El Drogas: «Mejor no hacer planes, es la vida la que los hace por ti»

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«Encontré catorce textos y esa fue la chispa para volver a mi vida de anacoreta, que es algo que hago con frecuencia, aunque siempre por decisión propia»

 

Tras interrumpir su última gira por la pandemia, El Drogas no perdió el tiempo y se puso a escribir y componer. Ahora presenta el resultado: el libro 189 escritos con una mano enferma y el disco El largo sueño de una polilla. Javier Escorzo habla con él.

 

Texto: JAVIER ESCORZO.
Fotos: KOLDO VILLARREAL (PORTADA) / DANI FERNÁNDEZ (SOFÁ) / EDU UGARTE (PIANO).

 

El año 2020 venía cargado de trabajo para El Drogas, que estaba en medio de la gran gira de presentación del que por entonces era su último disco, Solo quiero brujas en esta noche sin compañía. Con muchas fechas todavía por delante, llegó la pandemia y el confinamiento. Incapaz de quedarse quieto, su cabeza se puso a maquinar; rebuscó en los cajones y encontró unos escritos que sirvieron de mecha para dos nuevos proyectos en forma de libro (189 escritos con una mano enferma, Desacorde Ediciones) y disco (El largo sueño de una polilla, Warner). Para él, lo mejor es no hacer planes y disfrutar de lo que la vida vaya deparando. Disfrutemos nosotros de su bendita enfermedad.

 

Estás presentando un proyecto que en realidad es doble, libro y disco, y creo que el origen está en la pandemia, concretamente en el confinamiento, ¿no?
Sí, lo he creado en este año de pandemia, sobre todo desde el inicio del confinamiento hasta enero de 2021. En enero ya tenía casi todo acabado, ha sido casi un año de trabajo. Cuando más material saqué, tanto de textos como de canciones, fue durante el confinamiento. Luego seguí trabajándolo y en enero murió Boni; ahí me propusieron participar en un disco homenaje que se le quería hacer y me centré en ese proyecto, hice una versión y estuve dos meses con eso. Después retomé estos dos proyectos, hice correcciones, me puse a grabar las canciones, a trabajar con mi hermano [Koldo Villarreal] para hacer las portadas… Pero todo el material, las canciones y los escritos, estaba terminado a finales del año pasado.

El libro se titula 189 escritos con una mano enferma. ¿Cuál es esa enfermedad, imagino que metafórica, a la que te refieres? ¿Quizás esa incontinencia a la hora de escribir y comunicarte mediante canciones y textos?
Así es. Cagar y mear por la mano [risas]. Es lo que tiene la mano enferma. Porque, claro, es una enfermedad de la que uno no se quiere curar. No es nada nuevo, siempre lo he dicho: que no me despierten de este sueño, porque estoy feliz dentro de él.

O sea, que cuando escribes no buscas curarte de esa «enfermedad», sino recrearte en ella.
Sí, así de claro. Yo no tenía en la cabeza estos trabajos. Habíamos sacado el quíntuple disco [Solo quiero brujas en esta noche sin compañía, Warner, 2019], habíamos hecho la presentación en directo de los tres primeros cedés, tenía en la cabeza la teoría de cómo llevar a cabo el siguiente espectáculo, que era la gira del cuarto cedé [Timbre fundido], que tenía un sonido más industrial. Iba a recuperar algunas canciones de La Venganza De La Abuela [GOR, 1998], era un rollo más industrial, así que la estética no iba a tener nada que ver con la primera parte de la gira que habíamos hecho. Tenía todo calculado, creo que es la vez que mejor he tenido planeado algo en toda mi vida. Cuando terminamos en Zaragoza la primera parte de la gira, llegó el confinamiento y la vida me puso en otro sitio, en otro camino. Y en ese pulso con la vida, siempre con una sonrisa, me puse a buscar en los cuadernos a ver qué tenía escrito. Encontré catorce textos y esa fue la chispa para volver a mi vida de anacoreta, que es algo que hago con frecuencia, aunque siempre por decisión propia, no como en el caso del confinamiento. Pero bueno, así comencé a hacer algo que no estaba previsto. Ya ves, para una vez que hago planes a dos años vista, se van al carajo [risas]. Mejor no hacer planes, la vida es la que los va haciendo por ti.

Tirando del hilo de esta enfermedad a la que aludes en el texto, ¿dirías que te nubla la mente, o que te aporta lucidez?
A mí este oficio no solo me gusta, sino que me apasiona. Para seguir aprendiendo a escribir tengo que leer a otra gente, es una de mis aficiones. Para seguir componiendo tengo que seguir escuchando, sorprendiéndome con canciones que igual no sé ni quién las canta, y ese es otro de mis hobbies. Es todo un maremágnum y no me importa que sea así. A veces, la incontinencia te puede hacer creer que todas las pajas mentales que te aparecen por la cabeza merecen la pena, y no siempre es así, a veces tienes que parar y pensar bien qué es lo que merece la pena y qué es lo que no. Cada vez disfruto más con lo que me propongo y con lo que saco adelante, me he propuesto disfrutar de lo que hago. Y tengo que sacar mi tiempo, porque tengo muy claro que mis nietos crecen y, con su crecimiento, el apego hacia los abuelos irá dejando de ser tan efusivo. Quiero aprovechar al máximo el tiempo con ellos, verlos crecer y hacer cosas.

Cuando te pones a escribir, ¿cómo sabes si va a ser un poema o una canción?
Es muy sencillo. Los escritos son como un escupitajo al papel, no me importa si se entienden o no, a veces no lo entiendo ni yo, y no me importa. Solo a veces, en la segunda o tercera lectura, puedo modificar alguna palabra porque busco una estética concreta. Pero estética, no me importa tanto el fondo. La musicalidad ya viene dada por el propio escrito, que, por cierto, me encanta escucharlo en las voces de otras personas, porque no me parece ni que lo haya escrito yo. Y una letra para una canción tiene otra vestimenta, la propia letra te lleva a una melodía, con lo cual tiene que haber ya un maridaje concreto, y a la vez te lleva a moverte con ciertos acordes, con lo cual el traje es importante y cuesta más. Necesito más tiempo para la letra de una canción que para un escrito.

 

«A veces tienes que parar y pensar bien qué es lo que merece la pena y qué es lo que no»

 

¿Eso es porque retocas más las letras de las canciones que los escritos?
Sí, mucho más. A veces, alguna te sale de forma rápida, pero a otras les doy cantidad de vueltas. Para tener una canción de tres minutos y medio la letra me puede llevar más de un mes.

Me parece que, en general, tus escritos son más crípticos que tus canciones. Has dicho que con los escritos escupes, yo había apuntado que con los escritos vomitas, sin pensar tanto lo que quieres decir.
Sí, es exactamente así, no tiene más explicación. Es que no me gusta manosear los escritos. Lo que hago con ellos es, como mucho, tres lecturas. El siguiente paso, revisar la ortografía y demás, me aburre. Esa parte del trabajo me atrae mucho menos.

Llevas años diciendo que lo que más lees es poesía. ¿Qué poetas citarías entre los que más te has impactado?
He leído muchísimos libros que me pasa la gente cuando voy a tocar a los sitios, libros escritos por gente absolutamente anónima, y flipo. Es un verdadero placer leer y encontrar frases que me encantaría haber escrito. De hecho, a veces me apunto cosas y después tengo que rebuscar para averiguar quién era el autor y citarlo, porque me gusta mucho eso, reconocer en otra gente cosas que me gustan, ya sea por el fondo o por la estética. Me gustan los poetas franceses; prefiero a Antonin Artaud que a Rimbaud o a Baudeleire, por ejemplo. Artaud me parece mucho más ulceroso. Leopoldo María Panero me encanta, me leo todo lo suyo, además, gracias a Kutxi [Romero], que me lo va pasando. No entiendo nada de lo que dice, pero me da igual. Es como una canción, que independientemente de su estilo, a veces tiene algo que te toca, por la canción en sí o por el momento en el que estás tú.

Pasemos al disco, El largo sueño de una polilla. Son ocho canciones muy acústicas. De un tiempo a esta parte, se te ve muy cómodo en esas sonoridades.
Sí, me gusta mucho ese sonido. Es muy cómodo, porque yo siempre estoy con la guitarra acústica cerca. El piano también me ha dado la posibilidad de vestir las canciones de otra manera. Me encuentro muy cómodo. Hasta ahora, siempre que había trabajado un proyecto acústico había también otra parte eléctrica, como en el disco quíntuple, que había un disco más acústico pero otros totalmente eléctricos. Este proyecto es todo acústico.

¿Sueles escuchar grupos que hagan música más acústica?
Sí. Bueno, lo escucho, pero no es lo que más escucho. Ahora hay cantidad de «mocetas» que con una guitarra acústica y una voz preciosa hacen canciones impresionantes. Pero no voy a buscar ese tipo de música, igual voy a andar y me pongo los auriculares y no llevo nada preparado, igual me pongo a Fuel Fandango y de ahí te salta a otra canción de no sé quién, que no la conozco.

Ah, te refieres a las plataformas digitales, Spotify y demás.
No, yo eso no controlo. Yo voy con el móvil y pongo YouTube, que cada tres canciones te mete un anuncio. Lo otro no lo entiendo, ojalá [risas]. Podría elegirme canciones con el mp3 e ir con el aparatico, pero tampoco… Si me lo preparo, yo creo que lo dejaría por aburrimiento.

Durante la creación de estos dos proyectos ha habido dos fallecimientos que los han marcado: el de Boni, que ya lo has mencionado, y el de tu madre, cuya enfermedad ya habías tratado en algunas canciones. En este disco hay una canción, la última, que se titula “Nieves cae la vida”, en la que creo que hablas de ella. Bueno, de ella y de las mujeres de su generación. ¿Es así?
Sí. Ese fue un escrito que hice cuando ella murió y que viene en el libro también, es el texto que une el libro con el disco. Le puse música y en realidad no canto, sino que recito. Le metí una melodía a la frase final y la acompañé con la voz de Araia, que es mi hija. Me apetecía cerrar el disco con ese recitado.

En esa canción hay una frase que me parece muy dura: «Como un racimo de uva descompuesta sois abandonadas en este suelo». Te refieres al trato que ha recibido esa generación, supongo.
Sí, se refiere al trato que han recibido, no solo durante la pandemia, sino siempre. Son mujeres que han sacado adelante desde la nada familias, generalmente numerosas. Han trabajado de todo, eran las economistas, las enfermeras, las cocineras, las psicólogas de la familia… Nadie les ha hecho caso nunca, las hemos tenido como seres invencibles. No hay más que ver la pensión de viudedad que cobran, que no llega ni al salario mínimo. Nunca han cobrado por todo el trabajo que han hecho, por sacar un país adelante, que es lo que hacían cuando sacaban sus propias familias adelante. Me parece bastante duro, ha sido un acto de ingratitud por parte del resto de la sociedad.

La última vez que hablamos, me dijiste que estabas feliz porque habías recuperado la amistad con Boni. Me imagino que su muerte habrá sido un palo muy duro, ¿no?
Sí. Muy duro. Ha sido un palo, pero a la vez intento buscarle el punto bonito a lo que fue el reencuentro. Con las conversaciones que tuvimos, me di cuenta de que Barricada había terminado, pero mi relación con Boni estaba muy por encima. Y no le estoy quitando importancia a la historia de Barricada, pero, para mí, reencontrarme con él fue reencontrarme con la persona. Desgraciadamente, con la enfermedad que él tenía y viendo como estuvo los dos últimos años, se veía venir el final. Pero sí, fue una gozada poder recuperar esa relación tanto con Boni como con Isabel [su pareja], porque para mí son inseparables.

«Me di cuenta de que Barricada había terminado, pero mi relación con Boni estaba muy por encima»

 

Háblame de la gira.
Las canciones terminan siendo una excusa para reunirme con otra gente. No me gusta la canción redonda, la que tienes que tocar siempre de la misma manera. Prefiero el garabato, el boceto que puedes poner en común con personas diferentes y que cada una aporte su visión. Manosear la canción entre todos. Ya había trabajado con ellos en el proyecto de la Rhythm’n’Blues Band, excepto con Nahia Ojeta, que tenía ganas de hacer algo con él, pero no con batería sino con percusión. Para mí es un placer enredar de esta manera. Estoy encantadísimo con este formato, y que dure lo que tenga que durar, pero eso no significa que renuncie a otros formatos. Ya hemos hablado del formato industrial, que no tendría nada que ver con esto. Y eso que cuando me he puesto con el formato industrial, hasta en casa me preguntaban qué estaba haciendo [risas]… Siempre lo digo, pero es cierto: en los conciertos de La Venganza De La Abuela había más gente en las pruebas de sonido que luego en los bolos, pero yo me lo pasaba pipa.

En los conciertos que habéis dado hasta ahora habéis agotado las entradas y veo que tenéis muchas fechas anunciadas.
Sí. Hemos disfrutado un montón porque la respuesta del público está siendo bonita y así podemos disfrutar de todo el curro que nos hemos pegado. Han salido muchas fechas… Estamos encantados.

¿Dónde situarías el origen de tu faceta acústica? ¿En la grabación del Mordiscos [DRO, 2006] de Barricada?
Antes. En 1995 hicimos una maqueta con seis canciones en acústico, pero aquello fue un desastre. Era la época de los acústicos, a todo el mundo le daba por los Unplugged de la MTV. Probamos, el proceso estuvo bien, pero el resultado no nos terminó de convencer y lo dejamos ahí. Años más tarde, con el Mordiscos, lo que hicimos fue buscar una ambientación más rhythm and blues que propiamente acústica. Aunque había alguna canción acústica, como “Tu nombre”, con la que empezábamos, pero el resto era más rhythm and blues. Pero sí, aquello tiraba más en esa dirección, el tipo de arreglos vocales, las teclas… Digamos que aquel disco fue la primera piedra, la antesala de lo que ha venido ahora. Todo tiene relación.

¿Tienes idea de recuperar la gira que quedó interrumpida con el disco quíntuple?
Por ahora solo quiero disfrutar de esto. Luego iré viendo. Tengo en la cabeza toda la teoría de lo que me quedaba por hacer, pero no sé si lo haré. Poner en pie un proyecto tiene un trabajo potente detrás, tienes que contar con la gente que quieres que esté… La teoría la tengo, no me costaría planearlo, pero no sé si lo llevaré a cabo.

Terminamos, si me lo permites, con un poco de ironía: sacas un disco quíntuple, preparas una gran gira y viene una pandemia mundial; ahora preparas una gira acústica para teatros, con el público sentado, y levantan las restricciones sanitarias. Mejor no hacer planes y disfrutar de lo que vaya viniendo, ¿no?
[Risas] Sí, así de claro. De todas formas, este proyecto acústico está pensado para teatros y casas de cultura, no para recintos abiertos, salvo que tengan una magia especial. Mi idea inicial era irme a recitar a librerías, con mi guitarra. Le fui dando vueltas y al final pensé que era la excusa para montar algo potente y con peso. Podía haber ido yo solo, haber contado con uno o dos músicos más… Pero al final decidí que fuese así, porque es lo que me apetece hacer.

 

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