“Saldremos a la lluvia” (2008), de Manolo García

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

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“Mezclando a fuego lento sonidos de la naturaleza, instrumentos étnicos, acústicos y eléctricos”

 

Diez años después de debutar en solitario, Manolo García publicó su cuarto trabajo, “Saldremos a la lluvia”. Catorce canciones con nuevas sonoridades que registró en Grecia. Un disco, como el resto de su obra, que analizamos en profundidad en el Cuadernos Especial sobre Manolo García que edita Efe Eme. Se sumerge en él David Pérez.

 

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Manolo García
“Saldremos a la lluvia”
SONY, 2008

 

Texto: DAVID PÉREZ.

 

Manolo García celebró en 2008 su primera década como solista, adentrándose en la naturaleza y respirando profundamente en su cuarto álbum, “Saldremos a la lluvia”. Catorce nuevas canciones donde sigue parando el tiempo a base de versos luminosos, olor a mar y tierra mojada. Esta vez, la curiosidad y la ilusión que tiene grabada a fuego en su ADN le llevaron a Grecia. Un nuevo enamoramiento que se fraguó entre los meses de febrero de 2007 y abril de 2008 en la isla griega de Creta y en Avinyonet de Puigventós (Girona). Donde se entrecruzaron culturas y experiencias de una veintena de músicos (españoles, griegos e ingleses), compañeros de viaje habituales, miembros de Ojos de Brujo y colaboradores experimentados que han tocado con estrellas como Paul McCartney o Peter Gabriel.

Mezclando en una puchera a fuego lento sonidos de la naturaleza, instrumentos étnicos, acústicos y eléctricos. Tejiendo uno de los mantos sonoros más exóticos y ricos de la carrera del cantante hasta el momento, que también se vacía en su faceta de multiinstrumentista, tocando guitarra acústica y eléctrica, batería, percusión y teclados, además de componer y producir. De las mezclas se ocupó Neil Dorfsman en Kentucky y Óscar Clavel en Madrid. Ted Jensen fue el encargado de la masterización en Nueva York.

 

 

Aires mediterráneos

El viaje comienza desplegando desde el primer segundo la personalidad de la obra, rebosante de aires mediterráneos, con el laúd de Stelios Petrakis, la lira de Achilleas Persidis y la percusión de Panagiotis “Tsico” Katsikioti en la canción titular ‘Saldremos a la lluvia’, empapada de verdad y poesía. “Y si llueve saldremos a la lluvia / a lavar las vidas que van acumulando mugre de palo de gallinero. / Tanta mentira, tanto fingir, tanto desastre. / Desnudos sobre el mascarón de proa, / lamiendo con la punta de la lengua / el tinte que desprende la máscara…”. Una letra que desvela la preocupación medioambiental que serpentea por cada pista y llama a la acción. “No solo pueden ellos y mejor si no hay motores, tenemos velas…”. Un problema real que no dejará de mirarnos a los ojos, como el bello zorro de la portada (fotografía de José María Benítez).

 

 

Canto a la naturaleza

Pese a todo, no encontramos nubarrones pesimistas en esta cuarta entrega, sino rayos de sol comprometidos que brotan incansables de su optimismo innato, de su vehemencia, esa que siempre deja la sombra vencida en su música. Una invitación a respetar la naturaleza y con ello, a nosotros mismos, a soltar lastres que no necesitamos, a dejar de correr, a parar de asentir y quemarnos sin que nos demos cuenta.

“Antes que la tristeza sea de suela de zapato, / humildad y camino o letra de abecedario, / ser látigo y restallar a la modorra los sentimientos, / ladera para que resbalen las penas…”. Son versos de ‘No estés triste’, primer single y rayuela que marcaba el pulso de la obra, dejando atrás a cada salto, a cada verso, todo atisbo de desesperanza. “El mundo es muy grande y no para de girar, puedes aprender muchas cosas y salir de ese dolor. A veces, lo mejor para huir del dolor, es buscar otras alegrías”.

 

 

‘Morder el polvo’ entra como una brisa liberadora por la ventana, en esa tarde en la que se dan la mano el verano y el otoño. El viaje continúa eléctrico hacia la Patagonia en ‘Provincia de Río Negro’, para recuperar después la calma acústica y “ver nacer el sol de tu pecho” con ‘Me he sentado a esperar’. Entre paisajes ensoñadores y preciosistas arreglos de cuerda, brota la esencia que vertebra toda su filosofía de vida. Un respirar calmado, auténtico y respetuoso que saborea cada momento, liberado de necesidades artificiales, “descalzo sobre mi propia conciencia”.

Si en ‘Los cítricos amantes’ nos araña la melancolía de un desengaño amoroso (con una resplandeciente armónica muy presente), en ‘Contigo me quedaría’ calmamos la soledad “con palabras, con poesía, con quiebro mágico e indeleble entrega…”, con aires sureños y la guitarra de Pedro Javier González al mando.

 

 

La cristalinamente pop ‘En el batir de los mares’, con una batería muy marcada y una zigzagueante armónica, nos sorprende en su giro final, con un teclado y una percusión que nos sumergen en sonoridades latinas, reminiscencias posiblemente deudoras de su anterior aventura brasileña. Cuando la aguja está a punto de descarrilar encontramos, como bonus track, una primera versión de ‘Sabrás que andar es un sencillo vaivén’, con trazos más acústicos. Además de una pista multimedia con el videoclip de la canción ‘No estés triste’. Retales de una de las odas más bellas jamás escritas en la música popular española, con la defensa de la naturaleza como latido y única bandera.

Anterior entrega de Operación rescate: “Dummy”, de Portishead.

 

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