Orchestral Manoeuvres in the Dark: Regreso al futuro

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«¿Podíamos hablar con nuestra voz característica en 2010 sin sonar nostálgicos? Esa era la pregunta»

El grupo de Liverpool, pionero del sonido synth-pop y formado por Andy McCluskey y Paul Humphries, regresa con “History of modern”, un álbum en el que el dúo reivindica su influencia en la escena electrónica contemporánea. Eduardo Guillot entrevista a los ya legendarios Orchestral Manoeuvres in the Dark.


Texto: EDUARDO GUILLOT.


Andy McCluskey está en Liverpool, feliz porque luce el sol y tiene nuevo disco, “History of modern”. Nadie hubiera aventurado que un grupo que no grababa desde hace veinticuatro años (cuando editaron “The pacific age”), regresaría a estas alturas, pero eso es lo que han hecho Orchestral Manoeuvres In The Dark.

Esta es la primera grabación de la formación original de OMB desde 1986. ¿Fue emocionante regresar de nuevo al estudio?

Lo fue, pero admito que también estábamos muy nerviosos. Paul y yo hemos seguido trabajando y haciendo música, pero no juntos, así que no es como si hubiéramos estado parados durante estos veinticuatro años. Pero volver era algo muy peligroso. Una cosa es reunirse de nuevo y tocar los viejos hits, porque todo el mundo quiere escuchar ‘Enola Gay’, ‘Electricity’ y demás, pero es algo inusualmente estúpido para hombres de cincuenta años de edad publicar un nuevo álbum, porque normalmente suele ser una mierda. Por eso estábamos nerviosos. Era importante no hacer un mal disco, estar seguros de que teníamos canciones e ideas realmente buenas.

Siendo unos pioneros del electropop, ¿no era un gran riesgo volver cuando hay cientos de grupos jóvenes haciendo lo mismo que vosotros?
Resulta un poco extraño, sí, pero quizá por eso sea también un buen momento. Al menos, es mejor sacar un disco ahora que hace quince años, cuando todo era grunge y brit-pop y nuestra música estaba considerada muerta y pasada de moda. Es curioso, ahora parece que nuestra versión del futuro vuelve a ser el futuro nuevamente, treinta años después [risas]. Esa era la gran pregunta en nuestras mentes: ¿Qué pueden hacer los antiguos modernos en la era post-moderna? Grabar un disco titulado “History of modern”. Lo realmente maravilloso es que mola mucho volver a estar aquí. Y queríamos sonar a OMD, porque tenemos un sonido propio, una voz, un estilo distintivo. Algunas veces lo hemos abandonado, pero siempre hemos vuelto al sonido original de nuestros cuatro primeros álbumes, aunque no queríamos caer en la nostalgia. ¿Podíamos hablar con nuestra voz característica en 2010 sin sonar nostálgicos? Esa era la pregunta.

Y la respuesta es sí. ¿En qué medida el disco es una consecuencia de la gira de 2007 en la que tocasteis completo el álbum “Architecture & morality” (1981)?
El disco es producto de cinco años de desarrollo. En 2005, la banda estaba acabada, muerta. Pero notábamos que había algo en el aire. Nos pedían conciertos, acudir a programas de televisión, producir discos… La electrónica volvía a estar de moda. No sé por qué, pero aceptamos un programa de televisión en Alemania. Fue la primera vez en que coincidimos dentro de una habitación en quince años. Hablamos y decidimos aceptar las propuestas de conciertos, que fueron los de 2007. Hicimos muchos festivales, con excelente respuesta de público, incluso en España, y en un momento determinado nos planteamos hacer un disco nuevo. Ha sido un proceso lento.

¿Fue complicado sobrevivir durante los años noventa, antes de que las nuevas generaciones practicantes de synth-pop comenzaran a reivindicaros?

Es algo normal hasta cierto punto. Cada generación trata de acabar con la anterior. Nosotros lo hicimos, quisimos matar al monstruo del rock and roll, y pensamos que lo habíamos conseguido, pero volvió en los noventa. Fue extraño, porque se autoproclamaban como la próxima generación y nos decían que lo nuestro no tenía nada que ver con el futuro, sino con el pasado. ¡Y para ellos, el futuro eran los años sesenta y setenta! [risas] Para la Generación X no era guay ser inteligente, ni preocuparse o pensar. Era un estilo. Pero las nuevas generaciones han vuelto a rechazar el cliché del rock and roll y han preferido hacer algo diferente: Pensar, ser guay, ser inteligente.

Háblame de ‘Sometimes’, uno de los temas del nuevo disco que se aleja de vuestro sonido habitual. ¿Por qué escogisteis a Jennifer John para hacer un dúo?
La canción tiene su punto de partida en un sample de un tema tradicional del gospel americano llamado ‘Motherless child’. Era muy dramático, pero cuando pedimos permiso para usarlo, no nos lo permitieron. Así que le pedí a Jennifer, que es amiga mía y canta de maravilla, que lo hiciera, aunque le avisé que después utilizaría la grabación a mi antojo. Por eso suena tan increíblemente extraño.

La otra canción que puede sorprender es ‘Pulse’. ¿Es un intento de poner al día el sonido OMD?
Sí. Hay gente que la ama y gente que la odia. Y eso es bueno. Incluso 32 años después de nuestros comienzos, podemos grabar algo que hace que la gente se rasque la cabeza y se pregunte qué es. A mí me gusta, es una especie de tema retrofuturista. Podría sonar a Giorgio Moroder, pero la producción es mucho más moderna. Y también es una canción basada en un sample al que hemos hecho modificaciones.

El resto del disco es puro OMD. ¿Es una manera de reivindicar vuestra validez actual?
El problema que teníamos al empezar el disco era ese, lograr cierto equilibrio. Hubiera sido estúpido tratar de sonar como otros. Por eso era apropiado que habláramos en nuestro idioma musical. Es para estar orgullosos: No muchas bandas poseen un sonido característico. Pero también nos planteamos si podíamos hablar en otros idiomas y conseguir resultados adecuados para el momento presente. Lo intentamos. Y creo que en el disco hay veces en las que lo hemos conseguido y otras en que no tanto. Debía sonar a OMD, no como nadie más.

¿Reconoces vuestra influencia en bandas actuales?
La mayoría de las veces, porque nos lo dice la gente. Lo mejor es cuando nos comentan que aman a OMD, les escuchamos y no suenan como nosotros. Han tomado algo nuestro, pero ellos lo han usado a su manera. Esa es la mejor manera de influenciar a alguien. A nosotros nos influyó enormemente Kraftwerk, cogimos mucho de ellos, pero creamos nuestro propio sonido. Mucha gente nos cita actualmente, y es muy halagador, sobre todo porque no suenan como nosotros.

¿Qué artistas actuales te gustan?
Me encanta Robyn. Las dos entregas de “Body talk” me parecen muy potentes e interesantes. También me gusta Hot Chip. Y Lady Gaga cuando es buena. ‘Poker face’ y ‘Bad romance’ son fantásticas. La mayoría de las demás son terriblemente malas. Y Beyoncé. ‘Empire state of mind’, la canción de Jay-Z con Alicia Keys, es una de mis favoritas del último año. Hay muy buena música por ahí, aunque la mayoría no me interesa. Pero eso ya ocurría antes. El 99% de la música que escuchaba a finales de los setenta me desagradaba, por eso empecé a componer la mía.

¿Habéis encontrado muchas diferencias a la hora de utilizar la técnica actual?
Bueno, como comentaba al principio, no habíamos dejado de trabajar, así que no hemos tenido que aprender el funcionamiento de los aparatos actuales. En algunos sentidos, hacen las cosas más fáciles, pero en otros también resulta más duro. Es una maravilla tener montones de sintetizadores diferentes. En este disco hemos usado samples, teclados virtuales y sintetizadores antiguos. Pero a veces puede ser un problema. En el pasado, tenías un sonido por instrumento. Ahora, si buscas un sonido de bajo, dispones de una librería con más de catorce mil opciones distintas. ¿Cómo escoger la que quieres? ¡Puedes pasarte tres semanas para decidirlo! A veces es demasiado.

¿Hay planes de gira?
Sí, pero desafortunadamente no iremos a España. Vamos a tocar en toda Europa, Inglaterra, pero nadie ha querido llevarnos a España, y eso me hace sentirme terriblemente decepcionado. En 2007 estuvimos en el festival Summercase y los conciertos fueron fantásticos, con las carpas llenas de gente joven. Todo el mundo conocía las canciones y se lo pasó en grande, por eso pensaba que con el nuevo disco algún promotor nos llevaría a Barcelona o Madrid, pero nadie se ha interesado. Si conoces a alguno, dile que nos busque un puto bolo. Queremos ir a España, nos encanta el país y sabemos que tenemos público, pero nadie nos ha hecho una oferta. Me refiero a una oferta real. No algo del tipo: “Venga, vente a tocar a un club por cinco mil euros”. No podemos hacer eso, no podemos asumirlo. Tampoco pedimos un estadio ni cien mil euros, pero por quince mil lo haríamos. Es una situación triste y decepcionante.

Quizá la salida del disco estimule el interés del algún promotor.
Eso espero.

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