Spiceworld 25, de Spice Girls

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DISCOS

«Prefabricadas o no, no cabe duda de que la fórmula triunfó. Así que, hoy, el ejercicio consiste en valorar si aquellas canciones iban realmente en serio»

 

Spice Girls
Spiceworld 25
UNIVERSAL, 2022

 

Texto: SARA MORALES.
Fotos: ADRIAN GREEN

 

Victoria, Geri, Melani C, Emma y Melani B. La elegante, la divertida, la deportista, la dulce y la salvaje. ¿Cómo olvidarlas? Fuimos muchos los que crecimos, rondando la preadolescencia, con el “Wannabe” de fondo, el megalómano pelotazo con el que el quinteto británico reventó las listas de éxitos de todo el mundo, a mediados de los noventa. Aquel hit global, divertido y revoltoso, corresponde a una época, a un momento del crecimiento —para los que nos pilló en aquellas—, que asaltó la actualidad con una propuesta bailonga enfocada a las niñas y niños que buscaban hacerse mayores, identificándose en los arquetipos representados por cada una de las Spice Girls y todas ellas en conjunto.

Sus canciones, sin grandes pretensiones melódicas y conceptuales, compitieron mano a mano con la primera plana de la escena pop rock nacional e internacional de aquel 1996. Y aunque el grueso de los entonces adultos no transigieron, y la propia industria entendió que aquello era un producto con unos objetivos de persuasión y venta muy claros hacia un sector muy concreto, lo cierto es que su música sonó y su propuesta marcó a una generación. Prefabricadas o no, no cabe duda de que la fórmula triunfó. Así que, hoy, el ejercicio consiste en valorar si aquellas canciones iban realmente en serio.

 

Más allá de “Wannabe”

Tras encumbrar la cima del reconocimiento con el histórico “Wannabe”, el primer sencillo de las Spice Girls, publicado en noviembre de 1996, y con el que se dieron a conocer ellas y su primer disco, Spice, llegó un segundo asalto en 1997, Spiceworld. No era sencillo conseguir de nuevo lo que se había logrado con aquel primer y seductor impacto. Sin embargo, pasados los años, su segundo trabajo quizá sí se convierta en el material perfecto sobre el que revisionar la propuesta que traían encima las cinco chicas picantes. Sin las grandes alharacas del mega hit con el que comenzó todo, sin las pasiones y fascinaciones suscitadas por la niñez, sin los prejuicios que, década tras década, han ido haciendo de techo; sin todo ello, pero, a cambio, con todo lo que hemos aprendido por el camino.

El pasado 4 de noviembre Universal y Virgin Records publicaron Spiceworld 25, que, como decíamos, atiende a la reedición del segundo álbum de las Spice Girls para conmemorar el veinticinco aniversario de su publicación, y que verá la luz en físico el próximo 16 de diciembre. Un trabajo que contiene aquel repertorio, nuevas interpretaciones del mismo, rarezas, caras B, algún corte inédito, un libro y demás detalles suculentos para los fans. La selección del material, elegido por la propia banda, da cuenta de que, quizá, no estemos ante el virtuosismo tipo que se exige musicalmente cuando uno crece y evoluciona, pero sí estamos ante un proyecto que detrás escondía ganas, ideas y una lucidez pop que, siendo lo que era —y todos los tenemos claro— pudo infravalorarse más de la cuenta. Tampoco cabe duda de que el boom de las Spice Girls atendió a muchos otros factores, además del puramente musical.

 

«Con un deje presumiblemente rhythm and blues suena apetecible y demuestra que, efectivamente, había más intenciones en las Spice Girl que un pop chicle y facilón de radiofórmula, que también»

 

De las diez canciones que componen el Spiceworld original, continúa entrando fácil a la primera escucha aquel “Step to me”, el tema, posiblemente, más popular del disco, gracias en buena parte a la campaña publicitaria de Pepsi que utilizó esta canción mientras animaba a los fans y televidentes a reunir anillas rosas de las latas para conseguir un cedé single. Con un deje presumiblemente rhythm and blues suena apetecible, y escuchando su demo original, hasta ahora nunca publicada pero presente en esta reedición como uno de los caramelos, demuestra que, efectivamente, había más intenciones en las Spice Girls que las de enarbolar un pop chicle y facilón de radiofórmula, que también.

Había guiños a la samba y a la salsa con “Spice up your life”, tema que entonaban, desde su videoclip, metidas en una nave. Otro acercamiento al soul y a los géneros aledaños lo encontramos en “Stop”, que evoca sutilmente a las Supremmes, y fue escrito por Geri Halliwell antes de dejar el grupo. También transitaron, o por lo menos lo intentaron, por el latido electrónico. Y demuestran los años que había dotes funkys en las Spice Girls. Más allá del “Wanabbe”, que tiró siempre hacia el dance pop, resulta que Spiceworld late sobre todo en la pista de baile. Pero ojo, también en la balada, como ese “Too much”, que puso banda sonora a la película del grupo, y cuyo videoclip fue dirigido por Howard Greenhalgh, que venía de trabajar con Elton John y los Pet Shop Boys, o “Viva forever”, que cierra el disco y que se presenta en este 2022 con una versión inédita.

Cuatro canciones en directo nunca antes publicadas, de su gira en 1998 por Europa y Estados Unidos, y el corte “Spice Girls party mix”, que reúne durante quince minutos una fiesta sonora con sus hits más populares, terminan de bordar, para deleite de los fans, la reedición de este Spiceworld. Un disco que se mantuvo tres semanas en el número uno de los charts británicos, aquel 1997, y que ha vendido, desde su publicación, catorce millones de copias en todo el mundo.

Un trabajo que nos trae al presente recuerdos, del mismo modo que la distancia suficiente para toparse de nuevas con este legado, igual que con el de otras pop stars pretéritas o contemporáneas. Y si dejamos por un momento a un lado la ortodoxia, los clichés y los prejuicios sonoros, veremos que, siendo las Spice Girls lo que fueron, por lo menos nunca pretendieron ser otra cosa. Nunca impostaron y, por el camino que las llevó a convertirse en fenómeno social, dejaron un reguero de ilusión teenager e infantil, así como alguna que otra perla rescatable. Por qué no, peores ideas masticamos, sin llegar a tragar, hoy en día.

Anterior crítica de discos: Libro de familia, de Llorente.

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