Rockola, Discos. 23 de julio de 2010

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«El sonido de la orquesta, suntuoso y milagrosamente compenetrado con un jazz tecnocrático que esa noche no le hizo ascos al hip hop y que contó con las apariciones estelares de Roy Hargrove y Raul Midon»

Marcus Miller
«A night in Monte-Carlo»

DREYFUS JAZZ/KARONTE

La grabación de la noche que Marcus Miller tocó en el Opera House de Montecarlo tiene tres buenas razones para suscitar cierto morbo. Primero: el sonido de la orquesta, suntuoso y milagrosamente compenetrado con un jazz tecnocrático que esa noche no le hizo ascos al hip hop y que contó con las apariciones estelares de Roy Hargrove y Raul Midon. Segundo: la alta concentración de piezas que llegó a tocar en su momento Miles Davis lo convierte casi de facto en un homenaje no declarado a su persona (el propio bajista fue el último de una larguísima lista de músicos que accedió al gran maestro). Y tercero: la experiencia monegasca culminaba un año intenso para él, en el que no había dejado de hacer cosas extraordinarias e inusuales (por España también pasó con esa extraña entente de bajistas de diferentes generaciones que había sacado de gira: Stanley Clarke, Marcus Miller, Victor Wooten).

Estamos ahora en el 29 de noviembre de 2008. Marcus Miller tiene el plácet de su alteza el príncipe Alberto y la llamada previa de Jean-René Palacio, director musical del Principado (un puesto que indudablemente suena a chollo). A su disposición, la Orquesta Filarmónica de Montecarlo. Conocida la proverbial improvisación del bajista antes de los momentos clave, recibió su primera amonestación: “Marcus, esto es una orquesta y la gente necesita ensayar. ¿Dónde está el programa?”. Aclarado el malentendido, no pudo resistir la tentación de probar desde el inicio el alcance de la orquesta, eligiendo para ello ‘Blast!’, pieza propia de muy reciente creación. Pero para la siguiente ya tenía preparado un descomunal ‘So what’ del que dice haber recuperado esa introducción (bajo sin traste) que según él ya no toca nadie. También recomendables son ‘I loves you Porgy’ (los Gershwin pegan mucho y bien en estos enjoyados contextos) y ‘Amandla’, que el propio Miller compuso a un Miles ya moribundo (y que incluye como licencia adicional la trepidante apertura de ‘Tutu’, en cuyo álbum compartió labores de producción con Tommy Lipuma). Pero sin duda lo mejor está en ese instante en el que él mismo coge el clarinete para tocar un maravilloso ‘Your amazing grace’, en lo que supone un momento lírico inconmensurable en un concierto pleno en lucimientos escénicos. Se incluye como bonus track una magnífica versión de ‘Strange fruit’, grabada en estudio en su casa de California con Herbie Hancock al piano y, de nuevo, Marcus Miller al clarinete.
GERNOT DUDDA.



The Mittens
«Deer park mirage»

LAZY RECORDINGS

Digámoslo sin rodeos: los Mittens hacen unas canciones arrebatadoras y con ellas se han marcado un disco grandioso. Imposible crear palabras o conexiones para que entiendan esta grandeza de la que les hablo porque no se parece a nada que puedan escuchar en la música de nuestro país. Si acaso y tangencialmente a Wild Honey, no en vano Guillermo Farré participa –aquí con su bajo– en ambos proyectos, pero aún así lo que uno viste otros desnudan. En ambos casos, desde luego, son largas escuchas lo que les va dar valor. No tienen tiempo estas canciones, no tienen prisa. Antes de seguir leyendo deberían hacerse un favor, acudir a bandcamp y bajarse el disco que el grupo tiene la gentileza de regalar –aunque está a la venta en conjunto de vinilo y CD–. Disfrutarán más que con lo que yo les pueda comentar

Sabios como son, saben que el aire empapa los masters de algo intangible pero material, así que grabaron el disco en Madrid, pero lo masterizaron en Nashville. Los americanos lo impregnaron de un aroma de levedad country, aquí se sació de espíritu amateur. Vamos a por dos canciones: ‘Jaffa cakes’ recuerda a las primeras guitarras de La Buena Vida, con tanto optimismo como impericia; ‘Our last party’ –ya la conocíamos– mantiene ese aire de evocaciones, de cielos, de despedidas que te abraza mucho. Porque hay canciones que abrazan y reconfortan.

De ellas está lleno este “Deer park mirage”, desde los ukeleles y el alocamiento onírico de ‘Marblehead” hasta la leve psicodelia acústica de ‘A tale of summer daybreaks’. Y en los diez temas restantes tanta destreza como evocación, música que parece sonar desde una feria lejana, que parece de mentira: Claudine Lounget  en  ‘I shot the skier’, sunshine pop del que es capaz de hacer respirar la piel en ‘Wreckage and dust’, melodías que atraviesan y dan vueltas y vueltas en ‘Swimmers’, la pureza de ‘Stuck in champagne jelly’.

Porque lo que buscan los Mittens, desesperadamente, es eso, canciones puras, canciones que eliminan todo lo que no forma parte de la canción, cristales impolutos. Por eso para un crítico debe de ser una delicia y una tortura juzgarlos, la delicia viene de las escuchas, cada una más emocionante; la tortura de la valoración, cada palabra se queda corta.
CÉSAR PRIETO.



Muchachito Bombo Infierno
«Idas y vueltas»

MAMBO 13

Este hijo de la rumba catalana, pero, especialmente, de Kiko Veneno –en lo vocal la deuda es considerable– lo tiene todo: Actitud, presencia, sentido del ritmo, de la melodía, sonido, producción, incluso una estética personalísima en el diseño de discos y vídeos (ahí está el peso del trabajo de Santos Veracruz), pero, ay, naufraga con unas letras que cuentan poco y que cuando lo hacen, no terminan de rematar, como le pasa a esa crítica a la Barcelona de hoy que es ‘La bella y el músico’ o a ‘En el río’, que no acabas de saber si es una cosa u otra, crítica o descripción.

Una pena, porque Muchachito va por su tercer disco y ese combinado rumbero y venenoso con dosis de swing, rockabilly, funk y unos exuberantes metales resulta francamente arrebatador, demoledor por momentos, y funciona como un reloj suizo cuando la canción es perfecta, como sucede con la versión de ‘La quiero a morir’ de Francis Cabrel. Ella y la sensacional y contagiosa ‘Caraguapa’ son las dos grandes perlas –¡menudo single saldría con ambas!– que deja un CD irregular en exceso, falto de canciones que enganchen, que atrapen, que muerdan, que puedan ser recordadas. Jairo Perera tiene talento para mucho más, y tendría que considerar que, si fuera necesario, convocar a un letrista no es ningún desdoro.
JUAN PUCHADES.



The Faith Keepers
“The Faith Keepers”

LONTANO RECORDS

Fernando Pinto, capitán de la escudería de Lontano Records, ha realizado un esfuerzo sobresaliente para que el debut de The Faith Keepers llegue a las tiendas con el empaque que la banda se merece. Vinilo de 180 gramos y una portada de impacto que apela a la sensualidad y a la negritud. Tales ingredientes definen el espíritu de esta jovencísima formación zaragozana. Boogaloo sabroso, R&B, funk y soul exprimido de sus vísceras aragonesas. ¿El baile negro se fue a la tumba con James Brown? Definitivamente, no. Los maños imitan a los maestros, sí, ¡pero qué bien lo hacen! Y con el mérito añadido de mamar con erudición semejantes influencias en una tierra lastrada del paternalismo ‘bunburiano’.

Admito que juego con ventaja: los vi en directo semanas antes de recibir el disco. Desde esa perspectiva, la benevolencia ante la escucha aumenta. Su «frontman», el enjuto Borja Téllez –al que más de uno compara con el entrañable Little Phil, de los Nightshadows–, es una fiera escénica que convierte los conciertos en liturgias abrasivas. Los Faith Keepers contagian con su entusiasmo y bisoñez, virtudes que se potencian gracias a su enciclopedismo latente. Por ejemplo, no les cuesta ponerse salseros y arrimarse a aquellos “sones cueros” de la Fania All Stars en piezas como ‘Don’ worry ‘bout later’. También brillan en la faceta dramática y arqueóloga rescatando el ‘Death of an angel’ de Donald Woods. Claro que sí, existen motivos para mantener la fe.
EDUARDO TÉBAR.



Litus
“Si tiene que llover, que nieve”

NEW MOOD JAZZ

Litus es un músico autodidacta catalán que con este, publica ya su tercer trabajo en solitario, antes vinieron “Al sur del cielo” y “Maleta de pedres”. Militó anteriormente en la banda Mutis hasta los primeros años del nuevo milenio, cuando se empezó a labrar una carrera en solitario tocando por su cuenta o colaborando con otros músicos como Joan Tena o Paul Carrack.

“Si tiene que llover, que nieve” es la mezcla del mejor blues, jazz y soul de los sesenta y setenta con el pop y el rock atemporal. Una música ligera digna de ser escuchada pues los textos de Litus contienen mensajes con los que más de uno se sentirá identificado. Por ejemplo, el tema que da nombre al disco se encarga de mostrar una buena tarjeta de presentación para todo lo que ofrecerá después. Especial atención a las guitarras eléctricas en ella. Luego vendrá ‘Carnaval’, segundo corte, que contiene, aparte de un juego vocal de nota y una más que interesante instrumentación, frases significativas («atrévase a maquillarse de usted mismo / de quien es y no quien cree que es»).

Otra de las canciones a destacar es ‘Terror de azúcar’ por la calidad vocal de Litus, alcanzando grandes y aterciopelados registros, así como la rica instrumentación que reina en toda la composición, arreglos de cuerda y, efectivamente, la letra («El pasado atrapa pero el presente aprieta / sin comerte ni beberte jamás»). ‘Un abracadabra (carambola)’ merece especial mención junto a ‘Doña usted’; la primera nombrada por el toque jazz que se puede distinguir nada más empezar y la segunda enumerada por el ritmo pegadizo que desprende un aroma soul en toda su duración.

‘Adiós’ es una melancólica balada que empieza desnudándose sólo con una guitarra y a la cual se le van uniendo percusión, piano… elevándola al máximo exponente en cuanto a la comprensión lírica y musical se refiere. Cierra este bello trabajo la mediterránea ‘Energía’, donde a la voz de Litus se le unen la de Joan Capdevila (Rumba Tres) y la de Sálvarez. Cómo su propio título indica, es un manantial de optimismo. En resumidas cuentas, libérense y déjense llevar por la obra de Litus, una música que requiere de la calma y tranquilidad del momento adecuado para terminar siendo uno de los discos más escuchado en sus humildes hogares.
CHARLY HERNÁNDEZ.



Anterior entrega de Rockola.

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