Sabina: 79 conciertos sin perder la voz

Autor:
joaquin-sabina-18-06-18

Sabina en Valencia, el 20 de septiembre de 2017.

“De los otros 79 conciertos que ha ofrecido en esta gira, la prensa nacional no se hizo eco, no leímos titulares como ‘Noche de antología’ o ‘El mejor Sabina se crece en escena’”

 

Ante las noticias de las últimas horas, y los titulares amarillistas, Juan Puchades recuerda que Joaquín Sabina ha ofrecido otros 79 conciertos en esta gira sin mayores percances, y sin tal despliegue de titulares.

 

Texto: JUAN PUCHADES.
Foto: ADRIÁN CASTELLÓ.

 

Sabina se queda sin voz en Madrid, cuando casi ha completado el concierto previsto, y el mundo se viene abajo. Vivimos en el estado de las autonomías, en el mundo globalizado, pero la vieja España sigue siendo la de villa y corte. La de mirarse el ombligo central. Lo que se cuece en Madrid es lo que importa, se magnifica. Lo demás no tiene relevancia. Reporteros sorbemocos nos recuerdan las veces que ha pinchado en Madrid, porque es verdad que su ciudad (uno no es de donde nace, sino de donde le apetece ser; o de donde puede, en el peor de los casos) parece que le impone, como a una amante a la que no quieres defraudar. Pero en lugar de restarle gravedad al asunto —por más o menos recurrente, que no habitual— llega la hecatombe, los titulares castastrofistas. Pareciera que Sabina ya tuviera pasaje de primera en la barca de Caronte. Porque, como todos sabemos, las afonías son el camino más directo a la tumba… ¡Ay! Los que parecen mortales de necesidad (y necedad) son algunos titulares y sus correspondientes artículos.

La tendencia al dramatismo de la prensa en la era del clic no conoce límites; se exalta (en ocasiones se tergiversa) a la búsqueda del lector digital. Y así nos va. Sumémosle esa tendencia de la prensa nacional y las agencias de noticias de, en temas culturales (“la música es cultura”, decía una pegatina reivindicativa de los últimos años setenta), mirar solo lo que ocurre en Madrid. Porque solo Madrid existe. Vale, exagero, también cuentan los festivales “periféricos” que tienen a bien pagar los gastos de un redactor.

Pero el músico que está de gira se la juega en Madrid, es indudable: a la presión de tocar en un recinto grande, con compañeros y gente del oficio entre los espectadores se suma el temor a la crítica del día siguiente, la que publicarán los periódicos nacionales que, en la práctica, ejercen de locales. Porque un concierto en Santander o en Guadalajara en el mejor de los casos solo logrará una reseña en la prensa del lugar, y se ha instalado en el imaginario que es imposible que un músico se entregue a fondo en esos lugares, porque donde se da todo de verdad es en Madrid… ¡Valiente tontería! El músico se gana la vida tocando y cada noche sale a ofrecer lo mejor, a intentar que el público se lleve a casa un recuerdo imborrable de una noche que se pretende sea de excepción. Y casi siempre es en “provincias” (término madrileño por excelencia) donde pueden verse los mejores conciertos de los artistas nacionales, sin más presión que la de ir a fondo pasándoselo bien para que el público disfrute. Así, en septiembre vi en Valencia, en esta misma gira de Joaquín Sabina, uno de los mejores conciertos que le recuerdo, y llevo cuatro décadas acudiendo a sus espectáculos. Pero cometí el error de no escribir una línea porque en EFE EME habíamos cubierto con pocos meses de distancia tres conciertos suyos. Pero aquella noche Sabina salió en plena forma, a comerse el escenario, disfrutando de su oficio y de las canciones, cantando con gusto y poderío, con una emoción a flor de piel como pocas veces se ven (sentía que le debía algo a la ciudad, porque en julio se había dejado el bis agobiado por la combinación de calor más humedad), y trasladando las buenas vibraciones y la sensación de velada extraordinaria a la concurrencia. Por supuesto, de ese, como de cualquiera de los otros 78 conciertos que ha ofrecido en esta gira, la prensa nacional no se hizo eco, no leímos titulares como “Noche de antología” o “El mejor Sabina se crece en escena”. No, los de este fin de semana venden más (permítanme que los obvie). Las buenas noticias no son noticia. Lo que sucede en “provincias” no sucede.

Pero es que hay más: esos 79 conciertos parece que no existen en las crónicas de las últimas horas, por mucho que haya habido un Olympia en París, un Royal Albert Hall en Londres, nueve auditorios nacionales en México DF y once Luna Park en Buenos Aires. Incluso, en el arranque de la gira, cayeron cuatro Wizik Center madrileños sin mayores percances que hacer disfrutar al respetable. No, mejor remitirse a cuatro años atrás en el mismo escenario y a hechos parecidos con los que tejer la sombra de la duda: una afonía puntual, un reciente trombo en una pierna (que puede pasarle a cualquiera: días antes de que lo padeciera Sabina, el cantante de La Habitación Roja sufrió exactamente lo mismo), versos del último disco… Parece que algunos, ociosos, tuvieran los obituarios ya redactados y prestos a publicarlos en cualquier momento. O simplemente son ganas de retirar o hundir a quien es la mayor figura de la canción en castellano de todos los tiempos, por tanto un patrimonio cultural a preservar o, cómo mínimo, a tratar con respeto.

Desconozco los planes de Sabina, pero no puedo más que desearle una larga y excelente vida y confiar en que grabe un nuevo disco lo más pronto posible, y si le viene en gana, que siga pisando escenarios. Más o menos lo mismo que le deseo a cualquiera. Pero a él con más razón, porque solo puedo sentir gratitud por tantas inolvidables canciones con las que me ha alegrado la existencia durante los últimos cuarenta años.

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