Trilogy (1980), de Frank Sinatra

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OPERACIÓN RESCATE

«Un arriesgado trabajo que muchos no entendieron en su momento, y cuyo tercio final resulta hoy una esperpéntica excentricidad»

 

En 1980, Frank Sinatra acometió un triple álbum con idea de despedirse discográficamente por todo lo alto. Ni fue el último, ni del todo entendido, pero sí conserva algún hit imbatible de su repertorio. Lo recupera Javier Márquez Sánchez.

 

 

Frank Sinatra
Trilogy
REPRISE, 1980

 

Texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.

 

Los años setenta fueron una época peculiar para Frank Sinatra. En 1971 anunciaba a bombo y platillo su retirada del negocio, jubilación que apenas duró dos años, para regresar a las tiendas en 1973 con el simpático Ol’blue eyes is back. Al año siguiente combinaba otro trabajo de estudio, el olvidable Some nice things I’ve missed, con un directo legendario de título a la medida del ego del artista, The main event: live, grabado en directo en el Madison Square Garden. Aquel concierto sí que parecía una despedida, tanto por la proyección del evento en sí (y el propio repertorio del show) como por el largo silencio discográfico que le siguió.

Pero lejos de estar inactivo, durante los siguientes seis años Frank Sinatra se dedicó a recorrer mundo ofreciendo conciertos, desde Santo Domingo a El Cairo, pasando por estancias varias en Las Vegas y en el Westchester Premiere Theatre, en Tarrytown, New York, propiedad de Gregory DePalma, uno de los capos de la familia Gambino; pero eso, como diría Kipling, es otra historia. El caso es que tras seis años de silencio discográfico, el “viejo ojos azules” sentía la necesidad de grabar su última gran obra. Ya antes, en primavera de 1977, había trabajado por última vez con su arreglista de cabecera, Nelson Riddle, en un atractivo proyecto compuesto por canciones con nombre de mujer. “Sweet Lorraine”, “Barbara”, “Nancy” o “Linda” fueron algunos de los cortes que llegaron a grabarse, aunque el álbum previsto nunca llegó a ver la luz.

El ansiado regreso tuvo que esperar hasta 1980, con un arriesgado trabajo que muchos no entendieron en su momento, y cuyo tercio final resulta hoy una esperpéntica excentricidad. Consistía nada menos que en un triple álbum, Trilogy, que suponía a priori un interesante experimento musical con el que el cantante quería combinar pasado, presente y futuro musical trabajando para ello con los mejores arreglistas de su carrera (a falta de Nelson Riddle, que le había retirado la palabra poco antes tras un desplante televisivo del cantante) y producido por Sonny Burke, responsable de buena parte de sus éxitos en los sesenta, My way incluido.

 

 

El primer disco (The past) se nutría de sus clásicos de juventud junto a la orquesta de Tommy Dorsey, como “The song is you”, “It had to be you” o “Let’s face the music and dance”. Billy May se hacía cargo de unos arreglos agradables y divertidos, con el toque justo contemporáneo, a la medida de un Sinatra ya maduro. Por su parte, Don Costa se esmeró en ajustar con desigual éxito el repertorio de la pieza central (The present), un disco integrado por canciones bien conocidas por el público del momento en las voces de Elvis (“Love me tender”), los Beatles (“Something”), Neil Diamond (“Song sung blue”), Billy Joel (“Just the way you are”) o Kris Kristofferson (“For the good times”). En sus últimos trabajos Sinatra ya había demostrado que no tenía pudor a la hora de entonar composiciones contemporáneas de autores como Stevie Wonder, Paul Simon, Jimmy Webb o Lennon y McCartney —a veces adaptándolas a su universo sin respeto alguno por el sentido original de la obra—, aunque lo hacía más por miedo a ser barrido del mercado por obsoleto que por verdadera atracción por aquellas piezas. Los arreglos de Costa se llevan las composiciones al swing moderado de los primeros discos de Sinatra en Reprise, a comienzos de los sesenta, y aunque no molestan, sus versiones no aportaban demasiado a los originales.

 

 

Pero el verdadero desafío —y batacazo— llegaba con el tercer vinilo (The future), compuesto y arreglado por otro de los pilares del sonido Sinatra de los sesenta: Gordon Jenkins. El trabajo era una pretenciosa pero valiente propuesta experimental, que zozobraba entre arreglos orquestales clásicos y otros que por momentos recuerdan a cualquier banda sonora de Jerry Goldsmith. La voz de Sinatra emerge y desaparece como una roca ante la mar a lo largo de seis cortes que en varios de los casos superan los 10 minutos de duración, aliñados por coros que sobresaltan de pronto al oyente como un ladrón al girar una esquina.

Aunque la crítica fue muy dura con ese tercer bloque —con razón—, no pasó por alto la valentía de un hombre de la edad y la carrera de Sinatra al aventurarse a seguir probando cosas nuevas. No obstante, los aficionados estarían eternamente agradecidos a este proyecto, dado que el segundo disco incluía el que sería el último gran éxito (previo a los Duets) de la carrera del cantante, un nuevo himno que añadir a canciones como “I’ve got you under my skin” o “My way”. “Theme from New York New York”, con esos grandilocuentes arreglos de Don Costa, era el tema principal de la película de Martin Scorsese New York New York, protagonizada en 1979 por Robert De Niro y Liza Minelli, quien interpretaba la canción en la cinta. Escrita por John Kander y Fred Ebb, la canción pasaría a formar parte imprescindible del repertorio del cantante, sumándose a sus otros cantos de amor urbano, tales como “My kind of town (Chicago)” o “L.A. is my lady”.

 

 

De nuevo en caliente, Sinatra se sacudiría el desencanto por las malas críticas y escasas ventas de Trilogy, con dos últimos discos de estudio —una década antes de los pastiches Duets— que, ahora sí, hacían honor a su trayectoria. En 1981 lanzó She shot me down con arreglos y dirección de Gordon Jenkins y producción de Don Costa, un trabajo que ofrecía una selección de nuevas composiciones que mantenían el clima de sus clásicas saloon songs. Tal vez animado por ello, trabajó su voz como no lo había hecho en Trilogy. De esta forma, She shot me down resultó un brillante álbum de desamor, de ambiente triste y desolador y evocadora imagen de portada, a la altura de su trilogía de despedida de Capitol Records dos décadas atrás.

Tres años después, Quincy Jones, el productor de moda de la década y viejo amigo de Sinatra, le convenció para grabar un último gran álbum con un brillante grupo de músicos de jazz, de Lionel Hampton y Ray Brown a los hermanos Brecker, Steve Gadd o George Benson. En cuanto al repertorio, se seleccionaron algunos clásicos (“Teach me tonight”, “Stormy weather”) y nuevas composiciones (“How do you keep the music playing), y por encima de todas destaca una arrolladora versión de “Mack the knife”, el estándar grabado previamente por grandes como Louis Armstrong, Bobby Darin y Ella Fitzgerald. Publicado con el título L.A. is my lady, recibió unas críticas moderadamente buenas, y aunque adolece de una sobreproducción algo molesta por parte de Jones, con demasiada presencia de unos innecesarios sintetizadores, se aprecia frescura y diversión en los músicos, que grabaron todos en vivo en el estudio, a la antigua usanza. En definitiva, Sinatra logró por fin su honorable despedida discográfica.

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: First band on the moon (1996), de The Cardigans.

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