El disco del día: Roger Sincero

Autor:

“Detrás está Sergio Cerro, guitarra y alma de Happy Losers. Pero eso no importó, solo importaba que asistía a un esplendoroso descubrimiento, y que cada corte del disco demostraba que habían cogido la proporción al número áureo en la música. Guitarras, estribillos medidos, mínima expresión. Máxima flecha al nervio del pop”

Roger Sincero
“Nada pasará”
ROCK INDIANA

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

 

Una de las ventajas que tiene esto del periodismo musical es que a veces se deslizan en tu buzón propuestas a las que quizás no prestases atención en el marasmo en que se ha convertido la música pop en el siglo XXI. Omnipresente pero poco firme, en todos los espacios pero oceánica, cuesta abarcar todo lo que se edita, y más si es de discográficas pequeñas que apenas tienen espacio más allá de internet. Así que el disco de Roger Sincero, en el camino que fue de mi vestíbulo a mi equipo, ya me prometía deleites como en la adolescencia: escuchar algo con buena pinta pero desconocido.

Después me enteré de muchas cosas. De que tras el proyecto estaba Sergio Cerro, guitarra y alma de los desaparecidos Happy Losers, o de que algunas canciones llevaban desde el 2006 en forma de maqueta. Pero eso no importó en la primera escucha, ahí solo importaba que asistía a un esplendoroso descubrimiento, y que cada corte del disco demostraba que habían cogido la proporción al número áureo en la música. Guitarras, estribillos medidos, mínima expresión. Máxima flecha al nervio del pop.

Al abrir, ‘Brian on piano’ da la medida de las tres canciones en inglés. Son luminosas y ligeras, finas como la luz en una mañana y tan claras como el mejor cristal. Parecen relajarse en ellas y no alejarse mucho de lo que hacen los Mittens o Wild Honey. Deberían ser tan alabados como ellos.

Las que derraman en castellano emanan más fuerza, algo que se diría –ahora ya no se dice– power pop. Y múltiples hilos: uno a Fórmula V en ‘Números mágicos’, otro a Rodrigo García en ‘Si pudiera’, a Cooper en ‘Luces que se apagan’, a Teenage Fanclub en ‘Flores congeladas’. Mimo y mesura hasta llegar a la preciosidad que son ‘Mi paraguas gris’ o ‘Si quisiera’, llenas de materia sensible, de tono menor que en la simplicidad de una taza de café hunde toda una melancolía.

Quizás todo el disco no parta más que de la humildad, de unas maquetas, de la artesanía. Pero han conseguido que las canciones se eleven en el aire como globos, perfectas en la luz.

Anterior disco del día: Booker T. Jones.

 

SIGUE EFE EME EN FACEBOOK.

Artículos relacionados