“Slanted and enchanted”, de Pavement

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

 

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“Hay elementos de aquí y de allá, pero la mezcla es tan personal, todo parece tan casual que el resultado brilla con luz propia y con una sola denominación de origen: la de Pavement”

 

Retrocedemos un par de décadas para encontrarnos con el debut discográfico de Pavement, una banda californiana con muchos referentes, pero con una marca propia. Por Fernando Ballesteros.

 

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Pavement
«Slanted and enchanted»
MATADOR, 1992

 


Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

Ahora que Car Seat Headrest, el invento de ese geniecillo que es Will Toledo, ha firmado uno de los discos del curso después de echar unos cuantos vistazos al manual que Pavement escribieron hace ya más de dos décadas, es un buen momento para quitarle el polvo a nuestra copia de «Slanted and enchanted» y volver a refrescar los motivos por los que aquel disco de debut fue algo tan grande.

De entrada, el álbum apareció en un contexto en el que un sector, vamos a decir underground, había dejado de serlo para pasar a copar las listas de éxitos con la tropa de Seattle a la cabeza. En esa situación, los chicos de Stephen Malkmus aparecían como la alternativa a la alternativa, algo que ellos se encargaban de recordar en cada entrevista, marcando distancias respecto a aquellos compañeros generacionales con los que decían tener poco que ver.

Lo suyo era otra cosa. Pavement fue un grupo que labró su reconocimiento en aquellos primeros tiempos a base del aplauso de «los otros medios». Al fin y al cabo, estábamos a principios de los noventa, años en los que aún te hacías un nombre triunfando en las radios universitarias, antes de pasar a ligas mayores. Y eso es lo que hicieron Pavement, que entre finales del 90 y comienzos del 91 dieron forma a un disco inolvidable en diez días. El escenario de aquellas sesiones fue el estudio del batería Gary Young, un tipo bastante mayor que el resto de la banda, todo un personaje al que el adjetivo “excéntrico” se le quedaría muy corto.

El modo de hacerlo fue lo más lejano a lo que podríamos entender por profesionalidad. Grababan canciones que casi no habían ensayado, improvisaban, interrumpían el trabajo, bebían, descansaban y volvían a trabajar… y a beber. Términos como lo–fi y amateur cuadran bastante bien con lo que hacían los de Stockton.

Sus referentes estaban claros: nombres como The Fall aparecían en cada reseña de una crítica que les adoraba. Había muchos otros, pero destacaban la frescura, la originalidad y la cara dura de unos tíos que estaban muy lejos de ser conscientes de que estaban creando algo genial y que iba a redefinir la escena para siempre. Porque este disco y este grupo se iban a convertir en referencia desde el mismo momento en el que la obra llegó a las tiendas. Y a pesar de su falta de pretensiones y de que su sentido del humor tan surrealista podría indicar que no se tomaban nada en serio, seleccionar las catorce canciones y secuenciarlas en el orden correcto, les llevó una eternidad. Tanto, que la cosa se fue retrasando y el álbum no vio la luz hasta 1992.

La jugada les salió redonda. El comienzo con ‘Summer Babe (Winter version)’ y esa marea de guitarras sobre las que emerge la voz de un casi indolente Stephen Malkmus, que solo cuando se acerca al final del tema parece despertar su vena más fiera, está muy cerca de representar a la perfección lo que aquí nos encontramos, si es que nos tuvieramos que quedar con una sola canción.

 

 

‘Trigger cut/Wounded–kite At :17’ es melodía pop –casi– convencional a las puertas de la explosión de ‘No life singed her’ al más puro estilo Pixies, cuya sombra no se desaparece en ‘In the mouth a desert’. Pero me había propuesto huir de referencias porque lo que destaca aquí sobremanera es la originalidad. Sí, hay elementos de aquí y de allá, pero la mezcla es tan personal, todo parece tan casual aunque no lo sea que el resultado brilla con luz propia y con una sola denominación de origen: la de Pavement. Una marca capaz de conducirte por la calma de la velvetiana ‘Zurich is stained’, pasar por la ruidista ‘Chesley’s little wrists’, hacer escala en la guitarrera y sensible ‘Loretta’s scars’ y dejarte con la emoción desnuda y preciosista de ‘Here’.

 

 

Todo en aquellos Pavement era tan excitante que a la altura de ‘Two states’ nos encontrábamos con algo así como un glam sin aditivos y con toda la crudeza de la que eran capaces de hacer gala. En todo caso, un aperitivo antes de la llegada de la adictiva ‘Perfume-V’ y su estribillo irresistible.

 

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: “Dub housing” (1978), de Pere Ubu.

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