Lady Gaga, Bradley Cooper y el triunfo triunfito del musical en Gran Vía

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COMBUSTIONES

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«Lo de Gaga y su socio fue una actuación prototípica de pianista de bar y animadora de cruceros»

Desde Nueva York, Julio Valdeón centra su columna del domingo en un momento de los Premios Oscar: la interpretación que hicieron Lady Gaga y Bradley Cooper de “Shallow”, pieza de la banda sonora de la película Ha nacido una estrella.


Una sección de JULIO VALDEÓN.


Juro que a veces no entiendo nada. Días de suspirar pasmado cuando alguien escribe que Lady Gaga y Bradley Cooper estuvieron imperiales durante la ceremonia de los Premios Oscar. Ese momentazo Shallow que tuvo a los fans y los medios enredados en ditirambos dignos de una grabación inédita de Ella Fitzgerald a dúo con Louis Armstrong cuando tenían veinte años. Lo de Gaga y su socio fue una actuación prototípica de pianista de bar y animadora de cruceros. O, siendo generosos, el tipo de cosas que cantan y cuentan los profesionales de Broadway.

Una cosita medida y al mismo tiempo excesiva. Que pasa por algo más que un truco más o menos decente solo porque hay gente convencida que un Risto Mejido es el sucesor de Oriana Fallaci (y no el sádico que hizo fortuna mediante la humillación diaria de unos pobres aspirantes a estrella mundial del karaoke). Disculpar la mediocridad de los oscarizados cantores porque da todo un poco igual y a fin de cuentas el gusto es libre me parece tan legítimo como miope y, sobre todo, injusto. Vale que ganen premios de la industria y que arrasen en taquilla. Pero no nos pidan también que aplaudamos cuando los vocalistas más tópicos y los compositores más mediocres toman el centro de la pista al ritmo que marca la enésima reinvención de la melaza, la cursilería y la puñetera canción melódica.

Escuchas a los agraciados, contemplas sus caritas arrobadas, lees los elogios y resulta imposible no recordar las operaciones triunfo en todas sus putrefactas variantes. Concursos de telerrealidad donde los candidatos a vedette o estrella de las fiestas patronales han sido educados, pulidos, mullidos y castrados por mediocres institutrices del un, dos, tres, responda otra vez y remilgados coreógrafos de musical en Gran Vía. Tanto internet, tanto Youtube, tanto Spotify, tanto acceso ilimitado a los tesoros musicales de la historia, tanta generación sobradamente preparada, tanto compartir contenidos culturales mientras la industria se iba al carajo para recuperar los usos de una Barbra Streisand de cuarta o un sosias de Luis Miguel en unas Vegas de cartón piedra.

Anterior entrega de Combustiones: Juan de Pablos, estrella a su pesar.

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