Wild card: Una pena lo de Teddy

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«No sé si alguien se ha parado a pensar que la SGAE es la primera y única institución de este país que tras el advenimiento democrático fue tomada y controlada por los rockeros, que por otra parte han estado siempre ausentes de la política española y en general de cualquier órgano de control/decisión por voluntad propia»

Estamos de enhorabuena: El gran Darío Vico se reincorpora a EFE EME, y lo hace con «Wild card», una sección en la que habrá opinión, discos y, en general, buena música y sorpresas. Para abrir, la actualidad le ha pillado de pleno: Los asuntos judiciales relacionados con SGAE.


Una sección de DARÍO VICO.


Aunque ya desde el apellido era premonitorio que antes o después alguien iba a recibir su cabeza en una bandeja de plata –en un CD virgen gravado por un canon fatídico, en este caso– es una verdadera pena lo de Teddy. No sé si alguien se ha parado a pensar que la SGAE es la primera y única institución de este país que tras el advenimiento democrático –algo que por otra parte carece de importancia, según el koljós de la Puerta del Sol, aunque eso se sale del tema– fue tomada y controlada por los hombres de las praderas –los rockeros, en la acepción histórica de Gonzalo garcía Pelayo & Smash– que por otra parte han estado siempre ausentes de la política española y en general de cualquier órgano de control/decisión por voluntad propia, que hay que joderse, pero en muchos casos y, sin darse cuenta, ajena.

La progresía española siempre le ha tenido mucha prevención al rock. Con el viejo prejuicio de que los primeros grupos españoles estaban domeñados y pilotados por las discográficas –lo que es cierto en algunos casos, pero no en el de bandas como Lone Star y unos cuantos más, y desde luego no por mucho tiempo como género– el rojerío español se volcó con la canción de autor hasta el punto de despreciar al rock como posible revulsivo para el ideario progresista. Asfalto y Leño nunca sonaron demasiado en los mítines y tampoco es que se lo llevaran muerto en las verbenas de los partidos, y eso que ‘Capitán Trueno’ molaba mil veces más y en el fondo tenía más que ver con lo que pasaba que ‘A cántaros’. En la legendaria fiesta del PCE en Torrelodones, en 1977, creo que no estuvo ningún grupo de rock; Víctor y Ana, los Canzoneri Internazionali… y Concha Velasco como «red celebrity», no en el papel de chica ye-yé. Que pena, porque habría sido histórico ver a alguna de las bandas que se lo habían currado en los tiempos oscuros ante 300.000 personas, pero…

Así que fue una alegría que Teddy y sus chicos entraran en la SGAE. Unos rockeros mandando en algo. A Teddy le entrevisté hará un par de años, una entrevista larguísima, y para mi gusto interesante, en la que pretendía reivindicarle como músico. Como se dice en estos asuntos, «no me la compraron»; no había titulares molones –no sé si pretendían que dijera “los internautas van al infierno’, como si fuera Sherpa– y por lo visto era de interés solo para japoneses y coreanos, que es el único rincón del mundo donde se le sigue considerando una estrella del rock, sobre todo por el totémico “Ciclos”. El caso es que, para darla capada, decidí merendármela. Un año después me la pidieron urgentemente; al parecer Teddy se acordaba de la entrevista, había preguntado por ella y si no se publicaba, no entraba una publi. Qué feo todo, qué manera de hacer las cosas, a la que contribuí, porque la verdad es que al final hice una edición en plan «radiofórmula» sin muchas ganas, para cubrir el expediente. De todo aquello, lo único que recuerdo es a un Teddy como un Espartero reconvertido en Baldomero I, muy anclado en su vieja gloria y convencido –creo que sinceramente– de que todo lo que estaba haciendo era por el bien de la música. Me extrañaría mucho que él personalmente haya intentado lucrarse, pero en fin.

Así que, ahí estamos, hemos fracasado un poco todos. Nos dan –a los hombres de las praderas, me refiero– una institución y la convertimos en el ente más denostado de la historia reciente, sustituyendo a la Guardia Civil –está claro que todo lo relacionado con la vigilancia y la recaudación no casan con el carácter de los españoles– y la Ilustración francesa. Como la noticia decaiga me veo a Teddy esposado por el Barranco de Víznar por ver si puede dar razón del enterramiento de Lorca, porque a este paso cualquiera está dispuesto a creerse cualquier cosa. Pero lo repito, ha sido una pena. Y quizás todo podría haberse prevenido si en aquellos desayunos de la era preinternet en la sede de Alfonso VI, cuando se presentaban en ruedas de prensa llenas de siseñores proyectos faraónicos y todo el mundo asentía esperando, yo qué sé, el próximo viaje a Laponia en Teddy-Air para asistir durante siete días con gastos pagados a la presentación del I Festival de Tanguillos de Vladivostok, alguien hubiera preguntado de dónde salía toda aquella pasta y si no había otra manera de gastársela.

Pero la verdad es que Calamaro, que por una vez ha salido de su secular ensimismamiento para enunciar algo bien alto y claro, y eso ya es más noticia que la propia noticia, tiene razón; más allá del presunto ideólogo de la «solución final» para erradicar el expolio de la música por parte de los internautas, Teddy es un tipo que ha tenido un papel en nuestra música y que no solo ha apoyado los sucesivos Valles de los Reyes que eran muchas de las obras de la SGAE, sino también a artistas de todo pelaje y condición a los que ayudó desde su experiencia, más que como gestor, como músico. Y yo me creo lo que cuenta Calamaro, y lo que seguramente muchos más tengan que contar. Conozco a muchos músicos que no son precisamente «celebritis» a los que el cheque de los derechos les hace un apaño, y por eso también se ha peleado alguien en la SGAE, a lo largo de todos estos años, y quiero creer que sin hombres de las praderas en sus oficinas, algunas cosas buenas tampoco habrían pasado.

OK. La SGAE ha pecado mucho de Stalinismo cultural estos últimos años. Pero, quizás por eso, no dejo de pensar que el mensaje de las asociaciones de internautas, que devuelven a los años en los que a los bluesman se les pagaba un chavo por sus canciones y con eso se les mandaba de vuelta al bar de la plantación algodonera y perdían todo derecho sobre ellas, tiene algo de contrarrevolucionario. Que sí, que te hacen ladrar contra el canon, pero te tienen bien sujeto por un cable.

En cualquier caso, lo que menos me gusta es sentir ese fervor, ese alivio popular y unánime por la detención, por la imagen de Teddy entre policías. No es que entre a juzgar su inocencia o culpabilidad, no, simplemente, no me alegra, no lo comparto, no es una buena noticia que un hombre de las praderas haya acabado así. Ya lo decía el manifiesto del borde; las relaciones con los hombres de las cavernas suntuosas son siempre de sadomasoquismo. Y había que corromperse, sí, pero por el palo de la belleza.

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