Punto de Partida: Petisme y Caetano Veloso

Autor:

«Las doce canciones que contiene son obras magistrales, arrebatadas de inspiración, teñidas de poesía y tropicalismo hippie, tejidas en un bosque de arreglos de guitarras eléctricas (Caetano es el pionero en incorporarlas al folclore brasileño con total protagonismo), flautas, cuerdas, percusión, etc.»

Siguiendo con la recuperación de viejas entregas de Punto de Partida, esta semana, aprovechando que tiene nuevo discolibro, «Under Wood songs. El océano de las escrituras», traemos la de Petisme, contándonos que un disco de sin título de Caetano Veloso le cambió la vida.

 

Caetano Veloso
«Caetano Veloso»
Philips, 1969

 

Uno de los muchos discos que me hicieron con mayúsculas la vida no tiene título. La portada del vinilo es totalmente blanca y solo en el centro con letras manuscritas se lee: «Caetano Veloso». Se editó en 1969. El hermano de Maria Bethania debía rondar los veintisiete por entonces. Yo tenía veintidós cuando lo compré en una pequeña tienda (ya no recuerdo el nombre) de la glorieta de Cuatro Caminos. Las doce canciones que contiene son obras magistrales, arrebatadas de inspiración, teñidas de poesía y tropicalismo hippie, tejidas en un bosque de arreglos de guitarras eléctricas (Caetano es el pionero en incorporarlas al folclore brasileño con total protagonismo), flautas, cuerdas, percusión, etc.

Caetano canta dos temas en inglés sensual y brumoso: ‘The empty boat’ y ‘The lost paradise’, fruto de su exilio londinense, nueve canciones en portugués y ataca en perfecto castellano una versión del tango ‘Cambalache’ que el maestro Discépolo no le reprobaría en absoluto. Hay otra pieza inolvidable y misteriosa titulada ‘Os argonautas’, un fado cuyo estribillo el autor de Bahía toma de unos versos de Fernadno Pessoa que a su vez los ha bebido del viejo dicho de los navegantes griegos de la mitología: «Navegar es preciso, vivir no es preciso». Esa sentencia sí que marcó mi vida y abriría uno de mis libros de poemas llamado «El océano de las escrituras». Fluir, soñar, buscar los buenos vientos, crear es mucho más importante que vivir. Hemos zarpado de un puerto que desconocemos y el de destino lo ignoramos. La vida puede ser una soporífera calma chicha. ¿Quién se atreve a rebatirme que en esta sociedad de nuevos ricos en el país más entontecido de Europa vivimos rodeados de zombis con un mando a distancia en una mano y el extracto del banco y su nómimna en otra?

He perdido amores, camisas egipcias, montañas de casetes con ideas de canciones, algún que otro libro de poemas en mi viejo Atari sin disco duro, he perdido todo menos el fuego y ese disco, el álbum blanco y beatleniano de Cateano, ha sobrevivido a todas las mudanzas. Y aún de vez en cuando, como aquellas mañanas respladecientes de los primeros ochenta, lo pongo sobre el plato y todos mis sueños y quimeras vuelven a gritar y centrifugarse a treinta y tres revoluciones (¡qué hermoso plural!) por  minuto.

[Texto publicado originalmente en EFE EME 80, de julio de 2006]

Anterior entrega de Punto de Partida: Mikel Erentxun y Elvis Presley.

Artículos relacionados