“Luces de ciudad” (1982), de Episodio

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

“La única canción que se escuchó mínimamente fue ‘Isabel’, una versión del ‘Bedsit girl’ de Chris Speeding, que fue el peaje obligado al que les sometió Paco Martín”

 

A primeros de los 80 surgieron bandas efímeras como Episodio, la formación que defendían Enrique Sereno y Ricardo Chirinos, guitarrista de Pistones, junto a José Marín (bajista) y Antonio Valero (batería). César Prieto recupera su debut discográfico, de título homónimo.

 

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Episodio
“Luces de ciudad”
MR, 1982

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Cuando el primo de Enrique Sequero hizo una foto desde su balcón a la carretera de Barcelona —un Madrid crepuscular, colores que parecen derramados—, quizá no sabía que acabaría envolviendo seis de las canciones más deliciosas del pop español. Enrique Sequero, hoy cantante de musicales y en el año 1980 custodio de un grupo que halló la varita mágica. Ni media hora duró su fantasía, la media hora escasa en que desgranan sus seis canciones más un epílogo que apareció en un recopilatorio del sello. Podría ser un perfecto bonus track para una reedición que quizás —malos tiempos para la lírica— nadie reeditará.

Sequero era un cantante bien dotado, pero su voz no es engolada ni sobreactúa, simplemente deja fluir con naturalidad lo que la misma naturaleza le ha dado para destacar sobre la guitarra de Ricardo Chirinos, músico también de Los Pistones, que lo había descubierto en un bar donde hacía esporádicas actuaciones. Una guitarra que no descarta coger ritmo, pero que en otras ocasiones es clara y dulce como el otoño.

Fue Paco Martín quien les apoyó y cubrió con su sello, MR, y les llevó a estrenar los despampanantes estudios Track. Allí abordaron al unísono, cada uno en su pecera, pero todos a la vez, las únicas canciones de las que disponían, pop melódico de impecable hechura, que recogieron en un minielepé titulado “Luces de ciudad”.

Desgarradísimas son ‘Sobre el mar’ por su saxo crepuscular y ‘Luces de ciudad’, en la que el piano y el solo a lo Clapton desgranan una suave melancolía. Pero en esos tiempos de urgencia y energía sus seis canciones no reniegan de ritmos más acelerados, como ‘Esto es el fin’, un reggae blanco como los que hacían Police en la época o tramas cercanas a Los Secretos como en ‘Volverte a conocer’.

La única canción que se escuchó mínimamente fue ‘Isabel’, una versión del “Bedsit girl” de Chris Speeding, que fue el peaje obligado al que les sometió Paco Martín: “Si no sale esta, no hay disco”, les espetó. La letra, eso sí, da cuenta de que poseían un mundo muy personal, lleno de arañazos en el interior, como el de esa chica de vida vulgar –buses, oficinas— que en un entramado costumbrista y cercano estalla por dentro buscando otros anhelos.

El grupo llegó a aportar una séptima canción a MR para uno de sus recopilatorios. Compuesta de un día para otro, ‘El largo viaje’ abre un nuevo camino, el de la furia nuevaolera, la fuerza en las guitarras y las melodías que magnetizan. No mencionamos su ambientación en el subterráneo madrileño, porque todo el disco está traspasado del hálito de Madrid, como una ciudad cansada, desvanecida, sin ese deslumbramiento que fascino a otros grupos de la época.

Ellos también se desvanecieron. Episodio apenas tuvo promoción ni conciertos, apenas vendió, pero casi cuarenta años después hay un público que gusta de canciones tristes, grupos que adaptan maneras de grupos de aire americano y un gusto por las canciones directas, pero con detalles. Quizás vaya siendo hora de que alguien se acuerde de editar a Episodio, porque ellos poseían ese aire que ahora se demanda.

Anterior entrega de Operación rescate: Soundgarden: “Superunknown” (1994).

 

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