“Ovnis en la noche americana”, de Roberto R. Antúnez

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LIBROS

“Las palabras que aquí utiliza Antúnez nos inocula las ganas de más arte”

 

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Roberto R. Antúnez.
“Ovnis en la noche americana”
LA PENÚLTIMA EDITORIAL

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

En octubre de 1993 Kurt Cobain y William Burroughs pasaron unas horas juntos en la casa del escritor en Lawrence (Kansas). Nada trascendió al exterior de lo que aconteció entre aquellos dos genios. Sí conocemos, sin embargo, la génesis de tan destacada cita. Y es que, apenas unos meses antes, Kurt le había propuesto a William que interpretara el papel de viejo crucificado en el videoclip de ‘Heart-Shaped Box’, el primer single del –a la postre– último disco en estudio de Nirvana. El viejo Burroughs dijo que no, claro, pero se le ocurrió proponerle a Cobain un encuentro en persona. El líder de la banda del momento, como es lógico, no dejó pasar la oportunidad.

Cuando Kurt murió, entre sus pertenencias se encontraron cuatro fotos, cuatro momentos congelados, únicos testimonios que documentaban que finalmente pudo conocer a uno de sus héroes. Con ellas contamos para reconstruir lo que allí pudo suceder entre una de las voces más rompedoras e importantes de la literatura de la segunda mitad del siglo XX y el que, por aquel entonces, estaba considerado como la gran estrella del rock and roll e icono de toda una generación, muy a su pesar.

Roberto. R. Antúnez, el autor de “Ovnis en la noche americana”, escribe sobre aquello utililzando la poesía como vehículo y a través de un libro que tuvo un largo periodo de gestación antes de ver finalmente la luz. En el comienzo, estuvo un artículo de Elisa Fernández Santos para “El País” del que se enamoró. Lo que la periodista escribía allí sobre el día en el que se conocieron Burroughs y Cobain motivó un poema que se quedaría durmiendo a la espera de un mejor momento. Este llegó en 2014, cuando Servando Rocha publicó en Alpha Decay “Nada es verdad todo está permitido”, que en palabras del propio Antúnez actuó como “catalizador”. Allí Rocha daba forma a un magnífico ensayo en el que tras una realidad comienzan a aparecer muchas otras relacionadas que abren nuevos caminos muchas veces secundarios y no por ellos menos importantes.

Cuando Antúnez conoció a Servando le enseñó su poema y su idea de llevarlo más allá y éste le animó a hacerlo. El catalizador se convirtió también en animador, y dicho y hecho: Antúnez se puso manos a la obra para dar a luz un poemario que evoca aquel encuentro, que imagina y que establece múltiples relaciones entre sus protagonistas y otras creaciones y creadores. Una obra que cierra el círculo de aquella jornada en Kansas. Bueno, un círculo; seguramente habrá muchos más.

El libro que divide en cinco partes, de las que la primera habla de los orígenes de los dos protagonistas y del propio autor, sentando las bases de lo que está por llegar. La segunda tiene como centro el clip de ‘Heart Shaped Box’ y toda la simbología que encierra aquella obra, de alguna forma eje de la reunión entre los dos creadores.

El tercer grupo de poemas tiene como gran protagonista a Kurt y su trágica historia en la que Antúnez trata de hallar una luz de esperanza en un guión ya escrito hace 23 años y que apenas deja una rendija para que entre la claridad. La cuarta tiene como actor principal a los Estados Unidos, y en la última, el centro es el encuentro que mantuvieron los dos artistas, un instante casi fugaz y sobre el que el autor fantasea hasta considerar, incluso, la posibilidad de que tal vez aquello no terminara nunca. Y de alguna forma no lo hará.

Si un artículo y un libro ejercieron de catalizador para “Ovnis en la noche americana”, este poemario puede hacer lo propio con otras manifestaciones artísticas. Si como decía William el lenguaje es un virus, las palabras que aquí utiliza Antúnez nos inocula las ganas de más arte. Ganas de escuchar a Kurt, de leer a Burroughs, a Vunnengot, ganas de Leadbelly, de Caravaggio, de tantos otros. Al fin y al cabo, ¿no se trataba de eso?

 

Anterior crítica de libros: “Tarántula”, de Bob Dylan.

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