Mirapiés, de Trampa 22

Autor:

DISCOS

«Han forjado un mundo que recoge sonidos selectos y exquisitos»

 

Trampa 22
Mirapiés
AUTOEDITADO, 2024

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Hubo, a mediados de los años ochenta, una canción que quedó en la memoria popular. El grupo, La Dama se Esconde, ya solo es conocido por unos cuantos aficionados, pero en la época su canción “La tierra de los sueños” sonó hasta la extenuación y fue pasto, después, de recopilatorios con lo mejor de ese tiempo. Duraron desde 1985 hasta bien entrados los años noventa. Toda la década, si contamos que habían publicado dos singles anteriores con el nombre de Agrimensor K, más oscuros pero perfectamente integrados en un mundo en el que existían Parálisis Permanente y Los Monaguillosh.

Volvemos a este 2024, donde nos podemos encontrar un álbum cuya referencia es Trampa 22, un dúo cuyos componentes, Sergio Barcia e Ignacio Valencia, el bajista de las formaciones anteriores, huyen ahora de sonidos lúgubres o barrocos para abrazar una acariciadora naturalidad. Solo hay que escuchar “Lo mínimo”, la que abre el álbum, para notar un cierto deje latino y una guitarra mucho más mediterránea que nunca. Y, de fondo, arreglos muy cinematográficos, casi easy listening y con unos vientos pulidos que hacen crecer la canción y su ideal de vida: ser capaz de alcanzar la felicidad con lo que tienes. También acaricia sensibilidades latinas “Universo paralelo”, que en este caso incluso llega a ser bailable, empujada por sus guitarras elegantes.

En ocasiones —“Distinto” es buena prueba—, se asemejan a esos dúos de cantautores que florecieron a mediados de los setenta, Víctor y Diego, o don Francisco y José Luis-por sus juegos de voces, las bellas melodías y un mensaje entre íntimo y social. Pero ello no quita que, como en “A lo mejor”, puedan abarcar ambientes sofisticados, paisajes nocturnos de jazz suave, de orquestas de cabaret, de conflictos que empapan el corazón en formol. Pasaría, la canción, por un bolero, con esos saxos crepusculares y esos coros tan elegantes. Sofisticada y afín también a los setenta es “El resto del día”, que podría ser la música de cabecera de una serie de esa década en su instrumentación, con ciertas dosis funky —siempre elegante— que podría ser afín al sonido donostiarra defendido por 21 Japonesas.

También es funky y con prestancia “Llueve”. Pero si algo barniza al disco es su variedad. En “El tiempo de la espera” utilizan la electrónica para un poema de desamor, con estampas levemente iluminadas, pero llenas de esa belleza de la pérdida. Por el contrario, “Nada más” se sostiene únicamente en guitarra acústica y emoción. Es una declaración de vida envuelta en un hálito bucólico, que casi presenta el final, con dos canciones —“Será” y “El mundo es el lugar”— que vuelven a los hábitos de sofisticación.

Con el nombre extraído de una novela satírica antibelicista, Trampa 22 han forjado un mundo que recoge sonidos selectos y exquisitos, aunque veces recorren otras estancias, las del baile o las de la naturalidad, dando así variedad al disco, plagado de hermosos arreglos y de vida. Una vida que esperamos que sea larga y fructífera para el grupo. De momento, me avisan de que ya tienen nuevas canciones grabadas.

Anterior crítica de discos: Ballad of a bystander, de The Reytons.

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