ronstadt vuelven a acompañar a la voz principal en un estribillo especialmente pegadizo. No en vano se trata de una de las mejores melodías del disco, compuesta para hablar sobre las diferencias generacionales entre los entonces sexagenarios y los más jóvenes. Más al gusto de esos ancianos estaría “There’s a world”, con una chocante Sinfónica de Londres reincidiendo en sus cuerdas. Teniendo en cuenta que los malabarismos orquestales de esta canción parecen fuera de lugar al observar su letra, muchos mantienen que el objetivo de la misma era parodiar el rock sinfónico, tan de moda por aquel entonces.

 

«El disco tardó en completarse debido a una lesión de espalda de Young, tiempo en el que también atravesó un doloroso divorcio cuyas consecuencias quedan reflejadas en el álbum»

 

Fiel a sus principios de hacer siempre lo que se le antoja, Young vuelve de nuevo sus ojos al sur, concretamente a su capital espiritual, Alabama, que da título a un corte para el que desempolva las guitarras eléctricas y ofrece, respaldado por Crosby & Stills, el corte más enérgico del disco. Para relajar el ambiente, “The needle and the damage done” se presenta en una interpretación grabada en vivo, a voz y guitarra, en la que Young expone su lamento por Danny Whitten, el guitarrista de su banda habitual, Crazy Horse, cada vez más consumido por la heroína. Esta canción, una de las más conmovedoras y memorables de la carrera de su autor, sirvió de cara B para un atípico sencillo, el que sacaba a la luz “Warsong”, el único caso de trabajo conjunto de Neil Young y Graham Nash a modo de dúo (y no incluido en este álbum); la experiencia no pasó de ese corte, reflejo del firme compromiso antibelicista de ambos cuando las protestas contra la guerra de Vietnam alcanzaban su punto más caliente.

El corte final de Harvest, “Words (Between the lines of age)”, combina con acierto los dos sonidos vertebrales de Young, country y rock, con la steel siendo relevada poco a poco por un hiriente solo de guitarra, mientras que los coros de Stills & Nash se van dramatizando del mismo modo. El texto, sin embargo, parece algo fallido, sin llegar a cuajar el intento de ironizar sobre la vida de las grandes estrellas a través de un discurso casi religioso.

Desde su publicación, Harvest se convirtió en una referencia continua e inevitable a lo largo de toda la carrera de Neil Young. A pesar de su gusto y talento para el rock, otra parte de él ha sentido siempre especial atracción por las raíces, representadas en el plano musical por el folk y el country. Así, a este trabajo le seguirían en las siguientes décadas otros proyectos de similar planteamiento, incluida una continuación más o menos directa: el también notable Harvest moon, en 1993.

Pero es en Harvest donde un todavía joven Neil Young mejor despliega buena parte de sus inquietudes artísticas y personales, resultando uno de sus trabajos más autobiográficos. Producido por el propio Young junto a Elliot Mazer, Jack Nitzsche y Henry Lewy (según los temas), lo que aún atormenta a muchos aficionados es que no se publicase una versión más “limpia” del disco, dejando a un lado esa orquestación ocasional que parece fuera de lugar y que, al escuchar esas canciones en directos de la época, se demuestra turbia e innecesaria. Pero todo estaba por llegar…

 

Feliz quincuagésima “cosecha”

Dado el ritmo de ediciones y reediciones de Neil Young, era difícil no esperar un trabajo conmemorativo por el medio siglo de este disco, y así, este viernes 2 de diciembre se pone a la venta Harvest – 50th anniversary edition, que está disponible en una caja tanto en formato cedé como en vinilo, incluyendo abundante material adicional. Junto al álbum original remasterizado, resulta de especial interés una grabación en directo de 1971, en el Massey Hall (Toronto, Canadá), para la BBC —tanto en audio como en vídeo—, en la que el músico interpreta ocho temas, cuatro de ellos pertenecientes a Harvest. Esto nos da la oportunidad de observar la fuerza que ganan estas composiciones tan intimistas en formato acústico, tan solo a voz, guitarra y armónica.

No obstante, la joya de este lanzamiento es la película de dos horas Harvest time, filmada en 1971, que documenta las sesiones de grabación del álbum en el norte de California, en Nashville y en Londres. También se incluyen en otro disco tres temas descartados de las sesiones originales de Harvest: “Bad fog of loneliness”, “Journey through the past” y “Dance dance dance”, los dos últimos interpretados también en el directo de la BBC. Los fastos se rematan con un libro de tapa dura con imágenes inéditas y extensas notas a cargo del fotógrafo Joel Bernstein, además de un póster desplegable. Todo muy interesante. Pero más allá de curiosidades, que no falte Harvest en ninguna discoteca de bien.

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