Leonard Cohen en las trincheras

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COMBUSTIONES

«Bueno es saber que la memoria del viejo druida sigue interesando lo suficiente como para animar proyectos de esta naturaleza»

 

Se ha anunciado recientemente una nueva serie de televisión sobre Leonard Cohen. En ella se abordará la etapa en la que el canadiense asistió a la guerra del Yom Kippur armado de su guitarra. Alrededor de esta iniciativa y de aquel período musical del poeta y cantautor, divaga hoy Julio Valdeón.

 

Una sección de JULIO VALDEÓN.

 

Noticia interesante para los seguidores de Leonard Cohen. Una productora quiere sacar adelante una serie de televisión sobre su visita al frente, durante la guerra del Yom Kippur. Estaría basada en el libro Who by fire: Leonard Cohen in the Sinai, del periodista Matti Friedman. Si todo sale bien, debería de empezar a rodarse en un año.

El proyecto tiene miga. Aquel fue un periodo… turbulento. No hablo de la guerra, que por supuesto, sino del estado emocional del canadiense. Con 39 años y varios discos en la faltriquera, había empezado a dudar de su propia alquimia. El inicio de las hostilidades lo cogió en Hydra, donde vivía con su pareja, Suzanne, y su hijo, Adam. Alérgico al compromiso, enfangado en una relación quebrada, las trincheras debieron antojarse un lugar acogedor. De la peripecia regresaría con una canción mayúscula, “Lover, lover, lover”

En total fueron dos semanas desquiciadas, enardecidas y, en cierta forma, hermosas. Leonard tocaba para la tropa y dormía en cualquier parte. Animado por un vago sentimiento épico, con ese complejo suyo de presunto fraude que lo empujaba a someterse a duras friegas de disciplina autoimpuesta, había rechazado cualquier prerrogativa de estrella. No iba en calidad de aparición para asombro de los soldados, sino como uno más. Empotrado entre las divisiones de blindados. A lomos de un Jeep. En vez de empuñar un subfusil ametrallador, viajaba con su guitarra. Como conté cuando salió el libro, rememorando los párrafos que su biógrafa Sylvie Simmons dedicó a la aventura: «Si estaba demasiado oscuro para poder ver, los soldados lo alumbraban con sus propias linternas».

También les digo que soy muy consciente de que casi todas las películas y series consagradas a un músico son una mierda. Pierden gas a chorro en cuanto un enjambre de herederos y publicistas arranca a poner condiciones. Pero bueno es saber que la memoria del viejo druida sigue interesando lo suficiente como para animar proyectos de esta naturaleza. Ya solo falta que su discográfica empiece a tomárselo en serio y recupere todas esas inéditas y directos que, de momento, comen polvo en los archivos.

Anterior entrega de Combustiones: Joaquín Sabina, patrimonio nacional.

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