Un gusano en la Gran Manzana: Neil Young se preocupa por nuestra salud auditiva

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«Un disco que no fue comprimido también tiene posibilidades de sonar espantoso, pero no hay escapatoria en sentido contrario»

Julio Valdeón Blanco está contento porque Neil Young y su reproductor musical, Pono, parece que van a devolver a la musical digital su sonido original, lo que el mp3 y las grabaciones saturadas nos robaron.

 

 

Una sección de JULIO VALDEÓN BLANCO.

 

 

A Neil Young, hombre inquieto, hace tiempo que le duele la miserable calidad con la que escuchas música. Dice sentirse injuriado cuando tiene ocasión de comprobar la masacre del rango dinámico en la era de la compresión. Queremos comodidad. A cambio escuchamos discos capados y en equipos penosos. Como sea, Young anunció hace tiempo Pono. Y acaba de confirmar, mediante Facebook, la fecha de salida. El artilugio color zanahoria, dice, permitirá escuchar canciones sin mordiscos de información. EFE EME dio hace unos días su comunicado, pero azuza tanto mis glándulas salivares que tengo que reproducir esto: “La manera más simple de describir lo que hemos conseguido es que hemos liberado la música del artista del archivo digital y hemos restaurado su calidad artística original, tal como era en el estudio. Por lo tanto, tiene su fuerza originaria. Oír Pono por primera vez es como la primera explosión de luz cuando sales de un cine en un día soleado. Te lleva un segundo ajustar. Entonces te introduces en una realidad brillante, de detalles maravillosamente entregados”. El equipo de Young habría alcanzado un acuerdo con Warner para acceder a su catálogo y estaría negociando con Universal y Sony. Cintas originales o grabaciones remasterizadas que no hieden, masacradas, al digitalizarlas.

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Obviamente Pono no repara la compresión de fábrica. No hablo de los archivos al pasar a mp3 sino de la practicada en los masters, relacionada con la superstición de que los discos venderán más si suenan más alto. Un chiste viejo, tanto como la industria, pero potenciado desde principios de los noventa, al saltar del disco medianamente saturado al cemento. Como explican en «Metal-Fi», un disco que no fue comprimido también tiene posibilidades de sonar espantoso, pero no hay escapatoria en sentido contrario. Saturación y vómito caminan juntas. No faltan organizaciones, tipo Turn up the Volume, empeñadas en algo tan aparentemente dadaísta como valorar la inteligencia del consumidor. Alguien que desearía que su música suene bien. Un consumidor, para entendernos, que sabe darle al dichoso botón para subir el volumen y no necesita que otros lo hagan en su lugar.

Dudo que esto importe a quienes piratean a destajo, hambrientos de ampliar los confines de su biblioteca con independencia de que el tesoro capturado sea un cutre remedo del original. Sordos tanto ante la copia encanijada como ante el master planchado con napalm. Asunto distinto es que pertenezcas al risible club de quienes consideran honorable retribuir el arte de los trabajadores cuyos productos disfrutas. O si todavía escuchas música en algo más digno que un teléfono. Porque entonces mereces lo contrario a escupitajos tipo «Magic» (Bruce Springsteen) o «Death magnetic» (Metallica), ejemplos ambos de penosa saturación. O limpian de cemento sus respectivos masters o por, mucho Pono que Young ponga en su vida, seguirán siendo infumables.

Anterior entrega de Un gusano en la gran manzana: La princesa está triste.

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