“Shell kids” (2003), de Sidonie: El fichaje por Sony y lo que vale un pene

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Marc: “Como no teníamos dinero para mucho más, tratábamos de provocar con nuestros propios cuerpos”

 

Después de abordar el primer epé y el elepé con el que debutaron Sidonie en las dos entregas anteriores, Tito Lesende se detiene esta semana en “Shell kids”, el disco con el que dieron el salto y ficharon por una multinacional.

 

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Sidonie
“Shell kids”
SONY, 2003

 

Texto: TITO LESENDE.

 

 

Terminado su primer disco largo, Sidonie completó el epé “Let it shine” (2002), también con Bip Bip Records. En las actuales reediciones del catálogo de la banda en vinilo, este trabajo ha sido integrado en la versión enriquecida de “Dragonfly”.

Entre el repertorio de “Let it shine” destaca el tema titular, que encapsula melodías psicodélicas, secuencias electrónicas, guitarras, órgano Moog y, en definitiva, todo aquello que representaba a Sidonie en aquel momento de su evolución. Como aderezo incluye ‘It’s all too much’, aquella canción que George Harrison compuso para la película “Yellow submarine” y que se presenta aquí como un puente entre los Beatles, los Byrds y el sonido contemporáneo del pop de Manchester. Sidonie la interpreta en un mano a mano con el grupo Carrots, otro exponente de la escena pop barcelonesa en el cambio de siglo.

Sin embargo, más significativa es su revisión de ‘Duerme’, de la desaparecida banda zaragozana El Niño Gusano. El surrealismo conectó a Sidonie con las letras de Sergio Algora, que falleció pocos años más tarde. “Esta canción es crucial”, remarca Marc Ros, porque “fue la primera vez que grabamos en castellano”. A Sidonie no terminaban de gustarles las producciones de El Niño Gusano por sus armonías desafinadas y su característico desaliño. “Parecía mal hecho, pero cuando descubrimos los textos de Sergio, supimos que eso era lo que queríamos cantar”.

El interés de la banda por el arte y la pintura quedaba reflejado en el vídeo clip de ‘The sheltering sun’, añadido al epé original (la versión en cedé de 2002) y al que nos referimos para ir adelantando lo que vale un pene, literalmente. El tema había formado parte de su primer disco largo, aunque su dimensión audiovisual se grabaría más adelante. Marc Ros lo recuerda como “uno de los peores vídeo clips de la historia”. La protagonista era la actriz Ariadna Gil, hermana de Albert Gil (director de Bip Bip Records). Pero… rivalizando en atractivo aparecen Jes y el pene de Jes. Por supuesto, no era la primera vez que un seguidor habitual de Sidonie hubiese estado expuesto al desnudo integral de uno de sus miembros, valga la palabreja. A fin de cuentas, el grupo había desarrollado una tendencia al exhibicionismo en sus conciertos. “Como no teníamos dinero para mucho más”, matiza Ros, “tratábamos de provocar con nuestros propios cuerpos. Que, por otra parte, tenía su mérito y su punto de diversión, porque se trataba de cuerpecillos raquíticos”.

 

 

Mientras tanto, la onda expansiva de los conciertos de Sidonie había llegado ya a algunas compañías discográficas. Entre ellas, Sony Music. El grupo había sido portada en publicaciones como Mondosonoro, El País de las Tentaciones o La Luna de Metrópoli; Sidonie estaba en la pomada como la gran promesa del pop alternativo estatal. “Llevábamos unos tres años como grupo, trabajando duro, cuando llegó la oferta de Sony Music”, recuerda Jesús. “Fue como un sueño. Supongo que casi cualquier músico desea que lo llame un día un sello que le ponga al alcance la posibilidad de realizar buenas giras, grabar con presupuestos potentes, aspirar a discos de oro y todo eso”.

Habla Marc Ros: “Mi primer recuerdo es llegar a las oficinas de la compañía en el Paseo de la Castellana de Madrid, entrar en aquel edificio ultralujoso y estar tan contentos y tan borrachos que empezamos a comportarnos como animales. Nos desnudamos e hicimos fotocopias de nuestros culos. Luego, muy ebrios, hicimos una entrevista con un periodista de “El País”, que estaba encantado con todo aquello. Nos sentíamos como niños pequeños en la noche de Reyes”.

 

Un fichaje “al natural”

Finalmente, en cierta medida, el elemento definitivo para cerrar el fichaje por la nueva compañía fue el pene de Jes, del que antes hablábamos y al que ahora regresamos. Lo cuenta Axel: “Estábamos en plena negociación con Sony y, aprovechando un bolo en la sala Moby Dick de Madrid, invitamos a algunas personas de la compañía a que asistiesen para conocer al grupo y hacerse una idea de por dónde iban los tiros. Intuíamos que podría estar allí la cúpula de Sony, pero no lo sabíamos con seguridad. En determinado momento del espectáculo, Jes solía enseñar su miembro. Llevaba un montón de tiempo haciéndolo. Álex Gallardo, actual director artístico y mano derecha del presidente de Sony en Latinoamérica, era entonces un joven asistente del departamento de A&R [Artistas y Repertorio] en la división española de la compañía. Tenía cercanía con nosotros y vino a felicitarnos en cuanto terminó el concierto. Nos dijo con una sonrisa que acababa de ver algo inédito: que un músico de un grupo que estaban a punto de fichar, que éramos nosotros, se había ido justo delante de la cara del presidente de la compañía a enseñarle el pene de forma explícita”.

 

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Axel: “Durante la promoción de ‘Shell kids’ se hizo muy cansino recibir tantas veces aquel prejuicio absurdo: nos decían constantemente que nos habíamos vendido”

 

En efecto: cuando Jes se bajó los pantalones y descubrió su miembro, situado en primera fila y exactamente ante él se hallaba ni más ni menos que José María Cámara, entonces presidente de Sony Music Spain, que asistió con detalle a toda la performance. “Nosotros nos limitamos a hacer lo mismo que en cualquier otro concierto”, recuerda Axel, “pero aquello quedó como una anécdota con la que siempre nos reímos y que define a la perfección lo que era el grupo en aquel momento”.

En la firma de su contrato con Sony, Sidonie se hicieron unas fotos que conservan con cariño. En ellas aparecen con los directivos de la compañía y Víctor Calderón, su mánager en aquel momento. Iban borrachos como cubas. Desde que Jes enseñase su miembro hasta hoy, la relación entre ambas partes no se ha roto. Son diecisiete años que Axel fundamenta en “la buena sintonía con el equipo humano del sello”.

 

Presupuesto holgado

El primer síntoma de cambio llegó con su primer trabajo para la nueva discográfica: el presupuesto para la grabación de “Shell kids”, más holgado de lo habitual, permitió al grupo profundizar en el estudio. Las familias de Marc, Axel y Jes celebraron su progreso y comenzaron a creer que quizá, en el fondo, los chavales no estuviesen equivocados. Sin embargo, la facción más conservadora del indie pop español se mostró de inicio refractaria al nuevo escenario: quienes habían visto nacer a grupos como Sidonie o Los Planetas no entendieron su vínculo con una empresa multinacional y, tal vez, tampoco les agradó la idea de que estas bandas se hiciesen más populares y acabasen gustando al público en general.

“Durante la promoción de ‘Shell kids’ se hizo muy cansino recibir tantas veces aquel prejuicio absurdo: nos decían constantemente que nos habíamos vendido. Hoy en día ya se ha superado esa especie de cazurrismo; la gente ha entendido que ningún grupo pierde su esencia por el hecho de trabajar con una multinacional”, defiende Axel. Jesús asisente: “Incluso, recibimos en aquel momento críticas de gente que, en sus casas, tenían sobre todo discos editados por multinacionales. Pero eso lo ignoraban, quizá. Nos señalaban por una inercia que ni entendían”. Marc reflexiona sobre ello: “Siempre ha habido bandas que, por miedo a las críticas de sus fans, han tratado de disimular u ocultar el logo de su discográfica en el diseño de sus cedés. Algo parecido ocurre cuando te ponen en emisoras de radio como Los 40; nosotros siempre hemos querido sonar en todas partes y llegar a la gente, pero a algunos les molesta o avergüenza. Yo creo que esto es algo que solo pasa en España”.

“Shell kids” es la versión depurada de los primeros Sidonie. La voz de Marc Ros suena con cuerpo y, en realidad, todo parece más hecho. El álbum atesora piezas como ‘Moments’, con una melodía cercana a John Lennon y unos redobles de batería, además, próximos a la escuela del gran Ringo Starr. También está ‘Zapped’, con una idea de guitarra que parece acordarse de Jimmy Page y Led Zeppelin. Sorprende la madurez en el arreglo de cuerdas de ‘The sheltering sky’ y encontramos, de hecho, canciones que no se sostienen necesariamente en un fraseo inspirado o en un patrón rítmico, sino en una estructura melódica. Hay menos bases programadas que en anteriores entregas del grupo y el resultado es más orgánico. Además, ‘On the sofa’ se vislumbró desde el inicio como la patada a seguir y terminaría siendo el single de lanzamiento.

 

 

El disco, aunque todavía cimentado en los referentes clásicos del género pop anglosajón, es un primer paso hacia la fórmula que hoy conocemos como Sidonie. Esto queda patente en el esqueleto de temas como ‘Turn it up’. “Justamente hemos comentado que deberíamos recuperar esa canción”, confiesa Ros; “porque no fue single, se quedó un poco descolgada y, sin embargo, tiene un gran estribillo”. Y prosigue: “Cuando escucho ‘Shell kids’ hoy, me doy cuenta de que era la primera vez que cantaba sin vergüenza. En aquel momento, todos habíamos tomado conciencia de que íbamos a grabar un buen disco y de que, si todo grupo tiene su fase ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’, esa era la nuestra. Habíamos encontrado a nuestra pareja ideal de productores, Santos y Fluren, con quienes todavía seguimos trabajando hoy. Estábamos en la edad perfecta. Teníamos canciones y queríamos mostrarlas, y poner arriba la voz, las guitarras, la batería, el bajo… Si había que incluir un arreglo de cuerdas, no teníamos miedo. Al terminar ‘Shell kids’, pensábamos que parecía mentira que aquello lo hubiésemos hecho nosotros”. “Sentíamos que ‘The sheltering sky’ era nuestro ‘Penny Lane’, y ‘Moments’ era nuestro ‘Strawberry fields forever’’, añade Jesús.

 

 

Agenda completa

La campaña promocional de “Shell kids” fue el ejercicio publicitario más bestia que Sidonie hubiesen hecho hasta la fecha. Sus componentes todavía guardan hoy el dossier de prensa resultante de aquellas jornadas; su agenda de compromisos daba miedo. Lo recuerda Marc: “Nuestra actitud no había cambiado y nos sentíamos protegidos por nuestra música. Nos daba igual adónde nos llevaran: no teníamos el perfil de Andy y Lucas, pero nos llevaban a programas de cocina en la tele, a espacios para espectadores que nada tenían que ver con nosotros. Sabíamos que nuestra música difícilmente iba a llegar a aquel público, así que hacíamos gilipolleces y, en el fondo, nos comportábamos como si nos la sudara. Si un taxista se interesase al escucharnos en su canal de radio, pues fantástico; uno más para el equipo. Pero no nos obsesionábamos con ello”.

 

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“Cuando Jes se bajó los pantalones y descubrió su miembro, exactamente ante él se hallaba José María Cámara, entonces presidente de Sony Music Spain”

 

La prensa musical celebró “Shell kids” como “disco de madurez” de Sidonie mientras parte de la crítica alternativa, que en sus inicios había apostado por el grupo, comenzaba a desmarcarse. El proyecto dejaba de ser exclusivo o minoritario y, en consecuencia, no resultaba tan atractivo al circuito de culto. “Graban con Sony, meten cuerdas, ponen la voz muy alta… Ya no molan”, resume Ros. “A todos nos afectó un poco ese comportamiento; seguramente más a Axel”. El batería reflexiona: “Yo, ahora, hago una buena lectura de ello. Marcó un punto de inflexión interesante para el grupo, en cualquier caso. Recuerdo buenas críticas, en general, y que alguna revista nos colocó entre lo mejor del año. Pero también un sentimiento de desilusión porque las ventas no se equiparaban a las expectativas. Enseguida vimos que el resultado comercial iba a estar por debajo de lo esperado, a pesar de que la gira fue muy exitosa”.

 

Una gira destructiva

Fue la primera decepción en la historia de Sidonie. Un día estaban en Valencia haciendo entrevistas y llamaron a la compañía para concretar los detalles del que visualizaban como segundo single y vídeo clip: “Bla, bla, bla”. En esa conversación, Sony les confirmó que, desgraciadamente, la campaña del disco se había acabado; que no había más dinero para promoción porque la inversión no se había recuperado. Fue una dosis de realidad. Sin embargo, los conciertos funcionaban estupendamente y, en pocos meses, el público de Sidonie se había multiplicado. Inmerso en una intensa gira, el grupo convirtió su desilusión comercial en euforia, como admite Jesús: “Personalmente, ese fue mi momento más golfo a todos los niveles. Nuestra popularidad estaba arriba, mucha gente quería ver qué hacíamos en directo y fue una gira extensa, loca y destructiva en algún sentido”. Axel Pi le da la razón: “Creo que, al terminar aquella gira, por primera vez tuvimos consciencia de la cara peligrosa del éxito. Porque antes habíamos tocado mucho, pero nunca habíamos sentido ese nivel de agotamiento, fruto del exceso en general. Pasamos de la inocencia a la parte bestia, pero ahí descubrimos un techo a partir del cual llegaba el arrepentimiento, y eso fue bueno, porque tomamos medidas en consecuencia; redefinimos nuestras conductas. Aquella gira pudo haber terminado con nosotros”.

En esos momentos, si las relaciones internas no funcionan, los intereses y las tensiones acaban por generar desequilibrios en cualquier proyecto. No fue el caso para Sidonie, que seguía siendo una piña, como confirma Marc: “Íbamos un día al local de ensayo y Jes me dijo que notaba algo; nos preguntó si a nosotros también nos pasaba. Se refería al sentimiento de popularidad. Entonces empezábamos a percibirlo: la gente nos conocía, nos vacilaba, nos besaba o nos insultaba, pero se acercaba a nosotros. Por suerte, nos pilló maduros y no nos afectó tanto como a otros artistas: nos dimos cuenta de que nuestra popularidad estaba cambiando a nuestro entorno y no a nosotros”.

Cada uno de los miembros de Sidonie estaba en la cima de su punto melómano y mitómano. De un modo u otro, con “Shell kids” habían querido homenajear aquello que entonces tenían en sus cabezas. Pero, terminada la gira, saciados sus impulsos esenciales y ante el reto de grabar un nuevo disco, se preguntaron hacia dónde ir. Y entonces recordaron ‘Duerme’, la versión de El Niño Gusano de la que hablamos hace un rato, y el poder que habían sentido al cantar en castellano. “Vimos la luz”, recuerda Axel Pi. “La primera vez que escuchamos a Marc cantar en castellano con aquel tema nos habíamos quedado conmocionados. De pronto, reflexionando, descubrimos y entendimos que eso era lo que queríamos seguir sintiendo en adelante”.

 

El viernes 9, próxima entrega: El salto al castellano y el primer ‘hit’ genuino: “Fascinado” (2005).

Anterior entrega: “Sidonie”: Primer disco largo, disfraces y hedonismo (2001).

 

 

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