“MTV Unplugged” (1997), de Bryan Adams

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ACÚSTICOS

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“Bryan Adams no desaprovechó la oportunidad, y convirtió su “MTV Unplugged” en un álbum cargado de generosidad, originalidad y juego” 

 

El Bryan Adams de vertiente rockera construido a sí mismo en los ochenta junto al autor de baladas cinematográficas de éxito en los noventa. Ambos están registrados en este imprescindible directo que recupera África Egido.

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BRYAN ADAMS
“MTV Unplugged”
POLYGRAM, 1997

Texto: ÁFRICA EGIDO.

En el año 1997, referentes musicales como Paul McCartney, Eric Clapton, Neil Young, Pearl Jam o Bruce Springsteen ya engordaban (y elevaban) la larga y jugosa lista de los MTV unplugged. La cadena estadounidense se había convertido en los noventa en improvisado especialista en revitalizar carreras de éxito que empezaban a renquear y, sobre todo, en ofrecer la posibilidad a grandes artistas de reinventarse con una buena excusa.

Bryan Adams no desaprovechó la oportunidad, y convirtió su “MTV Unplugged” en un álbum cargado de generosidad, originalidad y juego. Porque no solo dejó un disco con personalidad y vocación de álbum nuevo, también plasmó en este lienzo sonoro una buena panorámica de los dos Adams: el de los ochenta, el rockero descarado y de emoción incontinente del ‘Summer of 69’, y el que empezaba a aparecer en los noventa, el autor romántico del cine que encandiló a unos y defraudó a otros.

Mayoría de edad

El canadiense despertó para la industria discográfica cuando en 1979 grabó su debut (“Bryan Adams”) con un rock que perfilaría en sus posteriores “You want it, you got it”, “Cuts like a knife” y “Reckless”. Es precisamente en estos dos últimos trabajos, producidos por Bob Clearmountain y compuestos junto a Jim Vallance (un triunvirato creador de hits), donde quedaba definido el sonido que le identificó en los años siguientes: un rock de texturas limpias, sin complejas estructuras ni alardes armónicos, pero cautivador y emocional, apoyado en su voz cálida y expresiva, y en melodías capaces de sostenerse por sí solas. Desde ahí nacerían después su álbum “Into the fire” y su magnífico directo “Live! Live! Live!”.

El viento soplaba a favor de Adams con el cambio de década.  En los noventa, su éxito se mantenía intacto aunque, para el gran público, su temperamento rockero empezaba a quedar eclipsado por el autor melódico de canciones edulcoradas, el creador de hits cinematográficos y amante de los dúos. En aquella época, sus colaboraciones y sus composiciones para cine empezaban a arrebatar protagonismo injustamente al resto de su música. Así ocurrió cuando en 1991 vio la luz su extraordinario “Walking up the neighbours”, cuyo éxito internacional, sin embargo, se apoyó en su ‘I do it for you (Everything I do)’, tema central de la película “Robin Hood, príncipe de los ladrones”.

Tras su recopilatorio “So far, so good”, aumentaron sus participaciones en bandas sonoras. Parecía tener la varita mágica del romanticismo, y sus ‘All for love’ (“Los Tres Mosqueteros”) con Sting y Rod Stewart, ‘Have you ever really love a woman’ (“Don Juan de Marco”) con Paco de Lucía, y ‘I Finally found someone’ (“The mirror has two faces”) con Barbara Streissand se coreaban por todo el planeta.

Tras la vorágine cinematográfica, en 1996, publicó “18 till I die”, con Robert John ‘Mutt’ Lange (ACDC, Def Leppard) en la producción y, por primera vez, sin canciones compuestas junto a Vallance. Ya era oficial: el sonido de los ochenta y primeros noventa quedaba atrás.

Punto y aparte acústico

El “MTV Unplugged” se grabó en el Hammerstein Ballroom de Nueva York en septiembre de 1997, solo un año después de la publicación de aquel disco “de ruptura”. El de Ontario —como era previsible— dio más visibilidad a sus composiciones recientes, pero hizo de este álbum un espléndido cierre de etapa: regaló tres canciones inéditas y se tomó en serio la tarea de transportar sus canciones a nuevas sonoridades. Para eso, contó con la colaboración de una orquesta compuesta por alumnos de la Juilliard School of Music dirigidos por Michael Kamen.

Aunque el disco parece dividido estilísticamente en una cara A (sus clásicos con Vallance y Clearmountain) y una cara B (sus temas recientes, creados en su mayoría con Lange), el sonido del álbum tiene la nostálgica atmósfera del primer Adams, gracias al trabajo de Clearmountain en la grabación y las mezclas.

Con un escueto “buenas noches a todos, allá vamos”, abre el concierto rescatando de “Reckless” su imperecedero ‘Summer of 69’, un acertadísimo arranque que encauza el discurso del álbum, siempre bandeándose entre el romanticismo intimista y la incontinencia expansiva. Eso sí, haciendo de su voz y su guitarra el eje de todo.

Hechas las presentaciones, el disco se convierte en una divertida sucesión de regalos y reinvenciones. Y el primer regalo llega con ‘Back to you’, uno de los temas inéditos que ofrecería en la velada. La canción era nueva, sí, pero en perfecta sintonía con los clásicos que iban a sonar inmediatamente después: ‘Cuts like a knife’ y ‘I’m ready’, de “Cuts like a knife”, y ‘Fits ya good’, de su segundo álbum “You want it, you got it”.

 

Si en ‘Cuts like a knife’ viaja tímidamente al folk con la mandolina y la flauta irlandesa, en ‘I’m ready’, el viaje se desboca. Y es que el canadiense rescata una canción originariamente cruda, electrizante y urbana para convertirla en una ensoñación evocadora, casi medieval, arropada con vientos y cuerdas de la orquesta de alumnos de la Juilliard. Quizá es ‘Fits ya good’ el único tropezón, pues la canción queda ligeramente empobrecida en este nuevo paisaje.

En el ecuador del disco, aparece el autor de baladas aterciopeladas con mimbres de superéxito, y lo hace con el inédito ‘When you love someone’. Con esta canción, de inspiración cinematográfica, el canadiense cierra una ‘cara A’ redonda y coherente.

Adams abre su particular ‘cara B’ devolviéndonos al presente, al de 1997, con cuatro cortes de su último trabajo: ‘18 till I die’, apoyada en magníficos arreglos de cuerda, ‘I think about you’, un country acelerado que acentúa su aroma fronterizo, y la divertida e intensa blues jam de ‘If ya wanna be bad — Ya gotta be good/Let’s make a night to remember’. Un bloque de regreso a las entrañas de la música rematado con ‘The only thing that looks good on me is you’, que ahonda en este oasis de clasicismo y luminosidad.

Encabeza la recta final del disco otro track inédito, ‘A little love’, un tema de subdivisión ternaria que rebaja las revoluciones del show antes de emprender el viaje de recogimiento final. Como si las despedidas fueran tarea exclusiva de la melancolía, la desnudez y la balada, suenan su clásico ‘Heaven’ y su reciente ‘I’ll always be right there’. Y ambas llevan al primer plano su incuestionable talento para sustentar, casi exclusivamente con su voz, las canciones. Y también, por qué no, para mostrar cómo puede quebrar a placer una balada con algún que otro aguijonazo en el estómago.

 

Hay críticos que opinan que, después aquel “MTV Unplugged”, el canadiense no volvió a brillar con la espontaneidad de sus primeros 18 años de carrera. Dicen que le abandonó la inocencia que tan certeramente retrataba su “verano del 69”. Tal vez, con aquel disco, Bryan Adams simplemente se despidió de su adolescencia musical. Y después, llegó el otoño.

Anterior entrega de Acústicos: “En acústico” (2002), de Elefantes.

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