“Shades of blue”, de Adi Hasak

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SERIES

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“No es transgresora ni excesivamente original”

 

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“Shades of blue”
Creada por Adi Hasak (“Eyewitness”).

Producida por David DeClerque («Believe», “Ley & Orden: Unidad de Victimas Especiales”) y Priscilla Porianda (“Familia de Acogida”, “Obsesión”).

Producción ejecutiva por Jennifer Lopez, Barry Levinson, Elaine Goldsmith-Thomas, Benny Medina, Jack Orman, Nina Wass y Ryan Seacrest.
NBC


Texto: FERNANDO FERNÁNDEZ.

 

Llevábamos mucho tiempo sin una buena historia de policías corruptos por las calles de una típica ciudad americana. Esas historias de conspiraciones y organizaciones que se dedican a perseguir su propio beneficio mientras combaten el crimen eran un autentico clásico en los setenta, y se convirtieron en las protagonistas del boom televisivo de finales de los 90 y comienzo del 2000. Casi se diría que “Shades of blue” es una de ellas, porque parece sacada de la época y transportada a la actualidad, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva.

 

 

Empecemos por lo bueno. Jennifer Lopez, con sus colaboradores habituales, pone en marcha un proyecto para su mayor gloria y gracia. El experimento no sale nada mal, porque la propia “J-Lo” sabe llevar perfectamente sobre sus hombros el peso de la historia. En el episodio piloto ella es el centro de la historia durante más del 90% del tiempo. Nos presenta al resto de personajes a través de su relación con ellos, y así descubrimos que compatibiliza su labor de madre trabajadora, junto con elementos de corrupción en el departamento (y no, no he fastidiado la trama: es la primera escena del episodio, incluso antes de los créditos).

La actriz tiene que vérselas con un reparto sólido y con caras conocidas ante las que sabe aguantar perfectamente el tipo. Entre ellos, su jefe y coprotagonista Matt Wozniak, interpretado por un más que duro y salvaje Ray Liotta, regresando al estilo de sus papeles más reconocidos como “Copland”, “Phoenix” o “Identidad”. Entre el resto del reparto, otras caras conocidas como Drea de Matteo (“Sons of anarchy”, “Los Soprano”), Lolita Davidovich (“True detective”, “La agencia”), Sarah Jeffery (“Wayward pines”, “Rogue”), Warren Kole (“Los Vengadores”, “Stalker”) o Stephen Lang (“Avatar”, “Terra nova”). Hay una buena colección de nuevos rostros, como Dayo Okeniyi (“Terminator genesis”, “Aqui y ahora”), Hampton Fluker (“Major crimes”, “Un sueño posible”), Vincent Laresca (“La trampa del mal”, “Graceland”) o Michael Esper (“Nurse Jackie”, “Person of interest”). El conjunto es uno de los puntos fuertes de la serie, con un grupo de actores creíbles y reparto de su protagonismo, lo que proporciona variedad e interés a la historia. Aunque la presencia de Jennifer Lopez es importante, el resto de personajes van ganando presencia según se van desarrollando sus historias.

El otro punto fuerte es que el equipo habitual de colegas de producción de Jennifer Lopez se han juntado con todo un experto como Barry Levinson a la hora de contar esta historia. No en vano él fue el responsable de una de las mejores series de policía de la historia, la magistral “Homicidio”. Precursora de otras series míticas como “The wire” y similares, su mano se deja notar especialmente en los dos primeros episodios, dirigidos por el propio Levinson y que junto a los finales, son de los mejores de esta primera temporada. El toque Levinson también se nota con el buen trabajo de otros técnicos, como el estupendo director de fotografía Stefan Czapsky (“Eduardo Manostijeras”, “Batman vuelve”) o el diseñador de producción Sam Lisenco (“Mistress America”, “La sombra del actor”). Una factura más que interesante y por encima de la media en este tipo de proyectos.

 

 

Pero aunque la trama tiene momentos y desarrollos interesantes, y sabe jugar con la tensión de ir descubriendo traidores y conspiraciones cruzadas, se queda un poco blanda. No es transgresora ni excesivamente original; lo intenta en ocasiones pero nunca termina de lanzarse a por todas. El mejor ejemplo es el propio inicio del piloto, en donde vemos a Jennifer actuar de una manera fría y calculadora, como si hiciera eso todos los días sin preocuparse demasiado. Sin embargo pierde gran parte del resto del tiempo intentando convencernos de que su personaje es realmente bueno y una gran madre que hace lo que hace por buenas razones. Lo malo es que los demás actúan de manera similar (incluyendo los supuestos buenos, como son los investigadores del FBI), pero no tienen la suerte de contar con ese tipo de tratamiento de sus personajes. En resumen, una serie entretenida y bien realizada, que puede gustarle a los amantes de las series de policía de regusto clásico, pero con un tratamiento excesivamente ligero de la trama y los personajes. Lástima que sea así, ya que hubiese sido más interesante ver a J-Lo atreverse con un personaje mucho más repleto de aristas y de sombras que lo que finalmente nos ofrece. Aun así, la serie tiene una estupenda factura técnica y sabe mantener bien la tensión entre las diversas tramas, lo suficiente como para que la NBC haya ya anunciado su renovación para una segunda temporada. López no consigue dejar de ser López, pero lo hace bien y sabe plantar cara a todos sus antagonistas. Y nunca está demás disfrutar de una historia clásica, que aunque poco original, lo que sabe hacer lo hace bien.

 

 

Anterior crítica de cine: “Vinyl”, de Rich Cohen, Mick Jagger, Martin Scorsese y Terence Winter.

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