Diez canciones indispensables de Little Richard

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Para despedirnos de uno de los pioneros del rock and roll, el recién desaparecido Little Richard, Xavier Valiño escoge diez de las canciones que marcaron su historia (y la nuestra).  

 

Selección y texto: XAVIER VALIÑO.

 

Ya no queda nadie de los creadores negros del rock, tras la desaparición de Chuck Berry, Bo Diddley, Fats Domino y, ayer, Little Richard. Si Elvis era el rey, nadie podría discutirle a Richard el papel de madrina, reina o, según él mismo se autoproclamaba, quasar del rock, como rezaba el título de su autobiografía.

Nacido en una familia pobre en Macon, Georgia, en 1932, su padre era un diácono de la iglesia y un albañil que vendía alcohol ilegal de contrabando y regentaba un club nocturno. Su familia lo apodó “Lil’ Richard” (‘Pequeño Richard’) debido a su cuerpo pequeño y delgado. De niño ya cantaba en la iglesia. Pero fue al ver al cantante Lloyd Price y enamorarse de su Cadillac, un día mientras fregaba los platos en una estación de autobuses Greyhound, cuando decidió que quería ser una estrella del rock and roll.

Con 19 años ya había grabado su primer disco, dejando salir su salvaje voz, su velocidad endiablada tocando el piano y la fiera escénica que llevaba dentro. Negro del sur, pobre y bisexual, no renunció a los excesos que la vida le ofrecía cuando tuvo oportunidad: como reconoció, llegó a esnifar cocaína por unos mil dólares al día de entonces, se acostaba con hombres y mujeres, montaba orgías y le gustaba hacer de voyeur. Eso no le impidió dejar la música un par de veces al sentir la llamada del Señor, la primera mientras volaba en avión sobre Australia en medio de una tormenta infernal. Aquí están diez de las creaciones que contribuyeron a forjar la leyenda.

 

 1.“Tutti frutti” (1955)

 

Aunque venía grabando desde 1951, Richard no había tenido ningún éxito hasta entonces. Un buen día en el estudio empezó a aporrear el piano tocando este viejo tema compuesto mientras trabajaba de lavaplatos en Macon, un tema que tocaba habitualmente en directo. Tomando elementos del góspel, el blues y el boogie, Richard sienta los fundamentos del rock and roll y de gran parte de su producción, con un vozarrón que se come directamente el micrófono. La letra que mantuvo la onomatopeya en el inicio (representando un patrón de batería que había imaginado) eliminó en su versión final las referencias homosexuales que tenía en un principio (“Le pego a todo, buen culín / Si no entra, no lo fuerces / Puedes lubricarlo, hacerlo más fácil”).

 

Alternativa: «Heeby-jeebies» (1956)

 

2.“Long tall Sally” (1955)

 

Para darle continuidad a su primer éxito, Richard grabó está canción que se llamaba inicialmente “The thing” y que contaba cómo veía al tío John metiéndose en un callejón con una tal Sally; aunque aseguraba después que se lo iba a contar a la tía Mary, quedaba claro, por la forma de cantar, que estaba del lado de John, con aquellos que prefieren lo ilícito, lo prohibido, lo desconocido. Richard ofrece aquí una de sus más rotundas interpretaciones vocales, a todo trapo (tanto que los censores la autorizaron porque aseguraban que no había forma de entender lo que decía) sobre un ritmo endiablado de batería, piano, guitarra, bajo y saxofón a cargo de los mejores músicos de sesión de Nueva Orleans. Después la grabarían Elvis Presley y The Beatles, Eddie Cochran haría una canción respuesta (“Skinny Jim”) y The Kinks la convertirían en su primer single.

 

Alternativa: «All around the world» (1956)

 

3. “Slippin’ and Slidin’” (1956)

 

Entre el 55 y el 60, Richard fue infalible. Tanto que las caras B de sus singles podían haberse intercambiado con las que aparecían como temas titulares sin problema. “Slippin’ and slidin’” apareció como cara B de “Long tall Sally”. Al Collins la había grabado como “I got the blues for you” en 1955. Eddie Bo le escribió una nueva letra sobre un joven que rompe con su novia porque entiende que no es buena para él y la publicó en 1956 con el título de “I’m wise”. Little Richard la adaptó también y, con nuevo cambio de título, la editó una semana después, enterrando la versión de Bo y dejando claro que con el piano podía ser tan incendiario como Jerry Lee Lewis. De todas formas, aquí hay algo más de sutileza para lo habitual en él hasta el momento, en un corte que bien podría considerarse un antecedente del zydeco.

 

Alternativa: «Send me some loving» (1957)

 

4. “Rip it up” (1956)

 

En este caso, el segundo número 1 de Richard no era suyo, sino de John Marascalco, un compositor blanco que lo había escrito convencido de que podía hacer algo similar, después de escuchar “Long tall Sally” sentado en un campo de algodón mientras esperaba que un amigo saliera de la iglesia para cazar conejos. Todos los grandes de entonces hicieron su versión (Chuck Berry, Buddy Holly, Elvis Presley, Bill Halley, The Everly Brothers, Gene Vincent…), pero Richard los supera con rotundidad y sin forzar tanto como en otras ocasiones, con su voz arrastrando con swing el ritmo de una banda que intenta seguirlo.

 

Alternativa: «Jenny Jenny» (1957)

 

5. “Ready Teddy” (The Man Machine, 1978)

 

Lanzada como la cara B de “Rip it up”, “Ready Teddy” fue compuesta también por Marascalco y retocada por el productor de Little Richard, Robert «Bumps» Blackwell. Años después, Richard aseguró que había escrito gran parte de la melodía, pero no tenía aún el olfato comercial para reclamar su parte en la autoría. «Preparado, listo… ¡Vamos, tío!». Desde que arranca al disparo de la pistola, la voz de Richard indica que la carrera está en marcha, poniéndose a sí mismo y a sus músicos a esprintar hasta llegar al estribillo. Cada estrofa es esencialmente un grito a capela que no da un respiro a Richard durante dos minutos, rematado por explosiones puntuales de percusión que van incrementando la excitación de una letra que habla de una chica que quiere sexo ya, y que encuentra su clímax en el diálogo entre el saxofón que gime y el piano de Richard.

 

Alternativa: «By the lights of the silvery moon» (1958)

 

6. “The girl can’t help it” (1957)

 

Escrito por Bobby Troup (autor también de la clásica “Route 66”), estaba pensada para ser cantada por Fats Domino en la banda sonora de la película La chica no puede remediarlo, una cinta muy rockera con apariciones de  Eddie Cochran, Fats Domino o Gene Vincent. Al rechazarla Domino, la tomó Richard, y por eso tal vez se convirtió en el primero de sus éxitos que le dejaba tiempo para respirar al declamar su letra. Con su don natural, Richard no necesitaba nunca apoyo vocal, pero aquí le colocaron un coro doo-woop que le daba respuesta, aunque eso no fue óbice para que Richard volviese a desgañitarse cuando le parecía oportuno, empujando su voz hacia el rojo de la aguja del amplificador y dándole a la canción ese aire de sexualidad desenfrenada que solo él podía lograr.

 

Alternativa: «Kansas City» (1959)

 

7. “Lucille” (1957)

 

El último número 1 de Richard fue compuesto por Albert Collins, aunque Richard le compraría después la mitad de los derechos mientras el primero estaba en prisión. Por una parte, su ritmo (que Richard aseguró que lo sacó de los trenes que escuchaba pasar desde su casa) es más pausado que sus canciones anteriores, sustituyéndolo por un tempo más blues. Por otra, sigue siendo una pura locura, ya que Richard canta como un hombre poseído de anhelo carnal que sabe que nunca podrá saciar. Con un sonido más oscuro, ya que los instrumentos utilizan un registro inferior, sus pausas, su línea de bajo pesado y su sonido metálico avanzaban los riffs más guitarreros de los 60 y 70. Por algo contó con versiones de AC/DC, The Sonics, The Doors, The Animals o Deep Purple.

 

Alternativa: «I don’t know what you’ve got but it’s got me» (1965)

 

8. “Keep a-knockin’ (but you can’t come in)” (1957)

Si alguien tiene duda de dónde sacó John Bonham la introducción para “Rock and roll” de Led Zeppelin, que escuche el inicio de Earl Palmer en “Keep a-knockin’”, todo un reconocimiento implícito de que este sencillo de 1957 es el rock and roll, sin más. Sus orígenes se remontan a grabaciones realizadas por varios artistas desde los años 20, pero Richard las reconvirtió en una respuesta a la canción de 1955 de Smiley Lewis “I hear you knockin’”, acercándose más que nunca a la influencia de Nueva Orleans en su música. El tema subyacente en la letra es la frustración: puedes golpear la puerta todo lo que quieras, pero no vas a entrar. Y para transmitirlo, nada como un desenfrenado encuentro atronador entre Richard y su saxofonista intentando tocar y cantar más fuerte, más alto, más todo.

 

Alternativa: «I need love» (1967)

 

9. “Good golly miss Molly” (1958)

 

Escrita por John Marascalco y Robert «Bumps» Blackwell, fue el último éxito de Richard, un blues con sabor a Nueva Orleans. Little Richard le escuchó por primera vez la frase “Good golly, miss Molly” a su pinchadiscos sureño favorito, Jimmy Pennick, modificándole la letra para añadirle “You sure like to ball” (que, aunque parezca que habla de que a la persona a la que se dirige le gusta bailar, realmente se refiere al sexo oral). Richard reconoció que tomó la introducción al piano de “Rocket 88” de Ike Turner (1951), aunque acabó haciéndola suya, con su voz de nuevo al límite y un ritmo muy marcado por el baterista Earl Palmer. Años después, Richard demandaría a Creedence Clearwater Revival por haberla plagiado en su “Travelin’ band”. Llegaron a un acuerdo extrajudicial, pero el grupo no dejó de asegurar que no habían copiado esa canción, sino… ¡“Long tall Sally”, también de Richard!

 

Alternativa: «Freedom blues» (1970)

 

10. “Ooh! My soul” (1958)

 

«Elvis puede ser el rey del rock and roll», aseguró Little Richard una vez, «pero yo soy la reina». El frenético “Ooh! My soul”, que grabarían más adelante The Beatles y Big Brother and the Holding Company con Janis Joplin, puede ser una de las canciones propias en las que más clara queda su androginia, su coqueteo, su lascivia, con unos chillidos en los que evidencia que encuentra sus encantos irresistibles. Las listas de éxito ya no estaban por la labor, tal vez porque, cuanto más abiertamente de mostraba en su comportamiento, en el escenario y en sus letras, más rechazo empezaba a suscitar. La llegada de nuevos sonidos y recuperar de nuevo su fe hicieron el resto.

 

Alternativa: «Great gosh a’mighty» (1986)

Para más información sobre Little Richard, el artículo de Juan Puchades Little Richard, la bestia del rock and roll. 

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