Return of the dream canteen, de Red Hot Chili Peppers

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DISCOS



«No hay aquí hits en potencia, pero tampoco descalabros que inviten a la piedad. Se trata de una colección de canciones amables, cálidas, sin grandes pretensiones»

 

Red Hot Chili Peppers
Return of the dream canteen
WARNER, 2022

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

 

Pretender que, a estas alturas, un disco doble de los Red Hot Chili Peppers no albergue material de relleno es pretender lo imposible. Un acto de entrañable ingenuidad. Más cuando su control de calidad corría el riesgo aún mayor, si no llega a ser por su sello, de quedar liquidado por la avalancha de cuarenta canciones distribuidas en siete discos: es lo que tiene el subidón de productividad que les ha inspirado la vuelta de John Frusciante. Warner les pidió que fueran treinta y cuatro, divididos en dos álbumes. El primero fue Unlimited love (2022) y el segundo es este. Dos en seis meses. El decimotercero de su carrera. Más madera como combustible para directos de taquilla tan fiable que no la necesitan. Esta madera, decimos.

No hay aquí hits en potencia, pero tampoco descalabros que inviten a la piedad. Se trata de una colección de canciones amables, cálidas, sin grandes pretensiones, que atraparán (en su mayoría) al fan y entrarán por la oreja izquierda del ajeno a su parroquia, con la misma rapidez con la que saldrán por su derecha (o al revés, que el orden de los factores no altera el producto)

Hay, cómo no, algunas referencias que rondan el autoplagio (“Tippa my tongue”, “Roulette”, “Copperbelly”), guiños al hard rock de semilla hendrixiana (la pesadita “Reach out”), al blues rock (“Carry me home”), un eficiente tributo a Eddie Van Halen para lucimiento de Frusciante (“Eddie”, con ese solo), apelaciones a un funk de lo más suavecito (“Peace and love”), al groove a lo Parliament (“Bella”), una veta pop puntualmente explorada (“The drummer”), injertos electrónicos que se agradecen por variar el tono general (“My cigarette”) e incluso una balada con saxo de lo más resultona (“La la la la la la la la”).

Digno, consistente, con momentos interesantes y otros algo rutinarios. Suficiente para que Kiedis, Frusciante, Smith, Flea y Rick Rubin —su productor de cabecera— saquen algo de pecho porque, posiblemente, sea lo mejor que se puede esperar de ellos tras casi cuarenta años de carrera. Ahí, en la zona templada de su discografía.

Anterior crítica de discos: Siempre tropical, de Airbag.

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