Operación rescate: “Beauty and the beat”, de The Go-Go’s

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 “Nadie imaginó que este grupo de chicas que tocaban sus propios instrumentos de forma amateur podrían situarse en la cima de Billboard seis semanas seguidas. Un éxito que les llevó a vender dos millones de copias y que, pese a una prometedora carrera, nunca volvieron a saborear”

 

La irrupción punk del quinteto femenino en los primerísimos ochenta fue recibido con los brazos abiertos durante casi seis semanas en las listas Billboard. Sara Morales recupera aquel exitoso y prometedor debut.

 

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The Go-Go’s
«Beauty and the beat»
I.R.S. RECORDS, 1981

 

Texto: SARA MORALES.

 

En 1978, año en que se formaron The Go-Go’s, ya empezaba a darse por concluido el estallido de las crestas y el imperdible. Y aunque la escena punk estadounidense parecía encontrarse en plena forma gracias a bandas como los Ramones o The Dictators, la realidad es que la época dorada de aquel germen contracultural había quedado atrás, viviendo su máximo apogeo entre 1974 y 1977. Llegaba el momento del cambio y con él una nueva oleada de grupos con ideas frescas, aunque todavía amparados en el espíritu frenético y nervioso de sus antecesores. La new wave aterrizaba en las calles. La subversión dio paso a lo cotidiano, y la música creada por y para unos pocos pasó a ser asumida por una mayoría tangible. Los grandes referentes como Debbie Harry o Talking Heads adoptaron esta nueva tendencia a su sonido – algo más suave y asequible a partir de entonces – y las nuevas formaciones encontraron su momento. Este fue el caso de The Go-Go’s, banda liderada por Belinde Carlisle, que sorprendió al mundo con su álbum debut «Beauty and the beat», editado en 1981 por I.R.S. Records.

Si además damos por válido aquello que cuentan de que el punk en Nueva York fue una forma de arte, que el de Londres era mera revuelta política y el de Los Ángeles auténtica cultura pop, entenderemos perfectamente lo que estas californianas regalaron a la historia de la música con este primer disco. Nadie imaginó que este grupo de chicas que tocaban sus propios instrumentos de forma amateur podrían situarse en la cima de las Billboard durante seis semanas seguidas. Un éxito que les llevó a vender dos millones de copias y que, pese a una prometedora carrera, nunca volvieron a saborear.

 

 

El quinteto supo dar con la tecla en el desarrollo de un híbrido de temperamento punk y sensibilidad pop. Una mirada hacia el groove desvergonzado con ‘Our lips are sealed’, el tema capital del álbum y por el que siempre serán recordadas. Rob Freeman y Richard Gottehrer (Blondie, Richard Hell), al frente de la producción, calcaron perfectamente no solo las predilecciones de la época, sino también lo que estas chicas podían dar de sí; desde ecos del surf rock californiano que corría por sus venas como puede comprobarse en ‘How much more’, a la sensualidad femenina enfatizada en ‘Fading fast’ y ‘Lust to love’, las más radiantes para servidora.

 

 

Siempre acompañando, los inolvidables y díscolos riffs de Charlotte Caffey (también teclados) y Jane Wiedlin, altamente destacables en la intrépida ‘We got the beat’, conducidos por la voz de Carlisle en modo faltón. O la extraña exquisitez de ‘Tonite’, divertido pasaje marcado por los breaks de batería de Gina Schock y el bajo de Kathy Valentine, quien venía por cierto de tocar en bandas como Girlschool y Textones. Decisión y rotundidad en ‘Automatic’, de silencios provocadores y tempo entrecortado y desafiante. Tal y como eran ellas, un grupo de amigas que consiguieron llegar a lo más alto, y en un solo salto abrazaron la tentación del lema sexo, drogas y rock & roll, siendo este último, al final, la menor de sus preocupaciones (escuchar ‘This Town’).

 

 

Por aquel entonces, el “verano del amor” quedaba ya muy atrás, y aunque la música disco comenzaba a pegar un gran impacto, la rebeldía del submundo supo anteponerse con actitud y discos como este. Una oda al punk que antecedía y una puerta abierta a lo que sería la evolución de la música pop como hoy en día la entendemos.

Anterior entrega de Operación rescate: “Young loud and snotty”, de Dead Boys.

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