Diez canciones mágicas de los Moody Blues

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Luis Lapuente ahonda en el legado de la banda británica y selecciona una decena de canciones imprescindibles para repasar su historia. La banda sonora perfecta del reportaje que él mismo firma en el número 38 de Cuadernos Efe Eme.

 

Selección y texto: LUIS LAPUENTE.

 

Fueron amigos de los Beatles y de Jimi Hendrix, probaron el LSD y le dedicaron una canción a Thimoty Leary, pero evitaron protagonizar escándalos. Inauguraron la era del rock sinfónico, progresivo y conceptual, pero no abusaron de la vacua pirotecnia instrumental y nunca dejaron de escribir canciones pop inspiradas y adhesivas. Les acusaron de blandos e intrascendentes, pero siguen siendo uno de los secretos mejor guardados de la psicodelia británica. Aquí, diez canciones mágicas de los Moody Blues.

 

1.- “Go now” (1964)

Segundo single de los Moody Blues para el sello Decca, publicado en noviembre de 1964, una gloriosa revisión de una oscura pieza soul de Bessie Banks, que les catapultó hasta el Top 1 de las listas británicas y el Top 10 de las estadounidenses. De repente, se convirtieron en una de esas formidables bandas británicas de rhythm and blues, capaces de alternar versiones pegajosas e intrincadas de piezas negroides con inspiradas producciones propias, originales casi siempre del tándem Denny Laine/Mike Pinder. Canta el gran Denny Laine.

 

2.- “Peak hour” (1967)

El álbum Days of future passed está repleto de melotrones, retazos de poemas y caprichos en tonalidad menor, todo ello articulado con esmero en forma de suite para otorgarle prestancia de seriedad. Como esta canción original de John Lodge, que recuerda a los Beatles de “Day tripper”, psicodelia con mellotrón. Aquí ya intervienen los músicos que formaron el quinteto más estable del grupo: Justin Hayward, John Lodge, Mike Pinder, Ray Thomas y Graeme Edge.

 

3.- “Nights in white satin” (1967)

Según Bob Stanley, «la secuencia de canciones del álbum Days of future passed está dispuesta con ingenio (desde “The day begins” hasta “Nights in white satin”), los temas se solapan y el disco está claramente concebido para oírse entero de una sentada. Además, “Nights in white satin”, balada escrita con pluma de ganso, a caballo entre la sinceridad sobrecogedora y las novelas rosas de Barbara Cartland, les reportó el primer single de éxito en tres años (número 19 en 1968)». Original de Justin Hayward.

 

4.- “Tuesday afternoon” (1967)

Escrita por Hayward y Lodge, probablemente la mejor del elepé Days of future passed, una hermosa pieza bucólica que anuncia, sin saberlo, la explosión del progresivo británico: las múltiples capas orquestales machihembradas con adornos de melotrón y embellecidas por un aluvión de voces empastadas en suaves toques de melancolía, que indagaban en un mundo interior de preguntas sin respuesta sobre la naturaleza de las cosas y las personas. Todo ello coronado por esos recitados iniciales y/o finales de Graeme Edge sobre un colchón sinfónico, quizá lo que peor ha envejecido del legado de los Moodies.

 

5.- “Ride my see-saw” (1968)

Composición del bajista John Lodge para el álbum In search of the lost chord, una de sus piezas favoritas para terminar los conciertos, editada en un single legendario con el clásico “A simple game” (escrito por Mike Pinder) en la cara B, que mereció el honor de ser grabado por los Four Tops en Motown. Probablemente, la canción más feliz y más anclada en los cánones del pop de toda su discografía.

 

6.- “Dr. Livingstone, I presume” (1968)

A pesar de la desaprobación de la crítica, lo mejor de la música de los Moody Blues entre 1967 y 1970 poseía gracia y belleza. Al igual que los Beatles, entendían cómo funcionaban las canciones pop como piezas de conjunto. Todos componían y cantaban, ninguno de ellos era un músico especialmente virtuoso o vistoso, y su música está libre de las banalidades que caracterizaban la producción de sus contemporáneos más autocomplacientes. Y, como demuestran las imágenes de la Isla de Wight, a diferencia de la mayoría de sus coetáneos, eran capaces de recrear en directo su sonido de estudio, con suntuosas armonías vocales y vigorosas capas de mellotrones. En este tema del flautista Ray Thomas para el álbum In search of th lost chord parece escucharse a los Kinks.

 

7.- “Lazy day” (1969)

Después de Days of future passed, los Moody Blues publicaron cuatro álbumes de gran éxito: In search of the lost chord (1968), On the threshold of a dream (1969),To our children’s children’s children (1969) y A question of balance (1970). Cada uno de ellos mostraba el nuevo sonido distintivo de los Moodies: una instrumentación de múltiples capas protagonizadas por el melotrón y teñidas de un toque de melancolía, y bancadas de voces resplandecientes rematadas con letras llenas de galimatías aliterados sobre el lugar del hombre en el gran esquema de las cosas. “Lazy day” es una gema de Ray Thomas escondida en los surcos de On the threshold of a dream, donde también brillaba una pieza lisérgica de Mike Pinder titulada “(Thinking is) The best way to travel”.

 

8.- “The story in your eyes” (1971)

Volvemos a Bob Stanley: «La música creada en una época de cambio suele ser fascinante: cuando los géneros se gestan, no existen ideas preconcebidas sobre cómo deben sonar. En 1970, en la cúspide del rock progresivo, muchos grupos se resistían a desprenderse de las aventuras y delicias melódicas de la psicodelia, al tiempo que se atrevían a adentrarse en las escenas del jazz y el folk. El resultado fue una música maravillosa, que se vendía a montones (la gente olvida lo grandes que eran los Moody Blues)». Entre sus discos encontramos trallazos rockeros de alto voltaje emocional, como los de, “The story in your eyes”, una de sus grandes canciones, original de Justin Hayward, e incluida en el álbum Every good boy deserves favour.

 

9.- “Isn’t life strange” (1972)

Clásico mayúsculo compuesto por John Lodge para el álbum Seventh sojourn, una de esas muchas canciones pop basadas en la estructura del Canon de Pachelbel, con alusiones vocales e instrumentales a los mejores Bee Gees, y una permanente sensación de alegría de vivir que les alejaba del patrón acuñado por Roger Waters en Pink Floyd o por el trío Emerson, Lake & Palmer. Después de la gira en la que presentaron este álbum, los Moodies se dieron cuenta de que la fórmula se estaba desgastando y decidieron parar durante unos años, afincados algunos de ellos en California para vivir una vida más tranquila que en Inglaterra.

 

10.- “I’m just a singer (In a rock & roll band)” (1972)

Los Moody Blues no cayeron en la trampa de creerse portaestandartes de causa alguna, aunque muchos quisieron verlos como gurús de una nueva era o como adalides de cierto neoclasicismo; ellos siempre lo tuvieron claro y así lo pregonaron en el séptimo de los grandes elepés de su etapa dorada, Seventh sojourn, con canciones como “Isn’t life strange” y “Formy lady”, o cuando Justin Hayward delimitó el sendero que habrían de seguir, por ejemplo, sus amigos de la ELO: “I’m just a singer (In a rock & roll band)”. «Solo soy un cantante en una banda de rock and roll». Y así era su música, alegría de vivir por encima de cualquier otra consideración.

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