Tequila: Como si no se hubiesen separado nunca

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«En el escenario, cuando se apagan las luces, es como si llegáramos a un acuerdo en que el tiempo no existe»

 

Con motivo del disco en directo Adiós, Tequila!, Ariel Rot y Alejo Stivel han vuelto a los escenarios para brindar por última vez. África Egido entrevista a Stivel para hablar sobre el pasado y el presente de la legendaria banda.

 

Texto: ÁFRICA EGIDO.
Fotos: JUAN PÉREZ FAJARDO.

 

Tequila ha regresado para tomar un último trago con su público y grabar un disco en directo, Adiós, Tequila!, en el que registra su show para la posteridad. De los viejos Tequila solo quedan Ariel Rot y Alejo Stivel (Julián Infante y Manolo Iglesias fallecieron, y Felipe Lipe hace años decidió desvincularse de cualquier reunión). Sin embargo, los argentinos han logrado resucitar ¾y actualizar¾ la orgía tequilera con la brillante aportación de las guitarras de Julián Kanevsky, los teclados de Luis Prado, la batería de Chilo y el bajo de David Salvador.

Alejo Stivel nos recibe en una cafetería de Madrid para hablar del pasado de Tequila, del presente y… ¿del futuro? Él se toma su tiempo para responder a cada pregunta y, a menudo, mira pensativo por la ventana. Como si en la calle, entre la gente que regresa a casa al caer el día, hallase algunas respuestas. Tal vez por eso, es sencillo que la conversación vire hacia la reflexión, y que los miedos, las inquietudes y los anhelos se abran hueco entre Chuck Berry, el origen del rock, la existencia del karma o las bondades de la inocencia. De todo ello charlamos con Stivel una tarde de febrero de este 2019. El año en que Tequila, ahora sí, realizó sus últimos brindis.

 

 

Enhorabuena, Alejo. A veces se editan discos en directo con un sonido poco cuidado, como si la emoción del directo fuera suficiente para sostener la escucha. Pero este Adiós, Tequila! hace justicia a vuestro sonido.
En vivo sonamos muy bien. Tequila siempre sonó muy bien en vivo, incluso cuando teníamos 18 años. A veces nos decían: «Oye, ¿estáis tocando en playback?», porque sonaba como un disco. Ahora con los años tocamos mejor, estamos mejor y tenemos unos técnicos que hacen muy bien su trabajo. Si no hubiese sonado así de bien, me hubiese preocupado. Sonido, imagen, el pack… Estoy contento.

 

Grabasteis el disco en directo en el Wizink Center. Imagino que tocar en Madrid, grabar audio y vídeo, y la emoción de una despedida eran factores que podían sumar tensión al concierto. ¿Cómo lo viviste?
Era delicado. Tocar en Madrid tiene mucha más exigencia que un concierto en cualquier otro lado. Vienen todos tus amigos, los medios… Por un lado, el Wizink Center es un lugar que impone. Por otro, estás grabando en vídeo, y dices: esto que estoy haciendo queda de por vida y tiene que salir muy bien. Además, están los invitados, que son gente muy exitosa y con los que habíamos ensayado solo una vez un día antes. Y ya, como guinda final, veníamos tocando muchos conciertos, pero en este el repertorio era diferente, había canciones que nunca tocamos. Todas esas cosas jugaban en contra para la magia, la inspiración, el relax y la conexión. Yo sí que estaba bastante nervioso, pero a pesar de todo… no sé (piensa). Tengo ahí alguna válvula que me salva, y que junto con los nervios, la exigencia y la emoción, pude disfrutarlo. Por suerte, no sé cómo hice, pero la pasé bien.

 

Todo se ve y se escucha tan fluido que da la sensación de que estaba tremendamente armado.
Sí, y en cambio estaba cero armado. Porque solo ensayamos ese formato un día.

 

Ahí se muestra la profesionalidad, que aun sin estarlo, todo funcione de una manera muy orgánica.
También los años te dan cierta sabiduría que te permite que la cosa salga más fluida. Yo me considero todavía un principiante. Hace relativamente poco que me volví a subir a un escenario después de muchos años. Siento todavía, y eso es para bien. Pero en algún puntito sí que juega en contra el hecho de no llevar cuarenta años encima de un escenario como todos mis coetáneos.

 

Imagino que ese respeto al escenario empezaría a desaparecer en 2008 con aquella primera reunión y gira de Tequila.
Sí, porque después de eso seguí tocando con mi banda. Pero todavía había cosas por las cuales no pasé, como grabar un disco en vivo. Todos los de la banda, incluido Ariel, han grabado varios discos en vivo, no han parado nunca. Eso sí que lo noto, pero para bien, porque me da una frescura y una inocencia que supongo que hubiera perdido en gran parte, pero que me sale muy natural. Todavía estoy inquieto, nervioso, no sé qué va a pasar. Y eso juega a favor del show y de la frescura.

 

Cuando las bandas vuelven tras tanto tiempo, les rodea algo de escepticismo, por si fueran un juguete roto fingiendo que el tiempo no ha pasado. Sin embargo, la crítica es unánime con vosotros: sois unos Tequila que no vuelven al pasado, sino que invitan a conectar con su música desde el presente.
Sí, yo lo siento totalmente así. Creo que el show que tenemos es muy poderoso, muy vivo. Y que las canciones, a pesar de que llevan muchos años compuestas, no crean un show de nostalgia, aunque la nostalgia sea también uno de los ingredientes. Estamos muy vivos, la banda es brutal, yo me siento muy cómodo en el escenario, conecto y siento eso que dices tú. No recuerdo las críticas, pero sí, creo que es como si no nos hubiésemos separado nunca. Estamos haciendo lo que está ocurriendo ahí en ese momento, y está vivo. No es una escenificación de algo que murió y que estás ahí como «haciendo que…».

 

Se nota también en el sonido. Sin perder vuestra esencia, habéis incorporado nuevos recursos, como la aportación en los teclados de Luis Prado. ¿Queríais decir: somos Tequila, sí, pero estamos en el siglo XXI?
Sí, los Tequila 2.0. (Ríe). Sí, incluso nos pasa con «Yo quería ser normal», que es la primera canción nueva que hacemos en 35 años. La compusimos y la grabamos sin saber qué iba a salir. Y salió eso. Nuestra esencia está ahí, es una canción de Tequila pero con cositas que indican que está hecha ahora. No sé si esa canción se podría haber hecho en la primera época de Tequila.

 

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«Fuimos una buena banda, aportamos mucho a la escena y a la historia de la música, del rock de este país»

 

Con 18 o 20 años supongo que viviríais los conciertos con la emoción desbordada. ¿Qué diferencia hay con la forma en que vives los conciertos ahora?
Poca. Yo lo viví con la misma intensidad que cuando salía en el Parque de Atracciones a los 18 años. Me acuerdo de aquel primer día, que miré por el agujerito antes de salir, vi toda esa gente y dije: «¡Guau, me voy a mi casa!» (Ríe). Aquí antes de salir tuve un poquito de ganas de irme a mi casa, y creo que eso es bueno. Cuando ya dices «buah, esto es otro más, me ha pasado mil veces», quizá hay que tirar de otro recurso. Yo tenía esa inquietud, esa intensidad emocional que dices. ¡La tenía!

 

Los invitados en este concierto tienen un punto de influencia tequilera, pero creo que la elección fue más personal. ¿Por qué ellos?
No fue una decisión marketiniana, que respeto perfectamente eso de «quedemos con este que nos puede hacer vender más discos». Somos colegas, gente con la cual vivimos. A Fito lo vemos menos porque vive en otra ciudad, pero Tarque es como mi hermano. Voy a su casa a cada rato, él viene a la mía, convivimos muchas veces, yo le produje discos, él sube a cantar conmigo y yo subo a cantar con M Clan. Con Leiva, lo mismo. Con Juancho no había ocurrido, pero es tan buena gente, tan simpático, tan buen músico que… Es totalmente natural.

 

Fito parecía el sexto Tequila. Generó un momento maravilloso en el clima del concierto.
Fito es un figura. Es alguien tan especial… Como artista no voy a descubrir nada nuevo. Ya saben millones de personas lo que él puede transmitir en un disco o en un concierto. Pero como persona es un pan, te lo quieres llevar a casa y ponerlo en la estantería.

 

Precisamente Fito, cuando desmontó Platero y Tú, tuvo que explicar a menudo por qué ya no se identificaba con algunas de sus viejas canciones. ¿Cómo hacéis vosotros para conectar con temas tan alejados de vuestras vivencias actuales como «Ya soy mayor» o «Me voy de casa»?
Sí, ahora nos vamos de casa, pero porque los hijos nos echan (risas). Chuck Berry tenía 90 años y cantaba «Sweet little sixteen», y los Beach Boys cantan «Surfin’ USA» y hace que no se suben a una tabla… ni siquiera si está en la arena. Cuando ocurre un concierto es como una convención, donde todos firmamos un pacto antes de empezar. Cuando se apagan las luces, es como si llegáramos a un acuerdo en que el tiempo no existe. Yo mismo me voy a conciertos de alguna banda que me gusta mucho y durante el concierto, de repente, salto, canto, bailo… y es algo que no hago cuando voy al ultramarinos a comprar comida. Lo que hago en el escenario es un acting. Saco una parte de mí mismo que no es la que sale cuando voy a cenar con mis amigos. También hay algo de eso, de atemporalidad, de que la cronología desaparece y todos convenimos que estamos en un momento sin tiempo, en un lugar donde se olvidan muchas cosas, donde todo se congeló y no tenemos edad.

 

Entonces, ¿las letras no os atan a un lugar determinado ni a un tiempo determinado?
Una letra de una canción no deja de ser una fotografía de un momento, que es cuando tú hiciste eso y estás reproduciendo esa fotografía. No necesariamente te está pasando. Tú tienes que sentir como que te está pasando. Estás actuando.

 

Tu despedida con Ariel en la última imagen del DVD es sencilla pero conmovedora. ¿Te emocionaste al ver la grabación?
Nunca vi el DVD del tirón, porque teníamos que ir chequeando, íbamos viendo trozos. Fue un proceso que te enfría un poco, no estás con las palomitas y lo ves entero. La emoción la sentí el día del concierto. Más que nada en momentos no aparentemente emotivos, pero por alguna razón me emocionaban. Me pasó en «Ya soy mayor», en todo un speech que hago justo antes de que termine la canción, ahí se me cortó un poco la voz. Hubo momentos muy emocionantes.

 

Esos momentos los viviste tú, pero esa emoción parece que se transmitió al público.
Antes hablábamos de los actores. Yo soy hijo de actores. Mi madre es profesora de actuación, y mi padre director de teatro, de televisión y de cine, con lo cual tengo mucha cercanía con el tema de la actuación. Nunca actué de otro, actué de mí. Pero el actor tiene que ser capaz de emocionar sin emocionarse. Tiene que tener una distancia, no puede dejar que el personaje le invada. Tiene que emocionar al espectador, pero no puede perder su centro, nunca.

 

¿Pero puedes evitar conmoverte?
Estoy en contacto con esa emoción, pero no me desborda.

 

Tequila es una banda muy respetada por músicos, prensa y público, y esa unanimidad no es habitual cuando se trata de un fenómeno de masas. ¿Por qué crees que ha sido así?
Yo creo que por vejez (ríe). Por antigüedad.

 

No a todos los músicos, por veteranos que sean, se les respeta…
No está bien que lo diga yo, pero creo que fuimos una buena banda y que aportamos mucho a la escena y a la historia de la música, del rock de este país. En mi boca quizá eso suena un poco pedante, por eso no debería decirlo yo. Pero me parece lógico que haya ese respeto.

 

Como comentabas antes, habéis compuesto un tema nuevo tres décadas después, «Yo quería ser normal», incluida en la BSO de «Súper López». ¿Cómo ha sido volver a componer con Ariel?
Componer solo es complicado, y dos personas, más. Es una actividad bastante íntima donde hay que ser capaz de poner muchas ideas en la mesa que no sirvan, y que al final sean ridículas, para tirarlas a la basura. Hay que tener una libertad, una comodidad y una fluidez que normalmente es difícil, o se da con alguien con quien estás muy en sintonía. Costó lo que puede costar componer una canción. A mí me encanta cómo quedó, a Ariel también, a la gente le gustó mucho. Yo creo que está buena.

 

¿Os ha picado el gusanillo de componer algo más juntos?
Dentro del proyecto Tequila, la palabra «adiós» quiere decir que nos despedimos de verdad. Después, cada uno seguirá componiendo para sí mismo, para sus discos y sus conciertos. Yo también llevaba mucho tiempo sin componer, quitando el disco que hice.

 

¿Fue más duro componer tu disco en solitario, Yo era un animal?
Eso fue lo verdaderamente arduo, porque ahí sí que llevaba muchos años sin componer. Había perdido totalmente el oficio, y eso me jugó muy en contra en el proceso, porque sufrí mucho, pero me jugó a favor en el resultado. Porque creo que las canciones que hice tienen más frescura que si hubiese seguido componiendo estos años. A veces el oficio se pone por encima de la inspiración. Y algunas veces escuchas canciones de artistas que admiras mucho y que han hecho cosas geniales, y piensas: está todo bien, pero noto más oficio que pasión. Si de algo no voy es sobrado en la parte de la composición, y creo que eso también le da un punch.

 

Creo que ese sufrimiento al componer se te agudiza más al escribir las letras que al crear la música. ¿Por qué?
En las letras es donde más tienes que exponerte, desnudarte. La música, en cierto modo, es algo más natural. Quizá al Langui le salen más fáciles las letras, pero a mí me cuestan mucho. El tema sobre el que hablar, cómo tratarlo, qué palabras… Me pongo más autocrítico, miro más con lupa las letras. Es un lugar de exposición más grande y eso me hace pasarlo mal.

 

Volviendo a Tequila, habéis dicho que apostabais por la sencillez, por el «es solo rock and roll pero me gusta» de los Stones, pero la banda experimentaba. Hay algún tema que juguetea con el rock sinfónico, hay ska, reggae, guiños a la música disco y…
¡Hicimos el primer ska y el primer reggae en español!

 

Exacto, y aunque esta pregunta es difícil de contestar, ¿alguna vez has pensado hasta dónde podría haber llegado Tequila dadas sus inquietudes por innovar?
Sí, ¡qué sé yo! «El barco» no era un reggae originalmente. La hice porque vine en barco, y le habíamos dado un arreglo medio santanero, pero después escuchamos a Marley y la pasamos a reggae. Con el ska pasó lo mismo. Yo hice un viaje Londres, allí estaba el sello Two Tone, vi a los Selecter, a los Specials… Y después salieron todos los grupos que hacían ska. Sí, la pregunta es imposible contestar. Yo sigo oyendo ese tipo de música, oigo de todo, pero la que más me gusta, la que más me sale o la que más se hacer es rock y sus confluencias, como dicen los partidos políticos (ríe).

 

Habéis explicado a menudo los motivos del fin de Tequila, en los que no es necesario entrar una vez más: el desgaste, las drogas, el mal rollo…
Sí, el mal querer (ríe).

 

¿Pero recordáis a alguien en la industria o alguna decisión que podría haber impedido el fin de Tequila?
No. En lo musical, yo nunca tuve ninguna duda de qué es lo que me gustaba hacer y de por dónde teníamos que tirar. Yo hubiese seguido un camino natural. La separación fue más personal que musical.

 

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«Dentro del proyecto Tequila, la palabra «adiós» quiere decir que nos despedimos de verdad»

 

Cuando llegasteis Ariel y tú a Madrid, como se ha dicho a menudo, España vivía una época gris musicalmente hablando…
Sí, Diego Manrique dijo que «España era en blanco y negro y Tequila trajo el color».

 

¿Seguimos estando en blanco y negro musicalmente? ¿Seguimos varios pasos por detrás?
Creo que España y países como Francia, Italia, Alemania, Holanda, Noruega, Bélgica, Suecia… estamos detrás de Inglaterra y Estados Unidos. Y quizás Australia. Los anglosajones nos llevan varios cuerpos de distancia, y el que no lo vea así, me parece que es cegato. No quiere decir que no haya cosas buenas e interesantes aquí. Y en Argentina hay cosas fabulosas. Creo que dentro del rock, quizá lo que más se ha acercado al nivel de intensidad, de calidad, de originalidad de los anglosajones –no sé si soy muy objetivo– es Charly García. Me parece que es el rockero que más puede competir en las grandes ligas. Pero está claro que no es España. Todos los países somos periferia de la cultura anglosajona. Y pasa lo mismo con la televisión, con las películas.

 

¿El error es competir en su sonido y no apostar por el nuestro, el de nuestra música popular?
Yo creo que hay cosas que se han trabajado en la música popular de aquí. El rock and roll tampoco está basado en la música popular americana. Es un lenguaje que ellos inventaron. Y bueno, los que hacemos rock and roll nos apropiamos de un lenguaje de Estados Unidos. Los ingleses también se apropiaron, porque no es suyo, pero por afinidad lingüística se lo apropiaron, lo potenciaron y lo mejoraron en algunos casos. Nosotros lo hacemos con la mayor dignidad que podemos, que a veces es mucha, porque hay gente muy buena. Pero, si somos sinceros, no hay ningún Jimi Hendrix, ningún Led Zeppelin, ni Rolling Stones, ni Bob Dylan en nuestra cultura. Hacemos lo que podemos con mucho cariño y conectamos con la gente de aquí por una cuestión de idioma, de temática y de historia personal.

 

Con Tequila llegasteis al sitio adecuado en el momento adecuado, quizá si hubieseis llegado después, cuando hubo una explosión de bandas que…
Tampoco sabemos si hubiesen surgido esas bandas si no hubiese estado antes Tequila. Quizá si hubiésemos llegado a ese sitio adecuado en ese momento adecuado con otras canciones no hubiese funcionado. Lo más importante eran las canciones, que conectaban con la gente. Las canciones son las que te llevan, las que traspasan. Obviamente la coyuntura o el momento hace que se potencie o disminuya el efecto. Pero, por supuesto era el momento adecuado, el lugar adecuado y las canciones adecuadas.

 

Lo que quería decir es que Tequila sumó a su calidad el momento propicio. Y algo parecido te ocurrió como productor después. Hubo unos años en los que parecías tener una varita mágica: todo lo que pasaba por la producción de Alejo Stivel funcionaba. ¿Cuál era el secreto?
Como productor, creo que lo que pasaba era que yo estaba en sintonía con el gusto popular. Que como yo veía la música, también le sonaba apetecible o interesante a la mayoría de la gente. Eso es lo que yo creo, la explicación de por qué tantos aciertos. Porque yo, como músico y como productor, siempre me he sentido muy oyente. Nunca me sentí como un tipo preparado y profesional de aquello a lo que me dedico, sino aficionado.

 

¿Te refieres a que más que oficio tenías una especie de sensibilidad natural?
Sí, porque muchas veces me he sentido más del lado del oyente que del profesional. Muchas veces he tenido la visión de por dónde tenía que ir esa canción o ese disco y, de repente, otros músicos lo veían diferente. Ellos lo veían más mirándose a sí mismos, mirando la música por encima de la sensación general, que es lo que tiene un oyente. Yo me he sentido siempre con la sensibilidad del aficionado, del oyente, y no de un profesional. Me considero un amateur todavía en este trabajo.

 

Naciste amateur y…
¡Moriré amateur! (Ríe)

 

Entonces, ¿no podemos decir que Alejo sea un profesional de la música?
Me considero un infiltrado. Soy un espectador, un oyente, un fan de la música infiltrado en la industria musical.

 

¿Te sientes bien tratado por la vida? Alguna vez has dicho que la vida te debía una y que con Tequila y tu carrera como productor, se te había devuelto.
Sí, no sé cómo lleva la vida la contabilidad de debe y haber. Pero sí siento que hubo momentos en que la vida fue un poco dura. No creo en esa justicia divina donde todo lo que te da te lo quita, que hay un balance y todo al final queda a cero. Creo que hay gente que acaba muy a favor y gente que termina muy en contra. Viví un momento de exilio, muerte de gente muy cercana, abandonar tu país y llegar a un lugar donde no conoces a nadie, todo eso en la adolescencia, que es un momento ya difícil de por sí. A partir de ahí, en algún momento puede que sintiese que la vida o alguien había dicho: “Vamos a darle a este una compensación” (sonríe). No sé quién pediría esa recompensa por mí, pero si me lo encuentro algún día por la calle, me gustaría reconocerlo para agradecérselo.

 

Has tardado tres décadas en sacar este disco en solitario. En tantos años de productor, rodeado de creación, ¿nunca tuviste tentaciones de componer o de volver al escenario?
Había gente que me decía: «Cántate una parte». Salvo con M Clan, que canté con ellos «Usar y tirar», del primer disco que les produje, y alguna que vez hice coros, nunca quise cantar. Recuerdo que cuando presentaron el disco en La Riviera me dijeron: «Saldrás a cantar». Y dije: «No, no, no». Tenía pánico escénico. Y vino alguien de su oficina a la zona vip de La Riviera, me cogió y me llevó. ¡Yo resistiéndome! Me llevó a la fuerza y me empujó al escenario, y canté acojonado.

 

¿Y después de ese momento, de sentir de nuevo la adrenalina del escenario, no quisiste volver?
No. Lo pasé mal. Tenía pánico escénico. Por otro lado, yo tenía una actividad bastante frenética como productor y me distraía mucho con mi actividad. Terminaba un disco, empezaba otro y así estuve muchos años. Incluso cuando los terminaba seguía un poco la vida a nivel de marketing con las compañías. No tenía mucho tiempo para pensar en otra cosa que no fuera lo que estaba haciendo. Hice más de doscientos discos. Pero además es que me resultaba incómodo, tenía ese pánico escénico. Un día me dieron un premio, tuve que subir a recogerlo y lo pasé como el culo.

 

¿Hasta ese punto llegó tu bloqueo en el escenario?
Sí, increíble. Por eso creo que decidí volver a cantar, porque dije: no puede ser que yo esté tan trabado con el escenario. No daba ninguna entrevista durante años. Hice una auto-inmersión a conciencia. Y en un momento pensé: “Tengo que quitarme esa espina. Tengo que volver”. Pero imagínate el calvario desde que lo decidí hasta que subí a un escenario. Lo pasé muy mal.

 

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«Me considero un infiltrado. Soy un espectador, un oyente, un fan de la música infiltrado en la industria musical»

 

En alguna ocasión has dicho que el éxito era algo absurdo y…
Sí, ¡maldita hemeroteca! (Ríe)

 

Imagino que te referías a esa parte fugaz y vacía de la fama. Tú has vivido estar arriba, abajo, el triunfo, la fama, la derrota… ¿Qué es ahora el éxito para ti?
El éxito es algo totalmente sobrevalorado como se entiende normalmente. Porque el éxito no da la felicidad. Yo creo que el éxito después de todos estos años es que lleve toda mi vida dedicado a hacer lo que me gusta. Ningún día fui a trabajar. Yo creo que el éxito es hacer lo que te gusta y pagar tus cuentas, pagar tu alquiler o tu hipoteca, tus gastos, unas vacaciones…

 

¿Te queda algo pendiente en tu vida profesional? Porque actor has dicho que no vas a ser y…
¡Bueno, nunca digas de este agua no beberé! Que si me llama alguien para hacer un papel, igual… (sonríe).

 

¿Escribirías, por ejemplo, un libro sobre Tequila?
Sobre Tequila no, pero tengo un amigo que es un escritor importante de este país, periodista y editor, que quiere escribir un libro conmigo sobre mi historia, así que supongo que eso es posible. Este año o el que viene creo que lo vamos a hacer. Lo venimos retrasando tres o cuatro años, pero creo que tengo una historia que contar. Pero fíjate, hacer un disco de solista, de canciones propias, era la primera vez que lo hacía y lo hice el año pasado. O sea que hasta el año pasado, con mi edad, he hecho algo que no había hecho nunca. Así que… sí, no me extrañaría hacer alguna otra cosa.

 

¿Qué otras cosas te gustaría hacer?
Me gustaría dirigir alguna película. Me gustaría… (piensa) producirle un disco a Serrat. Ya se me ocurrirán algunas otras. Me gustaría hacer un programa de radio o un programa de televisión.

 

Ahora que has abierto el grifo de la escritura y ha pasado el calvario inicial, ¿sigues escribiendo para futuros discos?
Escribo frases. No me he sentado a escribir una canción como se debe. Tengo ideas, frases… Cuando me siente ya tendré algo ahí como para escarbar.

 

¿Crees que ahora fluirás más?
Creo que todavía tocará sufrir (ríe). Tengo amigos que siguen componiendo y todavía, incluso con los años, cuando llega ese momento en que te sientas con el papel en blanco…

 

¿No desaparece ese calvario?
En general el proceso creativo es arduo. Suele serlo. Hay gente que lo hace más fluido. Por ejemplo, Sabina, que lo considero de los mejores compositores de habla hispana, tiene una facilidad muy grande. En cinco minutos te hace una canción buenísima. Pero después se tira horas afinando. Horas. Esta palabrita, esta otra aquí… La primera valdría, ¡la que hace en cinco minutos ya es buenísima! Pero luego se puede tirar días, horas ajustando. Pero bueno… No sé si sufre.

 

¿Qué ocurrirá en los próximos meses con Tequila?
Tenemos todo el año de gira. Tenemos «Adiós, Tequila Tour». Vamos a despedirnos de todas las ciudades de España hasta fin de año.

 

¿Es una espinita no haber tocado en Argentina?
Sí, para mí sí. Ariel sí fue a tocar allí, pero yo no existo en Argentina. Mucha gente le sorprende. Tengo un amigo argentino fan de Tequila que dice que somos el eslabón perdido del rock nacional argentino. La gente piensa que allí somos conocimos, pero no.

 

¿Pararás de momento tu carrera en solitario?
No, yo paralelamente sigo haciendo mis conciertos. Cuando pase la fiebre de este disco, que supongo que durará unos meses, seguiré con el mío, que quedó ahí aparcado y seguiré dándolo a conocer, que hay canciones que me encantan y me encantaría que la gente conozca.

 

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