Un gusano en la Gran Manzana: Escúchame aullar

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cassandra-wilson-19-03-15

“Billie demostró como pocos que los mejores intérpretes nada tienen que ver con los culturismos vocales y sí, mucho, con la inteligencia para moldear, asimilar y escupir textos y melodías”

 

El directo de Dave Van Rock en el 64, el homenaje a Lady Day a cargo de Cassandra Wilson y el recuerdo a Billie Holiday marcan el “diario” de Julio Valdeón Blanco.

 

 

Una sección de JULIO VALDEÓN BLANCO.

 

 

–15 de marzo

«Hear me howl» («Escúchame aullar») es un directo de Dave Van Ronk grabado en 1964 en la universidad de Indiana. La historia se abría bajo sus pies, con los discípulos entronizados y a punto de explorar nuevos pastos, mientras el bueno de Dave hacía lo posible por retener un ideario ético estético que interesaba menos cada día. La juventud global oteaba los primeros cañonazos de la invasión británica y la propuesta austera y pelín convencional de aquel capitán del Village quedaría orillada. Buena ocasión para recuperar a quien solo sumariamente, líricamente, inspiró la película de los Cohen. Un intérprete descomunal, una garganta feroz y un corazón a portagayola.

 

–17 de marzo

Quiero recordar que Cassandra Wilson actuará en el Apollo en homenaje a Billie Holiday, nacida en Filadelfia un 15 de abril de 1915. Complicado encontrar paralelismos más allá de una etiqueta, jazz, demasiado ancha. Dos intérpretes antagónicas. Incluso la Billie inicial traía un chispeante lujo de cuchillos amartillado al liguero, en las antípodas del inofensivo trotar de la Wilson, incapaz de sellar canciones sin ese exhibicionismo tan suyo, pura languidez, plástico puro. Si quieren llorar a la vocalista suprema, que limpiaba a sus músicos en timbas infinitas, sentía un cuelgue kamikaze por los chulos y rellenaba con ginebra el dispensador de agua del estudio hay que volver a las grabaciones para Columbia, Decca, Commodore, Verve, etc. A Cassandra Wilson, profesional del bonsái, la dejaremos con sus prestigiosas y vacuas floriculturas.

De alguna forma, y esto no ha sucedido solo con el jazz o el blues, aunque repito que nombrar esos géneros y escribir Casandra Wilson resulte excesivo, el paso por los conservatorios, el abandono de los guetos, el maldito crossover y las producciones como de vajilla muy cara o exclusiva boutique han transformado esas músicas en elegantes jarrones aptos para decorar anuncios de Audi. De lo que sí estoy seguro es que Billie demostró como pocos que los mejores intérpretes nada tienen  que ver con los culturismos vocales y sí, mucho, con la inteligencia para moldear, asimilar y escupir textos y melodías, o sea, con esa cosita entre esotérica y verdadera que puedes llamar arte o duende, verdad o tronío. También a ella, como a Tía Anica la Piriñaca, cuando cantaba a gusto la boca le sabía a sangre.

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