Operación Rescate: Gipsy Kings

Autor:

Gipsy Kings
«Gipsy Kings»
P.E.M., 1987

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Surgieron del sur de Francia con la lección bien aprendida. Conocían el abecé de la rumba catalana –eran hijos de gitanos españoles exiliados y reconocían haber escuchado la discografía de Peret– y lograron pegar un pelotazo de dimensiones globales en un momento en el que los gitanos de la calle de la Cera de Barcelona andaban recluidos en la iglesia, evangelizados por el propio Peret, y sólo Chipén daban el callo como buenamente podían (aunque musicalmente impecables, generalmente las producciones les hacían daño, y los sellos en los que grabaron no les llevaron a ningún sitio). Así las cosas, cuando parecía que la rumba catalana no interesaba más que a cuatro nostálgicos y que su hora, inevitablemente, había pasado, llegaron los Gipsy Kings y la pusieron de nuevo en órbita.

El grupo, durante los años 70 –y en una formación no exactamente idéntica y liderada por el padre de la familia Reyes, José Reyes–, funcionó como Los Reyes (existen un par de referencias publicadas como José e Los Reyes) y más orientados hacia la rumba flamenca, para transformarse posteriormente en los Gipsy Kings, más llamativo e internacional. Nombre bajo el que grabaron dos discos iniciales con los que no sucedió gran cosa. Pero llegó el tercero, sin título, este que recuperamos aquí, en el que regrabaron algunas canciones de los dos primeros y la suerte los miró a los ojos: un éxito tremendo en Francia y Reino Unido que, inmediatamente, salpicó al resto de Europa, España incluida. Luego cruzaría océanos.

Metían palmas y ventilador no con mimetismo robótico japonés, sino con auténtica alma e inspiración gitana. Los muy ladinos lograron que, por derecho, sus discos deban ser archivados junto a los de Peret, Chacho, Ramonet, Los Amaya, Rumba Tres, Chipén, Papawa… Supieron armonizar lo mejor del género –la trepidante fuerza interpretativa de Peret y Chacho, lo melódico de Los Amaya– sumándole una voz inspirada por Manzanita, con el que Nicolás Reyes, vocalista principal del grupo, guarda similitudes en su registro. Además, metían siete guitarras ventiladoras en los momentos de máximo clímax musical, lo que dotaba de enorme cuerpo y espesura a un sonido acústico en el que hasta los toques de sintetizador, que los hay, resultan discretísimos y asemejan instrumentos acústicos. Luego, es cierto, durante un par de temporadas, cegados por el fulgor del éxito, se perdieron en una suerte de blanda y edulcorada rumba catalana coloreada de flamenquito para turistas desinhibidos con dos copichuelas de más y dos luces de menos. Y fue una pena, porque eran tremendos –que lo son, no se puede dudar. Más tarde retomaron la buena senda, evolucionaron y siguen en activo, actuando por medio mundo y grabando álbumes de lo más recomendable–, sobre todo en este sobresaliente disco homónimo que los catapultó a las emisoras de medio planeta. Una obra en la que combinaban temas cantados e instrumentales, rítmicos y alegres con baladas profundas y melancólicas, casi dramáticas, que, ¡demonios!, veintidós años después siguen estremeciendo: ‘Un amor’ es algo muy serio, pero mucho, y ‘Quiero saber’ una canción perfecta. ‘Djobi djoba’ es una inexcusable invitación al baile desparramado y las fastuosas versiones de ‘Bamboleo’ y ‘A mi manera’, directamente, canónicas; hasta en esto la clavaban: la rumba catalana era experta en llevarse a su terreno temas ajenos.

En su web, definen lo suyo como «rumba gitano», aunque sería más correcto rumba gitana, pero con esto del castellano los Gipsy Kings nunca han hilado muy fino. A lo que añaden que se trata de «El sonido del ritmo de América del Sur casado con las guitarras flamencas». Lo que puede traducirse como lo que decíamos, perfecta rumba catalana facturada desde Francia. Y hay que reconocerlo, se lo supieron hacer como nadie. Así lo constata este disco prodigioso.

 

Anterior entrega de Operación Rescate: Barón Rojo.

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