“Introglicerina” (1990), de Seguridad Social

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“El disco mantiene vivo su espíritu veintiséis años después, no es simplemente deudor de una época, su discurso sigue vigente”

 

Retrocedemos hasta 1990 para detenernos en el quinto trabajo de estudio de Seguridad Social, “Introglicerina”, un disco con gran protagonismo de las guitarras, de rock and roll y emparentado con el punk. Lo analiza Raúl Tamarit.

 

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Seguridad Social
“Introglicerina”
GASA, 1990

 

Texto: RAÚL TAMARIT.

 

En 1990, Seguridad Social se encontraban en la encrucijada de afrontar nuevos retos: por una parte, podían elegir conformarse con la estabilidad de ser una banda de gran repercusión local, con un gran nombre y un directo apabullante; por otra, apostar por el riesgo y dar el salto definitivo, recoger los frutos de una dedicación de años, depurar estilismos y abrirse a nuevos horizontes. El single ‘Que te voy a dar’ les había abierto, por fin, muchas puertas.

Se habían formado en Valencia a principios de la década de los ochenta con el punk como discurso en su más pura acepción, para desembocar en un aperturismo que abarcaba desde el ska, el reggae, tintes latinos y el rock and roll, iniciando la senda con el maxi “Solo para locos” (Citra, 1986), confirmando su concepto en “La explosión de los pastelitos de merengue” (Xiu Xiu Records, 1987) y afianzándola en “Vino, tabaco y caramelos” (Plataforma, 1988). En este último trabajo estaba el citado ‘Que te voy a dar’, el primer rap con bases metal que se hacía en nuestro país, inspirado en las formas, todavía desconocidas por estos lares, de Run DMC o Beastie Boys. Una apuesta arriesgada, pero que supuso un hito en la carrera de los valencianos.

 

 

Esa apertura hacia otras músicas se inició con la incorporación a mediados de los ochenta del guitarrista Cristobal Perpiñá, de fuerte personalidad, que había militado en L’Avió Roig, banda local de rock-duro. Perpiñá se une al proyecto de José Manuel Casañ, cantante y frontman del grupo con una personalidad, en su caso, pasmosa. Ambos crean un tándem punk-rocker perfecto, de verdadera simbiosis en aquel momento. Eran tiempos en los que el romanticismo imperaba sobre lo puramente comercial.

Junto a ellos estaba Emilio Doceda, al bajo desde los primeros tiempos, cuando aún se hacían llamar Paranoicos, y Julián Nemesio, el nuevo fichaje a la batería. Con esa formación empiezan la preparación de un nuevo álbum, “Introglicerina”, y aquí llegarán las desavenencias. Había que epatar, tenían al fin un contrato discográfico de altura, no podían volver atrás, se esperaba mucho de ellos. Sin embargo en cierta medida el efecto fue el contrario. Habían hecho un disco rotundo, no faltaban canciones, pero solo una tuvo verdadera repercusión: ‘Acción’. A pesar de ello, llegaron a actuar en Francia con el grupo disuelto internamente.

 

 

En este quinto disco las guitarras cobraban un mayor protagonismo respecto a las sendas abiertas anteriormente. Es n disco de rock, en el más estricto sentido del término. El álbum se abre con ‘La bomba’, una canción inmediata, de las que atrapan a la primera, directa y sin contemplaciones, avisando al oyente de que estamos ante una bomba que puede estallar en cualquier momento, y vaya si estalla. Sigue con ‘El ritmo de apostar’, en el que se aprecia ese tándem entre Casañ y Perpiñá, entroncando la herencia del rock duro de los setenta de nuestro país con grupos en boga en ese momento como The Cult. El tema tiene un riff afilado y unos solos abrasivos junto a una de los mejores momentos de Casañ al frente del grupo. ‘Salvaje’ es la única que aún mantiene un tímido momento latino, pero eclipsado por el pesado riff de las guitarras, que le da paso a ‘Acción’, primer single extraído y de importante repercusión nacional. Es un punk arrollador y dinámico, uno de los mayores aciertos compositivos de los valencianos. Junto a ‘1,2,3 mueve los pies’, con rapeo incluido (en la versión maxi fue más extenso) son los dos primeros singles que se extraen del disco. Ambas todavía vigentes en el repertorio del grupo, y rescatadas en el directo “Por siempre jamás. 30 años de Seguridad Social”.

 

 

La cara b no se aleja en demasía de lo escuchado: ‘Qué quieres tú’ es un punk elegante con un mayor protagonismo en la línea del bajo, para darse de bruces con ‘Jaleo Real’, último single extraído del álbum ya con el grupo disuelto. Hard-rock, metal, rap, en definitiva, un acertado intento de aproximarse a lo que habían hecho en ‘Que te voy a dar’.

El punto final lo pone la épica ‘Perdido’, con unas guitarras que en algunos momentos nos recuerdan incluso a Leño. Rock-duro de apariencia punk. Si a todo ello le sumamos la impecable producción de Andy Wallace, que había trabajado con The Cult, Slayer, Aerosmith con “Run DMC”, y posteriormente lo haría en el “Nevermind” de Nirvana, Sepultura, Sonic Youth, Bad Religion o Rage Against the Machine, tenemos buena dosis de guitarras aseguradas. Guns’n’Roses estaban haciendo estragos como influencia de algunos grupos que habían apostado desde sus inicios por el rock, y Seguridad Social no escaparon al encanto del “Appetite for destruction”, plasmándose indirectamente en “Introglicerina”. En concepto y en formas.

 

 

Todo ello derivó posteriormente en que José Manuel Casañ retomara, con otros músicos, el camino iniciado años atrás. Dio un puñetazo en la mesa para no volver a repetir un disco tan clarividente como el que nos ocupa, y mantuvo la llama de sus adorados The Clash para abrirse a otras tesituras sonoras, como demostró en el siguiente disco “Que no se extinga la llama” (GASA 1991), ya con la archiconocida ‘Chiquilla’. Y se convirtió en el estandarte del rock latino.

“Introglicerina” fue el álbum necesario de Seguridad Social. Veintiséis años después mantiene vivo su espíritu, no es simplemente deudor de una época, su discurso sigue vigente. Tal vez, como hicieron en ‘Que te voy a dar’ e incluso un año después con ‘Chiquilla’, se adelantaron a los acontecimientos. “Introglicerina” es un disco de rock and roll que el tiempo aún no ha situado en su merecido lugar. Todavía.

 

 

Anterior entrega de “Operación rescate”:“Raw power” (1973), de Iggy Pop and The Stooges.

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