Ramones: Dee Dee, el chico malo

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“Cuando empezó a formar parte del grupo, Dee Dee ya coleccionaba cierta crudeza vital fruto de una niñez errante junto a su familia”

 

Tan creativo como infeliz, Dee Dee Ramone está considerado como uno de los mejores letristas del punk rock. Sara Morales se adentra en su figura para explicar quién era el bajista Douglas Glenn Colvin.

 

Texto: SARA MORALES.

 

Siempre fue el más creativo de la banda de Queens, también el más infeliz. Su profunda adicción a las drogas desde la adolescencia le encaminó hacia una personalidad maníaco-depresiva, centrando en la paranoia y en el inconformismo el rol que desempeñó como bajista de los Ramones. Eterno solitario e incomprendido, de sus experiencias reales y devenires mentales extrajo casi la mitad del repertorio conceptual e instrumental del grupo. Y es que, para cuando empezó a formar parte de él, Dee Dee ya coleccionaba en su haber cierta crudeza vital fruto de una niñez errante junto a su familia, que le marcaría a lo largo de su trayectoria y que, de una manera u otra, trascendería a su papel como Ramone.

Nació en Virginia como Douglas Glenn Colvin, el 18 de septiembre de 1952, en un entorno militar. Su padre, oficial del Ejército y alcohólico, arrastró a toda su familia a una larga carrera de malos tratos e incesantes traslados y mudanzas por buena parte del mundo, sin asentamiento fijo, propiciando el espíritu nómada del pequeño Doug que no logró hacer amigos ni sentirse nunca de ningún lugar. Los años más significativos en la infancia de Dee Dee corresponden a la etapa familiar en Alemania, entre Berlín y Munich, donde envuelto en el ambiente de posguerra, pobreza y austeridad comenzó a desarrollar cierto interés por la parafernalia de combate y la historia del fascismo. Una atracción que, llevada hasta los límites de la provocación, acabó reflejando en muchas de las letras que compuso para los Ramones, destacando por encima de todas ellas la imperecedera ‘Commando’ de «Leave home», el segundo disco de la banda publicado en 1977, y las influencias germánicas de ‘It’s a long way back’ en el álbum «Road tu ruin» de 1978.

 

Un ermitaño antisocial

Una vez de vuelta a Estados Unidos con su madre y su hermana, tras la separación de sus padres, y en lo que parecía por fin el inicio de una vida normal de chico de instituto, Dee Dee continuó sin encontrar su sitio. Su pasado europeo y su carácter introvertido, a consecuencia de varias crisis de identidad y los problemas arrastrados por las constantes peleas en el seno familiar, le complicaron la relación con sus nuevos compañeros y acabó buscando refugio en el rock and roll a través de la radio (influido por el gusto de su madre hacia Bill Halley y Elvis), los cómics y las películas de terror. En aquellos días, se bautizó a sí mismo con el pseudónimo de «Dee Dee», un nombre para el que nunca supo dar una explicación concreta, y se convirtió en fan de los Beatles, de ahí el corte de pelo que luciría al igual que Johnny durante los primeros años de la banda. Todavía víctima de ese vacío existencial que le perseguiría durante toda su vida, encontró una salida en el coqueteo con los estupefacientes, y lo que comenzó como una travesura esnifando pegamento tras el edificio de su casa en Forest Hills, acabó costándole la vida por una sobredosis de heroína el 5 de junio del año 2002.

Su juventud de bicho raro antisocial le llevó a habitar en el submundo neoyorquino entre trapicheos, peleas y delitos de poca monta; y aunque trabajaba ocasionalmente como peluquero o empleado de Correos, su incipiente adicción al caballo le llevó a prostituirse en repetidas ocasiones para costearse las dosis. Esta etapa plagada de drogas y abusos terminaría convirtiéndose en una de sus musas más recurrente una vez dentro de los Ramones, y de aquello han quedado para la posteridad temas como ‘Chinese rock’, la autobiográfica ’53rd & 3rd’ en la que narra sus experiencias como chapero en la intersección de esas dos calles para conseguir dinero o las, algo menos corrosivas, ‘Now I wanna sniff some glue’, ‘Why is it always this way?’ y ‘I wanna be well’.

 

 

También fueron años en los que descubrió la música de los Stooges, frecuentaba conciertos y se lanzó, en un intento fallido, a montar su propia banda, Satyricon. Llegó a convertirse en un habitual de la escena subterránea de clubes en Nueva York, en alguna ocasión, coincidió de borrachera con un también desvalido Joey; aquel tipo alto y desgarbado, que era su vecino de bloque, y que terminaría proponiéndole unirse a la banda que estaba montando con un tal Johnny.

 

Las ideas de un demente

Desde el primer momento Dee Dee asumió la composición de las letras y la música en los Ramones, una labor compartida con Joey y a través de la cual desahogaba su doliente perspectiva de la decadencia social, en una serie de himnos urbanos centralizados en el caos y la decepción. La violencia, el sexo, el aburrimiento, la incomprensión y la rutina callejera fueron, junto a las drogas y las reminiscencias militares, las grandes aludidas en su obra creativa.

También asumió sin complejos el papel de bajista, aunque sus conocimientos sobre el instrumento eran nulos y aprendiera a defenderse con él sobre la marcha. Cabe recordar que la música de los Ramones, en esa búsqueda por rescatar el rock and roll más primitivo, el sonido surf y el garage de los sesenta, huía de ornamentos y virtuosismo en una clara apuesta por la sencillez y los métodos minimalistas. Ninguno de ellos, a excepción de Tommy el batería, quien se uniría a la banda algo más tarde, poseía habilidades técnicas para la música. Sin embargo, fue su actitud arrolladora y su empatía con las clases más desfavorecidas, en una constante oda a la cultura pop a través de letras concisas, directas, contagiosas e incluso bobaliconas, las que los encumbraron a la cima del reconocimiento. Unos parámetros en los que Dee Dee siempre insistió desde el núcleo seminal de la banda, del mismo modo que propuso la idea de una indumentaria común para todos ellos con la que perseguir una imagen unitaria y familiar; como una banda, como una tribu. Cuando llevar cazadora de cuero era símil de delincuencia en Nueva York, apostaron por lucirlas, en un alarde más de su rebeldía. Y las zapatillas deportivas, las camisetas sencillas y los pantalones roídos no fueron más que otra demostración a conciencia de ser una banda sin pretensiones, humilde y muy alejada del glamour que proyectaban los grandes artistas cobijados bajo el abrazo de gloriosas discográficas.

 

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Para Dee Dee empezar a formar parte de los Ramones fue en mucho tiempo lo más parecido a tener una familia. «No tuvimos ningún tipo de orientación por parte de nuestros padres», llegó a declarar una vez. Y aunque su carácter era visceral y siempre se posicionaba del lado de la polémica, fue en muchas ocasiones el bálsamo de paz en las constantes guerras personales entre Joey y Johnny que tanto debilitaron al grupo con el transcurso de los años, y a él mismo, en su papel de intermediario.

 

Padre conceptual del punk rock

Durante toda la meteórica carrera musical que los Ramones iniciaron desde la calle en 1974, Dee Dee asistió a su particular tormento entre etapas de adicción y de abstinencia, sumadas al trastorno bipolar que sufría y un sinfín de relaciones tóxicas con su novia Connie como protagonista. Mientras el resto de miembros empezaban a asimilar su papel de promesas del rock, el más joven de «los hermanos» se hundía cada vez más en sus problemas. Un lastre que no consiguió soltar jamás, a pesar de que Vera (su primera mujer) fuera complaciente con él, o personajes icónicos como Sid Vicious vieran en su figura la de un ídolo al que imitar y tomar como referente.

La realidad es que de los cuatro Ramones, siempre fue el que mayor fidelidad profesó a la conciencia subversiva de sus orígenes, y ni siquiera se dejó impresionar por Phil Spector —aquel excéntrico gurú de la producción— cuando decidió empezar a trabajar con ellos en «End of the century», su sexto álbum. Dee Dee fue también quien apostó por cierto acercamiento a la escena hardcore con el disco «Subterranean jungle» de 1983 en el que destaca su brillante ‘Psychotherapy’, también puso voz en dos temas del «Too tough to die» (1984) y como el más prolífico de la banda, el sesenta por ciento de las canciones corrieron de su cuenta durante toda su carrera.

 

 

Hastiado de la rutina de carretera y las malas relaciones entre los miembros del grupo, enganchado a los antidepresivos y tras varias estancias en hospitales y psiquiátricos, en julio de 1989, tras el último concierto de la gira de «Brain drain», álbum que contiene uno de sus grandes temas —’Pet Sematary’— anunció su retirada.

Nunca llegó a desprenderse del todo de la banda, y desde su «exilio» todavía escribiría algunos de sus himnos más inolvidables como ‘Poison heart’ o ‘Main man’. Mientras tanto, en un atisbo de locura individual, y en solitario, llegó incluso a publicar un álbum de rap en una especie de incursión en la escena hip hop bajo el nombre de DeeDee King, con el que solo consiguió la burla de sus compañeros y de la crítica.

Tras varios años deambulando por París, Ámsterdam y Buenos Aires, donde conoció a su segunda mujer, reapareció en el último concierto de los Ramones el 6 de agosto en 1996 en el Hollywood Place de Los Ángeles al que fue invitado, en la que sería la última noche del grupo. Aunque él, con la creación de ‘Born to die in Berlin’ del disco «¡Adiós amigos!» de 1995, consideraba que ya se había despedido de su público. Esta fue su última canción, ubicada en último lugar del tracklist de este álbum que fue el último publicado por los Ramones. Todo un símbolo hecho palabras con las que cerró el círculo de la leyenda, entre los renglones de una historia que, con el paso de los años le reconoció como el gran letrista del punk rock.

 

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