Vidas fugaces: Mitos que desaparecieron en los 90

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Accidentes mortales, asesinatos, suicidios, ahogados, desaparecidos… Sara Morales recoge los casos más sobrecogedores de las jóvenes estrellas que murieron en los 90. Entre ellas, Kurt Cobain, Richey James Edwards o Jeff Buckley.

 

Texto: SARA MORALES.

 

Se fueron demasiado pronto, aunque les dio tiempo a dejar una huella imborrable que continúa marcando los pasos culturales del resto de los mortales todavía hoy. Murieron jóvenes, pero no todos dejaron un bonito cadáver como se dice, pues fueron víctimas de accidentes, asesinatos, sobredosis, enfermedades, suicidios… Y es que, más allá del sobreestimado Club de los 27, el rock and roll esconde entre las páginas de su leyenda una enorme lista de músicos que marcaron un hito histórico por ser pioneros, únicos e irrepetibles pero que desgraciadamente desaparecieron a una edad temprana. Hubo un día en que lo tuvieron todo, el destino parecía prometedor e iluminaba sus carreras, pero resultó que la vida tenía otros planes para ellos. Les recordamos.

 

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Andrew Wood (Mother Love Bone)
Fue uno de los cantantes más venerados del “sonido Seattle” y del inicio del grunge desde mediados de los 80, al frente primero del grupo Malfunkshun, y después y sobre todo de Mother Love Bone. Su adicción a las drogas no le permitió ver en vida la publicación de “Apple”, el álbum debut de esta banda por la que tanto peleó para sacar adelante y de la que se configuraba como el gran líder. El 19 de marzo de 1990, con 24 años, moría a causa de una sobredosis de heroína tras permanecer varios días en coma. Con su marcha se paralizaba el corazón de toda una generación y parecían truncarse los sueños del resto de miembros de Mother Love Bone, aunque no fue del todo así. De los mismos, Stone Gossard (guitarrista) y Jeff Ament (bajista) se negaron a interrumpir sus metas y decidieron montar una nueva banda sin imaginar hasta donde podrían llegar. Ese grupo fue Pearl Jam.

 

 

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Stevie Ray Vaughan
Uno de los guitarristas más valorado de todos los tiempos –en el puesto número 12 de entre los 100 mejores del mundo según Rolling Stone–, de eterno sombrero y cadencia blues. Stevie Ray se codeaba con la plana mayor del rock de aquellos días, de hecho unas horas antes de morir estuvo compartiendo escenario con su hermano mayor Jimmie Vaughan, Eric Clapton, Robert Cray y Buddy Guy. A pesar de su abuso de estupefacientes no fue esto lo que se lo llevó la madrugada del 27 de agosto de 1990, sino un accidente de helicóptero al que subió tras ese bolo para desplazarse hasta Chicago. El aparato se estrelló pocos minutos después de su despegue y fallecieron las cinco personas que iban a bordo. Según las investigaciones, el accidente se produjo por un error del piloto. Stevie Ray tenía 35 años y toda una prometedora carrera por delante.

 

 

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Mia Zapata
Irrepetibles son los textos que dejó escritos para su banda The Gits, una de las más punteras formaciones de punk de Seattle, en la que ella –única mujer del grupo–desarrolló su talento como la letrista y vocalista. Sus convicciones siempre reflejadas en sus palabras y actitud la llevaron a relacionarse con el movimiento riot grrrl feminista, lo que significó para el grupo un camino muy favorable dando el salto desde los bares y clubs de la ciudad a giras por Estados Unidos y algunos países de Europa. Pero la madrugada del 7 de julio de 1993, el cuerpo de Mia -de 27 años de edad- fue encontrado en el barrio de Capitol Hill con signos evidentes de haber sido violada y violentamente asesinada. Tuvieron que pasar diez años para que la Policía esclareciera las circunstancias de su muerte y la identidad del asesino, a través de una muestra de saliva encontrada entonces en el cuerpo sin vida de Mia y sobre la que se había vuelto a trabajar por los nuevos avances en el análisis de ADN. Esta reveló que se trataba de un hombre cubano residente en Seattle, llamado Jesús Mezquía, quien ya acumulaba más delitos de violación y agresión a mujeres.

 

 

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Kurt Cobain
A día de hoy su muerte continúa levantando ampollas entre sus familiares y amigos más cercanos. Y, aunque no son pocos los informes que aseguran que Kurt decidió acabar con su vida de manera voluntaria a los 27 años, la leyenda del asesinato con el foco de la culpabilidad sigue recayendo sobre la viuda rubia, Courtney Love. Desde aquel fatídico 5 de abril de 1994, películas como “Last Days” del director independiente Gus Van Sant y numerosos documentales y escritos, han narrado cómo fueron los últimos días de vida del capo grunge. Depresión, enfermedad, drogas, desfase, desorientación, descontrol, pérdida de identidad, de contacto con la realidad, y un disparo en la cabeza con una escopeta para acabar con todo. Al parecer le dio tiempo a dejar una nota dirigida a su mujer, en la que insistía en el cuidado de la hija que tenían en común –Frances–, y cómo la vida seguiría mejor para ellas sin él. Aquel día la Generación X perdió a su líder, pero nació el mito. Nirvana no habría sido sin Kurt, y la música del siglo XXI no sería sin Nirvana.

 

 

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Kristen Pfaff (Hole)
También tenía 27 años cuando murió, por lo que irremediablemente pasó a formar parte del legendario club. En vida consiguió el reconocimiento popular por ser la bajista de Hole, la banda de Courtney Love, quien la descubrió una noche en uno de los directos con su grupo anterior (Janitor Joe) y enseguida quiso ficharla entre sus filas. Kristen aceptó encantada, se mudó a Seattle para seguir el ritmo de su nueva formación y enseguida comenzó a encajar con su prometedora vida y sus nuevas amistades. Especial fue su relación con Kurt Cobain, con quien compartía inquietudes artísticas y conceptuales, convirtiéndose en buenos y verdaderos amigos. Dicen que Kristen no fue capaz de asimilar la muerte del líder de Nirvana, por eso prácticamente dos meses después (16 de junio de 1994), se suicidó de una sobredosis de heroína en la bañera de su casa. Fue encontrada por un amigo.

 

 

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Richey James Edwards (Manic Street Preachers)
El de Richey es uno de los casos más misteriosos de la historia del rock, todavía sin resolver. El 1 de febrero del año 1995, cuando la banda se encontraba a punto de emprender la gira estadounidense de su tercer álbum –”The Holy Bible”–, él desapareció de su habitación de hotel en Londres y nunca más se volvió a tener noticias suyas. Cierto es que se encontraba atravesando una profunda depresión, motivada en buena parte por su adicción a las drogas, al alcohol y un grave problema de anorexia; tenía 27 años. Desde entonces, su paradero continúa siendo una incógnita, hasta el punto en que ya en noviembre del año 2008 la justicia y la policía británica debieron declararlo muerto. Las investigaciones a lo largo de estos años han rondado en torno a la desaparición voluntaria, pues Richey realizó una serie de movimientos bancarios y logísticos antes de aquel 1 de febrero, que parecen demostrar que podría haber preparado su marcha. A día de hoy todavía existe una importante legión de fans que continúan rindiéndole culto, pues a él le debemos algunas de las canciones más emblemáticas de la banda galesa.

 

 

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Shanon Hoon (Blind Melon)
Desde adolescente estuvo dotado de una carismática personalidad de líder que desempeñó en todas las bandas que fue montando a lo largo de su vida, pero que deslumbró como nunca al frente de su formación más conocida, Blind Melon. A pesar de ser original de Indiana, en 1989 se instaló en Los Ángeles para dar cancha a este grupo con el que empezó a despuntar a raíz de su single “No Rain” (1992), además de codearse con músicos tan influyentes como Axl Rose (Guns n’Roses). Comenzó a llegar el éxito, la publicación de su primer álbum, las giras… Y Shanon acabó cayendo en manos de las drogas. Aunque intentó desintoxicarse en 1995, cuando comenzó el tour del segundo LP de la banda -“Soup”- volvió a recaer. Es precisamente en este disco donde narra, a través de sus canciones, la lucha interna que mantenía desde hacía años con la droga. Murió de sobredosis de cocaína el 21 de Octubre de 1995, a los 28 años.

 

 

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Bradley Nowell (Sublime)
Amante del punk rock desde pequeño, Bradley lideró durante casi una década la banda de ska-reggae que montó junto a unos amigos del barrio, Sublime. Tuvieron gran aceptación durante los años de estudios, tocando en diferentes conciertos y festivales universitarios del sur de California. No tardó en llegar su primera grabación y los primeros contratos con discográficas de renombre que provocaron cierto malestar entre los seguidores de la banda más rigurosos por temor a estar vendiéndose al ente comercial. Con la llegada de su segundo álbum, “Robbin’ the Hood” (1994), llegó también el primer hijo de Bradley; motivo más que suficiente para abandonar su predisposición a los estupefacientes. Sin embargo, el 25 de mayo de 1996 a los 28 años, moría de sobredosis de heroína en la habitación de un motel tras un concierto en Petaluma. El cuerpo fue encontrado junto a su perro, Lou Dog, considerado el icono de la banda, al que solían subir al escenario para ladrar algunos de los estribillos durante los conciertos. Unos meses después de la muerte de Bradley, el grupo se convertiría en un hito mundial con canciones como ‘Santeria’ o ‘The wrong day’.

 

 

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Jeff Buckley
Siguiendo la estela de su padre, Jeff también tenía un trágico final esperándole a la vuelta de la esquina. Había heredado de su progenitor su gusto por el folk rock, pero él consiguió mejorar el legado como músico y cantante virtuoso a pesar de que solo le dio tiempo a demostrarlo en un álbum, el incunable “Grace” de 1994. Tenía problemas psicológicos, incluso se le llegó a diagnosticar bipolaridad; por eso, cuando se encontró su cuerpo ahogado en el río Wolf (Tennessee), cinco días después de aquel 29 de mayo de 1997, muchos especularon con el suicidio. Parece ser que se metió en el río vestido y con las botas puestas, su compañero Keith Foti se quedó en la orilla tocando la guitarra, pero hubo un momento en que levantó la vista y Jeff había desparecido en el agua. Según se ha podido saber, no estaba permitido bañarse en el río, aunque no había carteles que lo indicaran; y en la autopsia se demostró que Jeff no había consumido ni drogas ni alcohol. Tenía 30 años.

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