La cara oculta de las canciones: ‘Riot act’, la peor resaca de Elvis Costello

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«El incidente de Columbus fue lo primero que mucha gente supo de mí y ha sido la cosa que más ha pesado en mi carrera. Es bastante deprimente»

 

A veces, el alcohol juega malas pasadas. Una inoportuna discusión de bar con Stephen Stills y Bonnie Bramlett, terminó con Elvis Costello en el punto de mira de la prensa y siendo acusado de racista. ‘Riot act’ sería el resultado de la peor resaca de Costello.

 

Una sección de HÉCTOR SÁNCHEZ.

 

Después de una noche regada por el alcohol, Elvis Costello quedó destrozado. No era porque la boca le supiera a alcantarilla o porque todo diera vueltas alrededor de su cabeza. La resaca con la que Declan Patrick MacManus se levantó una mañana de marzo de 1979 no era una resaca normal y corriente. Era peor. De esas que pasan factura.

Con motivo de la presentación de su tercer álbum, el magnífico “Armed forces” (1979), Elvis Costello y su banda, los Attractions, se embarcaron en una gira por Estados Unidos. Después de uno de los conciertos, Costello y el bajista Bruce Thomas decidieron terminar la noche tomando algo en el bar del hotel Holiday Inn de Columbus, Ohio. Los ingleses no eran los únicos músicos que habían pensado en relajarse en ese bar, el destino hizo que allí coincidieran con Stephen Stills y su banda, quienes les invitaron a unirse a ellos. A medida que las copas empezaron a circular, lo que comenzó siendo una charla entre dos músicos anglosajones terminó siendo un enfrentamiento dialéctico con el alcohol como mediador. Un envalentonado Elvis Costello comenzó a insultar el carácter y las costumbres norteamericanas. “Déjanos en paz, solo hemos venido aquí por el dinero” o “nosotros somos los blancos originales, vosotros sois los colonizados”, fueron algunas de las perlas que salieron por la etílica boca del deslenguado Costello. Stills se calentó como una olla a presión y Bonnie Bramlett, que formaba parte del grupo, entró en el juego. Cuando la cantante le preguntó cuál era su opinión sobre James Brown, Elvis lo definió como un “culo negrata bailongo”, y cuando Bramlett repitió la jugada con Ray Charles, el inglés le espetó que “solo era un negro ciego e ignorante”. Lo que sucedió después se ha ido adornando según quién lo cuente. Independientemente de que Stephen Stills le pegara o no a un tipo con gafas, Eddie, el barman de origen japonés del hotel, quitó hierro a una pelea que con el paso del tiempo ha sido elevada a la categoría de mito: “Solo unos cuantos empujones, luego el grupo de Stills se dirigió a su autobús y los ingleses se retiraron a sus habitaciones”.

Algo que se podía haber quedado en la barra del bar como una riña entre borrachos enseguida saltó a los medios de comunicación estadounidenses. Bonnie Bramlett se encargó de ello. El hecho de que Elvis Costello se hubiera despachado hablando así del pueblo de Estados Unidos y, en especial, de su comunidad negra, lo convirtió rápidamente en el villano número uno de América. La prensa se posicionó en su contra y el inglés fue acusado de racista y xenófobo. De la noche a la mañana, Declan MacManus se había ganado toda la enemistad del país de las oportunidades y no le quedó más remedio que intentar defenderse y explicarse en una rueda de prensa en el edificio de la CBS. “Os estaréis preguntando por qué os he reunido aquí”, declaró con su habitual sorna, “tan solo quiero aclarar una cosa, no soy racista”. A continuación, se dispuso a explicar lo sucedido: “Bruce y yo estábamos en aquel bar después de nuestro concierto y habíamos bebido bastante. Estábamos borrachos pero no pasados, en ese estado en el que empiezas a reírte de todos. Bromeábamos con los del grupo de Stills y a medida que seguíamos privando, las bromas se hacían más pesadas e incisivas. Supongo que con la borrachera que tenía las cosas que les dije fueron exageradas. ¡Es normal! Pero ellos se lo tomaron en serio. La verdad es que les dije las cosas más ofensivas que pude, lo que sabía, dentro de mi lógica etílica, que les iba a cabrear más”.

Cuando le preguntaron por qué sus palabras estaban dedicadas a los negros, Costello recordó otros de los calificativos que se repartieron esa noche: “Lo que dije de Crosby, Stills, Nash y Young que son muy blanquitos los cuatro, no apareció por ningún lado, ni tampoco la opinión de Bonnie Bramlett de que todos los ingleses son unos jodidos piojosos y no se les levanta nunca. Estoy convencido de que todo el mundo en alguna ocasión ha llegado a esos extremos, a decir algo que no cree”. Y volvió a echarle la culpa al alcohol: “Si no hubiese estado borracho nunca habría dicho esas cosas, en circunstancias normales habría utilizado otras palabras, otra forma de atacarles. Ofender, como táctica, es un argumento muy sencillo”. Más adelante, el cantante lo explicaría de forma más grafica: “Si hubieran sido pintores, habría insultado a Toulouse-Lautrec”.

Uno de los músicos mencionados durante la trifulca, Ray Charles, se lo tomó con filosofía: “Lo que dice un borracho no debería salir publicado”. Pero a pesar de contar con el perdón de Charles y de que las intenciones de Costello fueran sinceras, Elvis no contentó ni convenció a nadie tras aquella rueda de prensa, algo que le dejaría huella durante su trayectoria: “Es horrible trabajar duro por algo durante un tiempo y descubrir que lo que la gente sabe de ti son mentiras e idioteces. El incidente de Columbus fue lo primero que mucha gente supo de mí y ha sido la cosa que más ha pesado en mi carrera. Es bastante deprimente”. Las consecuencias de su borrachera no tardarían en llegar: “Nuestros discos fueron retirados de las listas de reproducción de las radios. Nuestros conciertos, boicoteados, y recibí más de cien amenazas de muerte, por lo que tuve que necesitar guardaespaldas armados para el resto de los conciertos. Salí de Estados Unidos sin poder explicarme, para satisfacción de la histérica y encantada prensa liberal. La gente a la que supuestamente había insultado, Ray Charles y James Brown, tuvieron una visión más generosa de estos comentarios, atribuyéndolos a la idiotez de la ebriedad. No me imaginé que podría volver alguna vez, ni tampoco creo que me lo mereciera a pesar de que había un gran número de hipócritas entre la gente que buscaba hacer daño a raíz de este incidente. Nunca pude explicar del todo cómo salieron de mi boca semejantes palabras”.

Con la opinión pública en su contra, Costello era consciente de que su siguiente trabajo no sería recibido tan bien como le gustaría y la manera de exorcizar todo su malestar generado por el desafortunado suceso se llamó ‘Riot act’. Este tema fue el broche final de su cuarto álbum, “Get happy!!” (1980), un elepé de nada menos que veinte canciones, cuyos títulos aparecían desordenados en la cubierta. El cuatro trabajo del inglés bebía del soul y el rhythm and blues, es decir, de sonidos negros originarios de Estados Unidos. ¿Pretendía Elvis Costello ondear la bandera blanca para pedir una tregua? Así explicó la influencia de estos géneros: “Pudo ser tentador afirmar que tenía algún motivo noble para basar este álbum en la música que había admirado y aprendido antes de mis roces con aquel descrédito. Pero si estaba intentando mostrar respeto y enmendarlo, dudo de que el orgullo me hubiera permitido expresarlo después de haber llevado a cabo mi forzada explicación a aquel jurado de furiosos y mojigatos. Simplemente volví al trabajo y me fié de mi instinto, mi curiosidad y mis imperecederas pasiones musicales”.

En ‘Riot act’, la voz de Costello suena desgarrada, como la de la víctima de un verdugo a punto ser ajusticiado bajo el filo del hacha y expuesto ante los ojos de una audiencia con ganas de sangre reunida en la plaza central. Pero no grita para suplicar clemencia o pedir perdón, sino para mostrar su hastío después del suceso que no debería haber trascendido. El término “Riot act” en el ámbito legal significa “Ley de orden público”, pero Elvis, como buen aficionado a los juegos de palabras, también lo empleó con un significado coloquial que equivaldría a “podéis cantarme las cuarenta”.

Lo que no tuvieron en cuenta aquellos que le cantaron las cuarenta fue que él formaba parte del movimiento Rock Against Racism, ¿cómo podía ser catalogado como racista alguien que participaba en un movimiento precisamente contra eso? Pero por otro lado, lo que Elvis Costello aprendió fue que aquel personaje de gafas de pasta guerrillero y provocador que había creado se le podía volver en su contra. Y también que el alcohol no es un buen compañero en una conversación.

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