Ramones: Marky, el nuevo latido

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El detonante de su marcha fue dejar tirada a la banda ante un concierto al que ni siquiera se presentó tras una noche de juerga”

 

La marcha de Tommy propició que los Ramones buscasen nuevo batería. Lo encontraron en Marc Bella, Marky, que se convirtió en el quinto miembro de la banda. Sara Morales nos cuenta su historia.

 

 

Texto: SARA MORALES.

 

 

La marcha de Tommy no había sido del todo traumática. Sus formas pacíficas y las buenas relaciones mantenidas con sus compañeros llevaron a que estos comprendieran y aceptaran sin reproches la decisión de abandonar la banda, a pesar de que aquello les condujera hacia una breve etapa de confusión e inestabilidad. Johnny, Joey y Dee Dee seguían empecinados en sacar su sueño adelante, así que ahora debían concentrar las fuerzas en buscar a un nuevo batería.

A lo largo de aquellos días de casting, muchos fueron los candidatos que se presentaron con el objetivo de convertirse en el nuevo percusionista de los Ramones. Los más sonados: Clem Burke de Blondie, Jerry Nolan de los New York Dolls e incluso el ex Sex Pistol, Paul Cock. Sin embargo, fue Marc Bell, conocido batería de The Voidoids (aquella banda liderada por el iconoclasta Richard Hell en la primera ola del punk neoyorquino), quien consiguió hacerse con el puesto tras su prueba en marzo de 1978.

 

Intento de causa social

Su debut oficial al frente de los tambores del grupo tuvo lugar el 29 de junio de aquel mismo año; para entonces comenzaban a grabar ya su cuarto álbum, «Road to ruin». Y siguiendo con el tradicional rito del bautismo en diminutivo, Marky fue el apodo que adoptó este nuevo hermano para ingresar en la familia, relevando a Dee Dee como el miembro más joven de la misma.

Criado en el crudo ambiente de Flatbush (Brooklyn) desde su nacimiento el 15 de julio de 1956, recibió una educación orientada a la cultura como medio de expresión y canal de sublevación. De su madre, directora de la biblioteca musical en la facultad del distrito, heredó la pasión por la música convirtiéndose en ferviente admirador de bandas como los Beatles, los Kinks y The Who desde muy pequeño. Su padre, estibador de oficio, siempre anduvo cercano a las acciones sindicales de su sector transmitiendo en su hijo la necesidad de una constante reivindicación en todos los órdenes de la vida. Quizás viniera de ahí el empeño de Marky por politizar de algún modo las letras de los Ramones, él siempre fue el miembro de la banda más comprometido con las causas sociales y poseedor de una mayor conciencia humanitaria. Un hecho que complicaría las relaciones con Johnny, el líder, pues a pesar de su notoria y sólida tendencia política, nunca estuvo de acuerdo con arrastrar asuntos de esta índole al plano conceptual del grupo.

Pese a todo, su ingreso en la banda no fue tan espinoso como se recuerda. Marky conocía a Joey desde 1975 como asiduos de las noches de club en Nueva York, y con Dee Dee encajó enseguida a las mil maravillas por esa afición compartida hacia la mala vida y las adicciones, que en el caso de Marky se inclinaban sobre todo hacia el alcohol. Esta sí sería la gran causante de la distancia existente entre él y Johnny durante los años de vida del grupo. El autoritario Ramone ya arrastraba suficiente con los problemas de Dee Dee, y a rachas los de Joey, y no estaba dispuesto a seguir haciendo frente a un grupo de vándalos dementes; así que si Marky se había dejado influir por ellos y había adoptado los malos hábitos demasiado pronto, debía reconducir su camino.

 

Empírica pero problemática

Como batería del grupo, sus máximos exponentes siempre fueron Mitch Mitchell, de The Jimi Hendrix Experience, y el veterano Buddy Rich. Del primero absorbió el gusto por la innovación en la técnica y la destreza, y del segundo la habilidad frente a los solos. Todo ello, sumado a su propia experiencia años atrás con el trío de rock progresivo Dust con quienes grabó dos álbumes, su trayectoria como músico de sesión y su pasado más inmediato al frente de la batería de The Voidoids, fueron las piezas clave con las que contribuyó al crecimiento sonoro de los Ramones.

Había llegado dispuesto no solo a continuar los pasos de un inolvidable Tommy, si no a aportar más vehemencia si era posible al impulso de su nueva hermandad. Y así lo demostró desde el primer disco en el que participó, «Road to ruin» (1978), hasta el séptimo «Subterranean jungle» (1983), tras el cual tuvo que abandonar para iniciar un proceso de desintoxicación y en el que ya no apareció en la portada.

El detonante de su marcha, muy en buena parte motivada por la insistencia de Johnny que le obligaba a recuperarse, fue que dejó tirada a la banda ante un concierto al que ni siquiera se presentó tras una noche de juerga, y que el resto se vieron obligados a suspender. Este fue, por cierto, el único directo anulado en toda la historia del grupo. Los Ramones podían resultar amigos del caos creativo y conductual, una pandilla de barriobajeros que habían llegado dispuestos a convulsionar el rock con sus formas y espíritu, pero si había algo que tenían claro, asumido además como norma básica ante la que siempre se rigieron, fue que se debían a su público y a este nunca, jamás, había que decepcionarlo. Así que todos estuvieron de acuerdo, Marky no podía seguir así y debía marcharse.

 

 

 

El impulso renovado

Tuvieron que pasar cuatro años y tres discos para que, el 4 de septiembre de 1987, un ya recuperado Marky volviera a sentarse al frente de la batería de los Ramones. Mientras tanto, un nuevo drummer, Richie, había ocupado su lugar saliendo del paso como buenamente pudo y aportando temas tan emblemáticos para la banda como ‘Somebody put something in my drink’. Sin embargo, y pese al desplante, todos volvieron a estar conformes con que Marky recuperara su trono.

Y así fue hasta la disolución de la banda en 1996, razón por la cual, pese a aquella etapa de ausencia y que no fuera miembro fundador de la misma, también se le condecorara en el homenaje que recibieron los Ramones en el año 2002 al ingresar en el Paseo de la Fama del Rock and Roll.

 

En la suma de sus dos temporadas, Marky dejó para el repertorio de los Ramones canciones como ‘Anxiety’ y ‘Job that ate my brain’, co-escritas junto a Garret James Uhlenbrock. Además, él fue quien animaría a Dee Dee, sin éxito, a escoger la senda de la vida limpia y saludable, y quien acompañó a Joey y a su familia en sus últimos días de hospital antes de morir, cuando ningún otro miembro tuvo el valor ni la disposición de hacerlo.

Nunca dejó de dedicarse a la música tras la separación del grupo, y hoy continúa rememorando por el mundo su propia historia y la de sus compañeros, como uno de los últimos rescoldos vivos de lo que fueron aquellos años de punk rock.

 

 

Anterior entrega de los Ramones: Tommy, sabiduría y grito de guerra.

 

 

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