Pretty close to the truth (1994), de Jim Lauderdale

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

«Que las letras sean irónicas e inteligentes es el detalle que le faltaba a este cóctel de sabor dulce, fresco y afrutado»

 

Eduardo Izquierdo nos lleva de la mano a 1994 para mostrarnos el segundo trabajo de Jim Lauderdale, un jugoso disco con ecos de los Rolling Stones más country, de Merle Haggard o Al Green.

 

Jim Lauderdale
Pretty close to the truth

ATLANTIC, 1994

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

Que Jim Lauderdale es un monstruo no lo voy a descubrir yo, ni con este ni con ningún artículo. Pero, a pesar de eso, tenía pendiente rescatar para esta sección algún álbum del monstruo de North Carolina, la cuestión era decidir cuál. Todos son tan buenos… Todos tienen algo. Desde que empezó su carrera en 1986, Lauderdale ha ido construyendo obra maestra tras obra maestra. Pero yo debía decidirme por uno y después de mucho pensarlo opté por la solución fácil: el primero que tuve y, por tanto, lo primero que escuché de él. Su título, Pretty close to the truth. Su calificativo, excelente, aunque pueden utilizar cualquier sinónimo que se les ocurra.

Antes de entrar en el disco, propiamente, merece la pena que hagamos un fugaz repaso biográfico por el amigo Lauderdale, por aquello de situar al personal. Hijo de un médico y ministro eclesiástico y una maestra, profesora de piano fuertemente implicada en las Iglesias Presbiterianas Asociadas de Charlotte, Jim Lauderdale pasó su infancia en Due West, Carolina del Sur, viendo cómo sus padres combinaban su actividad religiosa con la profesión de cantantes. Por eso la música hizo acto de presencia en su vida desde bien temprano. De hecho, el chaval se mostró rápidamente como un auténtico niño prodigio. Empezó a los 9 años tocando la guitarra. A los 11 años ya le asestaba mandobles perfectamente la batería, a los trece la armónica dejó de tener secretos para él, y a los 15 el banjo era su instrumento favorito. Además, combinaba esa afición musical con sus estudios de teatro en la escuela de arte de Carolina del Norte, cosa que le hizo perder el miedo a subirse a un escenario. Es en 1991 cuando publica Planet of love, el primero de sus —hasta la fecha— 31 discos de estudio. Producido por Rodney Crowell y John Leventhal, su debut es inmejorable. Algo que añadirá presión a su segundo disco. Ya saben eso de la maldición que parece que persigue a lo que los norteamericanos llaman «sophomore». Él lo iba a solucionar fácil: con nuestro rescate de hoy, Pretty close to the truth.

 

Referencias y canciones

El disco se publica en 1994 y es el primero de sus dos trabajos para Atlantic. Un álbum difícil de clasificar. ¿Es esto americana?¿Es country-rock?¿Es country-soul? ¿Importa? Yo creo que no. Lo que importa realmente es que es muy bueno. Que en sus surcos hay ecos de los Rolling Stones más country, de Merle Haggard, de George Jones o hasta de Al Green. Escuchen “Why do I love you”, cierren los ojos y piensen en el reverendo.

 

 

A su lado, tonadas como “This is the big time” huelen a Nashville por los cuatro costados, mientras “I’m on your side” parece la unión perfecta —e imposible— de Buck Owens y los Beatles.

 

 

Lauderdale ya había compuesto canciones para gente como George Straitt o Dave Edmunds, y esta vez se rodea de músicos que habían grabado con Lucinda Williams o Dave Alvin para dar forma a su segundo disco. Pero todo eso no tendría importancia si Jim no hubiera sido, además, un grandísimo intérprete. En “This is the big time” toma la actitud de los discos country de Jerry Lee Lewis; “Don’t trust me” encajaría en cualquier trabajo de Chris Isaak y “Run like you” podría pasar por un Gram Parsons en sus momentos de máxima inspiración. Que las letras sean irónicas e inteligentes es el detalle que le faltaba a este cóctel de sabor dulce, fresco y afrutado. Tómese con hielo. Y después guárdese en caja fuerte para siguientes escuchas. Es un tesoro.

 

 

Repercusión

En tiempos en los que Garth Brooks o Clint Black dominaban las listas de country americanas, el disco de Lauderdale pasó, por supuesto, sin pena ni gloria por los charts y también por las listas de ventas. Eso sí, los que lo catamos nos dimos cuenta de que tras sus canciones había un artista de largo recorrido. Largo y absolutamente exitoso en cuanto a la calidad de sus grabaciones. Digan lo que digan las ventas.

Anterior entrega de Operación rescate: One hot minute (1995), de Red Hot Chilli Peppers.

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