La historia de Décima Víctima en cinco canciones

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Su trayectoria no duró ni un lustro, pero en el tiempo que compartieron rubricaron canciones de las que dejan huella. Para acompañar el amplio reportaje sobre la historia de Décima Víctima -publicado en el número 21 de Cuadernos Efe Eme, que puedes consultar y comprar aquí-, Sara Morales escoge cinco de sus canciones clave.

 

Selección y texto: SARA MORALES.

 

Fueron la cara B de La Movida, el lado oscuro del estallido cromático de los desaforados años ochenta en España. Porque mientras sus coetáneos disparaban con fulgencia diatribas libertarias a golpes expresionistas, ellos se atrevieron a apostar por la melancolía y la sobriedad, armados de unos himnos que se zarandearon entre la decadencia y la destemplanza.

Afincados en la corriente post punk proveniente de la Europa de los setenta, Décima Víctima traspasaron las barreras del espacio y el tiempo para implantar el dogma de la oscuridad en un Madrid que asistía a su despertar multicolor. Y a base de sonidos tenebristas engendrados por una caja de ritmos después convertida en batería —tocada por José Brena—, un bajo —Per Mertanen— y una guitarra —Lars Mertanen—, comenzaron a perfilar una colección de composiciones que impulsadas por el fantasmagórico barítono de Carlos Entrena los llevó directamente a alzarse como padres de la ola fría en nuestro país.

Una trayectoria breve desarrollada en cuatro años (1981-1984), dos álbumes de estudio, dos epés, un maxisingle y varios sencillos, pero suficiente para ganarse un sitio en el palmarés de la posteridad representando el lado más siniestro de la nueva ola nacional. Estas son las cinco canciones imprescindibles en la obra de esta banda de dos españoles y dos suecos que tuvieron el don de atisbar belleza en las tinieblas.

 

1. «Tan lejos» (Primera maqueta, 1981, y epé Tan lejos, 1982)

Una de las mejores composiciones del pop español de todos los tiempos, gema imperecedera de la herencia que nos dejaron Décima Víctima y que los impulsaría merecidamente al recuerdo intergeneracional. Vio la luz por primera vez en la maqueta con la que debutó la banda, grabada en cuatro pistas y producida por ellos mismos en los estudios Doublewtronics en 1981; sin embargo, con el paso de los años irían perfeccionándola hasta convertirla en su estandarte llevándola a encabezar su segundo epé (Tan lejos, 1982), para el que ya contarían con José Brena a la batería y Paco Trinidad a la producción.

Escrita por Carlos Entrena, se pasea por el drama de las relaciones personales desde un latido abatido que conduce irremediable hacia el fracaso. Crudeza y desolación en unos versos que rompieron esquemas en las ondas radiofónicas de los primeros ochenta.

2. «La razón de la discordia» (epé El vacío, 1982)

Los problemas que el vocalista Carlos Entrena arrastraba de su pasado más inmediato en Ejecutivos Agresivos con la discográfica Hispavox, sumados a la búsqueda de independencia y libertad creativa de Décima Víctima y algunas bandas amigas de la época, dieron lugar a un nuevo sello denominado GASA (Grabaciones Accidentales S.A.), en enero de 1982. El primer tema que grabó la recién inaugurada disquera fue «La razón de la discordia», una canción que trae de vuelta el gris manchesteriano que tanto influyó en el sonido del cuarteto (por entonces todavía trío) y que terminaría formando parte del repertorio de su primer epé, El vacío (1982). Producido por Paco Trinidad, que estuvo al mando de la producción en GASA durante varios años, este trabajo continúa la apuesta inicial de la banda por la lírica cacofónica y un bastidor de cuerdas y líneas de bajo tan potente que la caja de ritmos comenzó a quedárseles pequeña.

3. «La voz que me persigue» (Décima Víctima, 1982)

El primer y homónimo álbum de Décima Víctima fue, sin duda, su trabajo más tétrico y oscuro. Un set de canciones desprovistas de artificios, pero con ademanes de experimentación, que cabalgaron entre la corrosión, la urgencia y la delicadeza instrumental y conceptual. Ya con José Brena a la batería, que grabó el segundo epé (Tan lejos, 1982), la banda consiguió componer las piezas de su identidad que, desde aquel momento, transitó entre la facción más punk (Per y José) y la más clásica (Carlos y Lars).

Juntos darían vida a temas venerados por sus devotos, entre ellos «La voz que me persigue», con una sección vocal que se aproxima al recital eclesiástico y una potencia tan sugestiva que los alzó al rotundo reconocimiento mediático y popular en aquel 1982.

4. «Un hombre solo» (Un hombre solo, 1984)

Tras los conciertos de presentación del primer álbum y una serie de acontecimientos en el seno interno del grupo que los distanció por motivos profesionales ajenos a la música, Décima Víctima decidieron poner fin a su camino en común el 3 de diciembre de 1983 con un concierto en Rock-Ola. Sin embargo, unos meses después les ofrecieron la oportunidad de grabar un segundo disco con todo el material que había quedado sin ver la luz. A pesar de que el grupo ya estaba disuelto, aceptaron; y de esta oportunidad nació Un hombre solo, su segundo elepé, su álbum post mortem. Curiosamente un trabajo que, pese a su base congénita tendente a las sombras, apuesta por un sonido de tintes country y americana nacidos del gusto del guitarrista Lars Mertanen por la música de Duane Eddy.

De entre todas las canciones del álbum, la homónima «Un hombre solo» se erige como una de las composiciones más redondas de la banda, reconocida así por sus propios creadores. Un tema que nació del puño y letra de Carlos Entrena durante una etapa complicada y en cuyos versos muchos vislumbran ciertas reminiscencias de Un artista del trapecio de Kafka.

5. «Paisaje rural» (Décima Víctima, en el garaje, 2019)

El pasado 11 de octubre, y para sorpresa de todos después de treinta y cinco años en silencio y alejados de los focos, veía la luz un nuevo trabajo de Décima Víctima. Un disco llamado Décima Víctima en el garaje, editado por Munster Records y compuesto por grabaciones inéditas extraídas de uno de los últimos ensayos de la banda en 1983, cuando preparaban la llegada de su segundo disco que, finalmente, se hizo tangible cuando ya se habían separado.

Paco Trinidad y el propio grupo fueron los encargados de la producción, pero para su lanzamiento actual ha contado también con la remasterización de Jesús Amodia. Un material único y exclusivo por contener la fuerza del directo y sin pulir de Décima Víctima, en el que repasan algunos de sus grandes éxitos ante la comodidad de su local de ensayo y presentan un tema que nunca llegó a ver la luz, hasta hoy: «Paisaje rural», un tesoro instrumental y atemporal.

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