Tatuajes, de Mayte Martín

Autor:

DISCOS

«Un disco de confluencias y correspondencias sonoras que va al encuentro del oyente sensible»

 

Mayte Martín
Tatuajes

NUEVOS MEDIOS, 2024

 


Texto: LUIS GARCÍA GIL.

 

Todo es hermosamente cadencioso en el último disco de la barcelonesa Mayte Martín, que ha titulado Tatuajes porque son canciones que debe tener tatuadas en el fondo de su alma. Y así lo demuestra en cada una de las recreaciones de estas piezas absolutamente antológicas, para las que se acompaña de un terceto intimista y suavemente jazzístico formado por Nelsa Baró al piano y a los arreglos, Guillermo Prats al contrabajo y Vicens Soler a la batería.

Lejana en el tiempo queda aquella jovencísima e intrépida Mayte Martín que se cruzara con el pianista Tete Montoliu, lo mismo bolerista consumada que cantaora flamenca a la búsqueda del duende lorquiano. Mayte era en los años noventa una revelación cuya sensibilidad pertenecía a muy distintos ámbitos de expresión musical.

No hay en este Tatuajes apropiaciones indebidas de clásicos ajenos, sino más bien canciones superlativas pasadas por el filtro de su propio corazón. “Gracias a la vida” de Violeta Parra o “Te recuerdo Amanda” de Víctor Jara han sido mil veces versionadas, pero a ambas dota la barcelonesa de una relectura sapiente y emocional. Lo mismo puede decirse de “Alfonsina y el mar” y otras piezas cimeras del repertorio latinoamericano, como la menos transitada “Zamba para no morir” que le escuchamos en su día a la gran Mercedes Sosa y se derrama como la lluvia en una tarde otoñal.

«Solo dormir, verme borrar/ una historia me recordará» canta Mayte Martín. Una historia que se recuerda como la de “Lucía”, de Serrat, que desde su grabación primera en 1971 ha corrido mejor fortuna en voces femeninas que en masculinas. Mayte Martín toma el testigo de Rosario Flores, Pasión Vega o Judit Neddermann para firmar su propia y personalísima revisión del clásico serratiano.

Tatuajes tiene otros momentos inolvidables, “Amoremio” o Mayte Martín cantando en italiano y situándose a la altura de la legendaria Mina, de su desgarro y sutileza. Por la tímbrica voz de la catalana pasa el Jacques Brel desesperado de “Ne me quittepas”, que no anda lejos de aquella versión que grabara Paloma Berganza con Horacio Icasto Trio al transitar por parecida senda jazzística.

El disco va hacia su final con la cadencia de “En la imaginación”, de la músico e intérprete cubana Marta Valdés que Silvia Pérez Cruz también hiciera suya en su disco grabado con Javier Colina. Mayte Martín escoge también en esta antología particular y sentimental “Eu se que voi te amar” del gran Vinicius de Moraes, cuyo cancionero sigue resplandeciente como el primer día. “El breve espacio en que no estás” de Pablo Milanés sirve de hermoso homenaje al cantautor cubano recientemente desaparecido.

Mayte Martín pone el broche a su disco con dos canciones más que completan la docena, el tango “Por qué vas a venir”, con música de Carmen Guzmán, y esa copla final, la única del disco, “La bien pagá”, con música de Juan Mostazo y letra de Ramón Perelló, resonante y memorable, que tiene presente la manera de entender los cánones del género que marcó Martirio con Chano Domínguez en su disco Acoplados. Tango y copla, en definitiva, como sustentos de una memoria musical imperecedera que Mayte hace suya.

Tatuajes es un disco de confluencias y correspondencias sonoras que va al encuentro del oyente sensible. Canciones que no pasan de moda porque sencillamente nunca estuvieron de moda. El mérito de Mayte Martín es llevarla a su personalidad, siendo respetuosa en la manera de cantarlas, pero imprimiéndoles a su vez su sello como intérprete, a la manera que ya hiciera veinte años atrás en aquel Tiempo de amar que grabara en 2003.

Anterior crítica de discos: ¿Quieres rollo?, de Tu Otra Bonita.

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