La cara oculta de las canciones: ‘Baba O’Riley’ de los Who, el éxito de un fracaso

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File image of rock legends The Who

«Estaba muy deprimido y muy desanimado. Su mujer llegó a decirme que estaba pensando incluso en deshacer el grupo, en no continuar con los Who y preparar otro tipo de proyecto musical»

 

A Pete Townshend, su proyecto llamado “Lifehouse” se le fue de las manos. Pero varias de las canciones que formaban esa obra mastodóntica serían utilizadas por los Who en sus siguientes álbumes. ‘Baba O’Riley’ fue una de ellas, un tema que surge de la hipotética fusión de dos personas reales.

 

Una sección de HÉCTOR SÁNCHEZ.

 

‘A quick one’, incluido en el álbum homónimo (1966), fue el primer flirteo de los Who con la ópera rock. Con “Tommy” (1969), la banda ganó la reputación de ser los padres de este nuevo género, aunque en realidad fueron los Pretty Things los autores de la primera ópera rock: “S. F. Sorrow” (1969). Para el siguiente trabajo de los Who, Pete Townshend tenía en mente un proyecto tan ambicioso que haría pequeña la historia del niño sordo, ciego y mudo que resulta ser un as del pinball y un nuevo mesías. Townshend lo tituló “Lifehouse” y su argumento no era fácil de entender. El proyecto pretendía ser una obra de ciencia ficción con dosis de política en un futuro apocalíptico mezclada con los conciertos de los Who. La trama, de manera resumida, sería algo así: en un futuro indefinido, la Tierra se ha convertido en un lugar inhabitable debido a que la industrialización solo ha traído polución y contaminación. Todo es artificial. El oxígeno, la luz del sol, los alimentos… Todo está creado de manera electrónica o química y la población experimenta placeres y sentimientos virtuales. La sociedad está controlada por una red mundial de comunicaciones llamada Grid que, a su vez, está controlada por un dictador llamado Jumbo. Dentro de esta sociedad irreal y alienada, surge un revolucionario, Bobby, dispuesto a llevar la contraria al gobierno imperante realizando conciertos de rock clandestinos en un lugar subterráneo, similar a las catacumbas, llamado The Lifehouse. Durante estas celebraciones, parece que los asistentes mueren; sin embargo, lo que sucede es que, a través de la música, logran abandonar el mundo virtual y llegan a un mundo real, donde los alimentos son puros y no hay contaminación. Para representar esta parte de la historia, Townshend pretendía que durante las actuaciones en directo de los Who, la gente del público subiera al escenario y que, a través de su fecha de nacimiento y otros datos personales, un sintetizador creara una canción única y personal.

Más allá de esta rareza para los directos, el final de la historia quedaba abierto, ya que para Townshend, este podía tener muchas interpretaciones y no quería que se encasillara como un argumento con un orden clásico: “La historia tampoco podía tener una estructura cerrada como una obra de teatro o un guión de cine convencional. Es decir, la primera cualidad revolucionaria de ‘Lifehouse’ era ser revolucionaria en sí misma, es decir, no tener un argumento con planteamiento, nudo y desenlace convencional. Por tanto, esa transformación de la gente que acude a The Lifehouse en la historia bien puede ser la muerte entendida como liberación, el paso de una dimensión a otra, el despertar de una pesadilla… En definitiva, una metamorfosis, un cambio, en el sentido más abierto del término”. Aunque el guitarrista lo veía todo claro en su cabeza, sus compañeros no lo veían igual de bien. Aunque a Roger Daltrey le gustaba el concepto, no creía que el argumento fuera redondo: “Tal y como nos explicó Pete lo que quería hacer, al menos yo tuve la impresión de que la historia tenía en ese momento aún muchos cabos sueltos, que no parecía acabada de la misma manera que cerró el círculo argumental de ‘Tommy’”.

El proyecto “Lifehouse” comenzó a crecer y convirtieron el teatro Young Vic en su Lifehouse particular. El teatro será el escenario donde los Who ensayarán el proyecto con las puertas abiertas para que el público pueda entrar y participar en la experiencia. El 13 de enero de 1971, Pete Townshend da una rueda de prensa para presentar lo que pretende con su obra: “Vamos a intentar producir una ficción, o un juego, o una ópera, si queréis considerarlo así, y con ello, desarrollar un concepto de puesta en escena musical completamente distinta de lo que se ha hecho en el mundo del rock hasta ahora. Estamos escribiendo una historia y creemos que se podrá representar y llevar a la realidad desde el primer día en que empecemos a actuar regularmente en este teatro. Tenemos idea de utilizar sonido cuadrafónico, cintas pregrabadas con efectos, y de que la máxima capacidad del teatro, cuatrocientas personas, se llene en cada representación de gente que haga suya la música que vamos a tocar y que formen parte de ella”. La soberbia actitud de Townshend y sus declaraciones solo consiguieron que los medios de comunicación salieran más confundidos que cuando entraron.

La bola de nieve de “Lifehouse” seguía haciéndose más grande. La productora de cine Universal se interesó por el proyecto y quiso rodar una película experimental que además incorporara las actuaciones de la banda en el teatro Young Vic. Esto hizo que comenzaran a surgir diferencias entre Pete Townshend y Kit Lambert, el representante de los Who. Lambert se reunía a escondidas con los trabajadores de Universal para tirar por tierra los borradores de Townshend e insistía en que sus guiones, más convencionales que los del guitarrista, eran mucho mejores para la película. Por supuesto, en cuanto el líder de los Who descubrió esta estrategia tan rastrera, discutió con su representante y le retiró la palabra. La película finalmente no se realizó. Por otro lado, los conciertos en el Young Vic no tuvieron el éxito deseado: el número de asistentes no fue tan grande como esperaban y los que acudían no conocían las nuevas canciones.

Después de otras intentonas para que saliera adelante, “Lifehouse” se acabó deshinchando. El bajista, John Entwistle, sabía de sobra cuál fue el motivo del fracaso: “El problema fundamental es que nadie entendía realmente qué es lo que Pete quería hacer, qué es lo que quería comunicar. ‘Lifehouse’, al ser algo mucho más complejo que ‘Tommy’, se complicó demasiado para todos, Pete incluido. Por otro lado, nos equivocamos al pensar que la gente se identificaría con un proyecto así. No entendieron que no era un mero concierto de los Who, sino que pretendía ser una experiencia colectiva, el germen de un movimiento, y tras varios conciertos en el teatro Young Vic en los que vimos que la gente no se identificaba con lo que intentábamos hacer, empezamos a pensar en abandonar la idea, al menos, en su primera concepción”.

Pete Townshend quedó tocado, como recordó el otro representante de los Who, Chris Stamp: “La situación en mayo de 1971 era muy delicada, porque Pete, tanto por su fracaso al intentar desarrollar el proyecto ‘Lifehouse’ como por su fractura en la relación con Kit Lambert, estaba muy deprimido y muy desanimado. Su mujer llegó a decirme que estaba pensando incluso en deshacer el grupo, en no continuar con los Who y preparar otro tipo de proyecto musical. No se daba cuenta de que a pesar de que la gente no entendiera lo que él quería llevar a cabo con ‘Lifehouse’, había escrito muchas y muy buenas canciones, un material que no se debía desaprovechar”. Lo que Stamp propuso fue utilizar ese material y componer un disco sin prisas, que no tuviera nada que ver con películas ni experimentos: “John y Roger especialmente se mostraron entusiasmados con la idea y fueron un apoyo muy importante para que Pete recuperase el optimismo y la confianza en sí mismo”.

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El resultado no pudo ser mejor. “Who’s next”, el quinto disco de los Who, publicado en 1971, no seguía ningún hilo argumental, pero tampoco le hacía falta. ‘Won’t get fooled again’, ‘Behind blue eyes’ y ‘Baba O’Riley’ fueron elegidos como singles del álbum y este último abría el disco. ‘Baba O’Riley’, que en su origen duraba media hora, era uno de esos descartes de “Lifehouse” y, aunque la letra puede parecer confusa, Townshend explicó su significado dentro del proyecto fracasado: “Un grupo familiar autosuficiente que rompe con todo y que viven en una granja en una parte remota de Escocia decide ir al sur para investigar los rumores de un concierto subversivo que promete agitar y despertar a la sociedad británica apática y asustadiza. Ray está casado con Sally y esperan reunirse con su hija Mary, que se escapó de casa para ir al concierto. Viajan a través de las tierras baldías del centro de Inglaterra en una caravana, con un aparato de aire acondicionado que esperan que les proteja de la polución”.

En ningún momento se dice el título de la canción en la letra, por lo que muchas veces se ha llamado de forma errónea ‘Teenage wasteland’. El nombre de la canción está basado en dos personas reales muy importantes para Pete Townshend. Meher Baba [en la foto] fue un gurú indio, líder espiritual de Townshend, cuyas enseñanzas ya le habían servido al músico a la hora de componer “Tommy”: “Meher Baba sostiene la teoría de que los seres humanos vivimos ignorantes de nuestro yo real, de la auténtica realidad, que todo aquello que vivimos, vemos, sentimos, etc. forma parte de un universo soñado por Dios, pero que no es el universo real. Es decir, es como estar en un sueño dentro de otro sueño. Esa concepción me ayudó mucho a definir el personaje de Tommy”. También, la filosofía de Meher Baba sirvió a Bobby McFerrin para componer su tema más famoso: ‘Don’t worry be, happy’ (1988). Por otro lado, Terry Riley es un compositor de música minimalista. La influencia de Riley se vio reflejada en los riffs de teclado y los efectos sonoros empleados en el álbum. El ritmo de ‘Baba O’Riley’ era lo que Townshend imaginaba que sucedería si el espíritu de Meher Baba entrara en un ordenador y se transformara en música. Para el guitarrista, de aquella extraña combinación saldría Baba sonando al estilo de Riley. De este concepto surgió el pegadizo ritmo de sintetizador con el que comienza la canción. El final del violín, interpretado en los directos con una armónica, fue una idea del batería, Keith Moon, y hasta el propio Townshend hizo una breve aportación como vocalista.

Gracias a “Who’s next”, Pete Townshend recuperó las ganas de seguir adelante con los Who y no pudo quedar más satisfecho con el resultado: “Creo que ante la, digamos, ‘derrota’ que a nivel interno supuso el abandono de ‘Lifehouse’, todos nos volcamos en una idea, que podría resumirse en algo así como: ‘Bien, puede que no volvamos a hacer una ópera rock en nuestra vida, pero… ¡ahí tenéis ese puñado de canciones!’”. Los Who no tardaron tanto en recuperar sus ganas por hacer otra ópera rock y en 1973 vio la luz “Quadrophenia”. El resto de canciones de “Lifehouse” no empleadas en “Who’s next” serían reutilizadas tanto en posteriores álbumes de la banda como en trabajos en solitario del guitarrista. El tiempo dedicado a aquel proyecto fallido no fue del todo en balde.

Anterior entrega de La cara oculta de las canciones: ‘One way or another’ de Blondie, persiguiendo a Debbie Harry.

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