Lo que hay que tener: The Allman Brothers Band

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“Optaron por combinar la áspera fiereza de su rhythm & blues sureño –la mejor lectura que un grupo blanco ha hecho jamás de esta música negra– con la vitalista transparencia del country rock de espacios abiertos y olor a ozono, acaudillando así ese fascinante subgénero del rock estadounidense que se conoció como rock sureño”

The Allman Brothers Band
“Brothers and sisters”
CAPRICORN/POLYGRAM

 

 

Una sección de LUIS LAPUENTE.

 

 

Después de la trágica desaparición de dos de sus miembros fundadores, el guitarrista Duane Allman y el bajista Berry Oakley, The Allman Brothers Band optaron por combinar la áspera fiereza de su rhythm & blues sureño –la mejor lectura que un grupo blanco ha hecho jamás de esta música negra– con la vitalista transparencia del country rock de espacios abiertos y olor a ozono, acaudillando así ese fascinante subgénero del rock estadounidense que se conoció en todo el mundo como rock sureño.

“Brothers and sisters” (1973), la quinta entrega de la banda, es una de las cumbres del género, el elepé que sirvió de referencia para decenas de discos de otros artistas similares, desde Charlie Daniels y The Marshall Tucker Band hasta Lynyrd Skynyrd. Una de las claves del sonido prístino y oxigenante de este álbum fue la sustitución de la guitarra de Duane Allman por el piano sureño del gran Chuck Leavell, ese piano honky tonk que flirtea descaradamente con la guitarra líquida de Dickey Betls en temas como ‘Wasted words’, ‘Southbound’ o ‘Jessica’. Otra fue la cesión del protagonismo al hasta entonces segundo guitarrista Dickey Betts, una medida absolutamente afortunada que tuvo efectos inmediatos en el sonido del grupo: no solo en ‘Jessica’, el instrumental más famoso de The Allman Brothers Band desde ‘In memory of Elizabeth Reed’, sino, y sobre todo, en la memorable ‘Ramblin’ man’ (aún con Oakley al bajo), country pop intoxicante, transparente y festivo, un hito en la pequeña historia del rock sureño de los setenta. Dos formidables percusionistas (Butch Trucks y Jai Johanny Johanson), un organista sinuoso (Gregg Allman), un pianista y un guitarrista telepáticos, la magia del rock de las praderas.

Después de “Brothers and sisters” Gregg Allman y sus compinches podían haberse retirado: nada de lo que vino después derrochó tanta fantasía.

 

 

Anterior entrega de Lo que hay que tener: Terry Callier.

 

 

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