Así fue el final de The Clash, The Smiths y Creedence Clearwater Revival (y 2)

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“Las posibilidades del regreso de los Smiths fueron reales durante cuatro días. Noventa y seis horas en las que el milagro pareció factible. Por lo menos Marr lo creyó así”

 

Después de contar los últimos momentos de Led Zeppelin, Sonic Youth o R.E.M. en su primera entrega, Fernando Ballesteros reconstruye el final de algunas de las bandas más importantes del pop, como la Creedence Clearwater Revival, The Clash, The Smiths o los Ramones.

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

Creedence Clearwater Revival
Todavía cuesta creer que la Creedence Clearwater Revival pudieran hacer todo aquello en apenas cinco años. Fueron siete elepés y un ramillete de maravillosos singles que lograron combinar el éxito comercial, aupándose a lo más alto de las listas, con el reconocimiento de la crítica y sin bajones de calidad. Un estado de gracia al que es muy difícil encontrarle paralelismos. ¿Alguien ha dicho Beatles, por ahí?

Dominaron el rock americano con su sonido personal y lo llevaron un paso más allá. Aunque les dio tiempo a forjar una sólida carrera en un lustro, la sensación es que aquelllo terminó antes de tiempo. El 16 de octubre de 1972, los responsables de Fantasy Records y los miembros de la Creedence anunciaron oficialmente la disolución del grupo.

En la génesis de ese final estaban las disputas entre sus miembros, que hicieron acto de aparición en las sesiones del mítico “Cosmo’s factory” (Fantasy Records, 1970). Al parecer, el control que John Fogerty ejercía sobre lo musical y lo económico fue minando la convivencia. Gobernaba el grupo con puño de hierro y no escuchaba demasiado –más bien nada– a sus compañeros, y al final estos se terminaron cansando. El primero que agotó su paciencia fue su hermano Tom, y a su enfado no tardaron en sumarse Stu Cook y Doug Clifford, pero como el éxito les seguía sonriendo, las tensiones terminaron aparcándose, aunque fuera de forma temporal.

 

 

Sin embargo, lo ocurrido en aquellas sesiones tendría continuación en su siguiente visita al estudio para registrar “Pendulum” (Fantasy Records, 1970). Allí sí que hubo consecuencias, porque Tom se marchó de la banda unos meses después, en febrero de 1971. A John no pareció importarle demasiado y decidió seguir adelante sin buscar un sustituto, por lo que a partir de ese momento continuarían como trío.

Pero la brecha estaba abierta y no tenía pinta de cerrarse. Es más, la convivencia de John con sus dos compañeros fue deteriorándose de forma gradual. El final estaba cerca porque aquello era insostenible. Aún así, pudieron grabar “Mardi Grass” (Fantasy Records, 1972), un disco que, por primera vez en su carrera, cosechó críticas negativas. Y en la hora del adiós, como suele pasar, muchos reproches y una acusación: la de Stu Cook, quien señaló a John y su manejo empresarial del grupo como el responsable de que acabaran teniendo el peor contrato discográfico de todos los músicos del país.

¿Había posibilidad de retomar aquello? Definitivamente, no. De hecho, si se han visto estos años ha sido en los tribunales, ya que Doug Clifford, Stuart Cooky la viuda de Tom Fogerty demandaron a Fogherty, entre otras cosas, por utilizar el nombre del grupo y violar los derechos de propiedad de marca registrada. Él también demandó a sus ex compañeros y a la viuda de su hermano en 1996 por usar en su gira el nombre de Creedence Clearwater Revisited. En 2001 se llegó a un acuerdo que más tarde Fogerty, genio y figura, se saltó a la torera haciendo comentarias despectivos sobre la formación de sus ex compañeros.

 

 

Ramones
El 6 de agosto de 1996, en el Palace de Los Ángeles, los Ramones dieron su último concierto. Era el número 2.263 de su carrera. Atrás quedaban dos décadas de rock and roll y diversión en dosis de alrededor de dos minutos repartidas en un puñado de discos. El último, bautizado con el inequívoco título de “Adiós amigos”, había visto la luz el año anterior.

Fue un final meditado y definitivo, como ha contado en más de una ocasión Marky, que sin ser miembro original de la banda es la persona que se ocupó de las baquetas del grupo desde 1978. Él detallaba que un día, en 1994, se sentaron en una habitación y decidieron que se disolverían dos años después. Entre medias, eso sí, habría una gira mundial de despedida.

Estoy convencido de que los Ramones no iban a volver, pero la realidad es que tampoco tuvimos mucho tiempo para comprobarlo: el 15 de abril de 2001 falleció su vocalista, Joey Ramone. Apenas un año después murió Dee Dee y en 2004 fue Johnny el que abandonó este mundo.

 

 

Visto con perspectiva, e informados como estamos gracias a grandes documentales, biografías y testimonios de gente cercana a la banda, lo que cuesta entender es como llegaron a estar tanto tiempo unidos. Y lo peor de todo es que en alguna ocasión, sobre todo cuando escuchábamos a Johnny, la sensación era de tristeza. El grupo que más nos ha divertido vivía una realidad diferente, y comprobar como Johnny se lo tomaba como un trabajo más, francamente, no es agradable.

Como dijo en cierta ocasión Daniel Rey, productor y colaborador, los Ramones eran una familia disfuncional. Una familia en la que la tensión entre Johnny y Joey fue constante. Y es que lo tenían todo para chocar, desde las ideas políticas, ya que el guitarrista era un conservador que sacaba de sus casillas a Joey, pasando por sus personalidades y terminando por conflictos sentimentales. El más grande tuvo lugar a comienzos de los ochenta, cuando Johnny comenzó una relación con Linda, que había sido novia de Joey (y con la que se acabó casando). La consecuencia es que dejaron de hablarse: año tras año, gira tras gira, con meses ininterrumpidos de convivencia y sin dirigirse la palabra. Por otro lado estaba Dee Dee, con sus problemas con las drogas, que también generaron múltiples conflictos. Hay una frase que resume bien cómo debía funcionar la familia: cuentan que el batería, Tommy, dejó la banda en 1978 asegurando haber sido “amenazado por Johnny, despreciado por Dee Dee e ignorado por Joey”.

Todo esto lo sostuvieron los Ramones sin un éxito masivo. De hecho, fue tras su separación cuando comenzaron a recoger más reconocimientos, como el de ser incluidos en el Salón de la fama del Rock and Roll o recibir un Grammy honorífico por toda su carrera. No vendieron millones de discos, nunca tuvieron un número uno y, sin embargo, camisetas aparte, están considerados por muchos amantes del rock and roll como la mejor banda de la historia.

 

 

ABBA
Ocurrió en un aeropuerto mientras hacían tiempo hasta que saliera su avión. Los chicos de ABBA vieron cómo se les acercaba corriendo y gritando un joven con unas pintas bastante raras, tanto que ellos hicieron lo posible por esquivar su presencia. Cuando por fin llegó hasta los suecos, el chaval les dijo que era Sid Vicious y que adoraba al grupo. No era tan extraño, todo el mundo amaba a ABBA allá por la segunda mitad de los setenta.

La suya fue una historia mágica de éxito que duró una década y que se rompió como lo hicieron las dos parejas que formaban el grupo. Agnetha y Björn se separaron en 1979, y dos años después lo hicieron Benny y Frida. Agnetha, a la que el divorcio había afectado mucho, renunció a girar porque quería dedicarle tiempo a sus pequeños. Así que, aun sin anuncio oficial, lo terminaron dejando.

Muchos fans se quedaron esperando su vuelta, tantos que en 2007 se hizo una encuesta en Reino Unido sobre qué grupo echaba más de menos el público, y la banda escandinava ocupó la primera posición. Curiosamente, los dos nombres que les seguían en la lista, Spandau Ballet y The Stone Roses, ya han protagonizado sus respectivos regresos. Pero ABBA no. Nunca han estado cerca del regreso, a pesar de que las obligaciones de la marca con su aparición en diversos proyectos, musicales y cinematográficos, les ha obligado a estar cerca en más de una ocasión. En 2008, cuando se estrenó la película “Mamma mía”, los cuatro fueron a la gala de Estocolmo. Aquella hubiera sido la primera ocasión en la que aparecieran juntos en 22 años, pero no pudo ser porque nadie logró fotografiarlos juntos.

 

 

Los formalismos hacen que se tengan que ver las caras de vez en cuando por asuntos relacionados con el vil metal y en cuanto a una posible vuelta, las cuentas son claras: hay tres votos negativos y el tópico “nunca digas nunca” de Benny, que suena más a frase hecha que a una posibilidad real.

 

 

The Clash
La carrera de los Clash había sido un continuo ascenso desde su debut, y cuando “Rock the casbah” (Combat Rock, 1982) se instaló entre los diez primeros puestos de las listas de ventas en USA e Inglaterra ya se trataba de un grupo de éxito mundial. Pero después de ese disco llegaron tiempos difíciles. La marcha de Topper Headon, víctima de sus problemas con la heroína, fue el comienzo. Con el mánager Bernie Rhodes haciendo y deshaciendo, el siguiente paso fue reincorporar al batería original Terry Chimes. Mientras tanto, la relación entre Mick Jones y Joe Strummer cada vez era más complicada, y más cambios amenazaban en el horizonte. Chimes se marchó y fue sustituido por Pete Howard, y en septiembre del 83, Strummer, Simonon y el mánager de la banda echaron a Jones por sus “diferentes aspiraciones musicales” y su “comportamiento problemático”.

Ahí debería de haber acabado la historia de los Clash, pero no fue así. Lo que hicieron fue reclutar a Nick Sheppard y Vince White para alargar la agonía con nuevos guitarristas y el anuncio de una nueva gira. En uno de esos conciertos anunciaron que al año siguiente iban a lanzar “Cut the crap” (CBS Records International), un desastre que vio la luz en 1985. Ese disco fue un broche nada digno para una trayectoria tan brillante como la suya. Tras aquel borrón llegaría una disolución que, visto lo visto, se había hecho esperar demasiado.

 

 

Hace cuatro años Simonon habló de aquellos tiempos, dejó claro que la situación se había tornado insostenible y que sus cabezas no pasaban por su mejor momento. Decía que el éxito, que te da muchas cosas, también te hace perder contacto con la realidad y te despega violentamente los pies del suelo.

Tras dejarlo, los Clash demostraron sobradamente que lo hicieron convencidos de que aquella era una decisión definitiva, porque oportunidades no les faltaron para volver. Las ofertas fueron buenas, pero la respuesta siempre fue negativa. Las dudas, si es que alguien las tenía, terminaron despejándose –tristemente– con la muerte repentina en 2002 de Joe Strummer.

 

 

The Smiths
En un universo como el de los Smiths, con los sentimientos a flor de piel, era inevitable que la ruptura del grupo estuviera cargada de drama. El detonante fue el abandono de J. Marr, que se marchó agotado. Atendiendo a sus propias palabras, lo hizo “destrozado, bebía muchísimo, se nos había ido la cabeza, tenía el ego inflado y todo era un desastre”. Su adiós sorprendió con el paso cambiado a sus compañeros de grupo, sobre todo a Morrissey, al que hirió mortalmente en su orgullo. Y hablamos de un señor orgullo, conviene no olvidarlo.

El libro “Morrissey & Marr: La alianza rota” (Johnny Rogan, T & B Editores, 2010) retrata con mucho detalle lo que ocurrió en la hora del adiós, un momento que marcó una distancia entre los dos músicos que se mantiene con el paso del tiempo, a pesar de haberse producido algún acercamiento puntual que ha revolucionado las redacciones musicales de las islas. Entre ellos, el que contaba Marr en sus memorias y que se remontaba al 2008, cuando se reunió con Morrisey. Entonces ambos sopesaron la posibilidad de revivir a los Smiths, una tarea que se antoja misión casi imposible teniendo en cuenta cómo acabaron las cosas y los conflictos vividos con juicios traumáticos incluidos.

 

 

Contaba Marr que un día, en septiembre de aquel 2008, se reunieron después de más de diez años sin sentarse cara a cara. Hablaron de sus familias, de sus vidas, pero también de asuntos más espinosos como su relación y la posibilidad de reunir a la banda para algunos conciertos. Incluso pensaron en buscar a un batería, pues evidentemente Mike Joyce, tras su demanda, no iba a volver a compartir grupo con ellos. El guitarrista llegaba a confesar que estaba realmente emocionado pensando en cómo iba a sonar aquello y lo felices que iban a ser sus fans. Las posibilidades de las que hablaba Marr fueron reales durante cuatro días. Noventa y seis horas en las que el milagro pareció factible. Por lo menos él lo creyó así.

Pero uno lee la autobiografía de Morrissey, analiza sus palabras y parece imposible que la reunión de los Smiths sea una realidad en algún momento. De acuerdo, es uno de los mayores deseos del aficionado al pop desde su separación en 1987, pero Moz parece tenerlo muy claro: “Volver ya no tiene sentido”.

Anterior entrega: Así rompieron Led Zeppelin, Sonic Youth o R.E.M.

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