Syd Barrett: Genio y locura

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«Durante años músicos de la talla de David Bowie, Julian Cope, Robyn Hitchcock o TV Personalites han reivindicado la figura de Barrett y han hecho elogio de su bendita locura»

Syd Barrett fue uno de los locos gloriosos de la historia del rock. Apuntó grandes cosas con los primeros trabajos de Pink Floyd. Después, sus problemas mentales le apartaron del grupo y aunque intentó iniciar una carrera en solitario, su demencia pudo más que su voluntad creativa. «An introduction to Syd Barrett» nos ayuda a comprender la obra de este malogrado genio.


Texto: ÀLEX ORÓ.


El título lo dice todo. No estamos ante una recopilación de la obra completa de Syd Barrett (1946-2006). No reúne tampoco lo mejor del que fue el motor creativo de los primeros Pink Floyd. «An introduction to Syd Barrett» es eso, una introducción a la obra de Syd Barrett, un ser de psique frágil a quien el consumo intensivo de sustancias lisérgicas sumió en un caótico estado emocional del que no se pudo recuperar jamás.

No obstante, y pese a ser un disco de ausencias destacadas, como ‘Lucifer Sam’, cumple con su cometido: acercar al oyente novel a la obra de uno de los genios creativos más importantes de los sesenta –y tal vez de la historia del rock– con sonido remasterizado y con algunas composiciones remezcladas. Barrett fue un visionario y también un revolucionario. Supo ver antes que nadie que el paradigma musical liderado por los Beatles en la primera mitad de la década prodigiosa tocaba a su fin. Se adelantó a «Sgt. Peppers» con un tema como ‘Arnold Layne’ (1967), que fue cara A del single de debut de Pink Floyd y es una de las mejores composiciones de la psicodelia británica. Producido por el inquieto Joe Boyd, ‘Arnold Layne’ consiguió situarse en la posición 20 de los charts del Reino Unido. La canción tiene miga. Narra el robo de ropa interior en un colegio mayor femenino, un suceso que hoy nos puede parecer algo cafre pero parece ser que era “frecuente” en la Inglaterra de los sesenta, por lo que la crítica de la época la calificó como la primera canción pop que ponía el acento “en las obsesiones culturales inglesas y en los fetichismos típicamente ingleses”. ‘Arnold Layne’ rompió con un estilo de hacer música, con una manera de entender el pop. Una actitud que Barrett ratificó en ‘See Emily play’, el siguiente single del grupo y que explica la historia de Emily Kenneth, una adolescente que asistía a todas las fiestas psicodélicas del UFO y el Marquee pero que al parecer no era bien aceptada por una parte de la comunidad que participaba de forma fija a estos eventos.

El tercer tema incluido en esta recopilación es ‘Apples and oranges’, el que fuera tercer single de los Floyd con composiciones no incluidas en LPs. La canción fue grabada porque el entorno del grupo y EMI les pedía canciones “convencionales”, o lo que es lo mismo, aptas para ser radiadas. El single, publicado entre la edición de los dos primeros LPs de Pink Floyd, fue un contundente fracaso comercial. Roger Waters se quejó en su momento de la producción de Norman Smith. Lo cierto es que esta composición de Barrett es una ácida visión (nunca mejor dicho) de la obsesión del músico por las compras y merecía mejor suerte. En el momento en que apareció este single, noviembre del 67, Syd ya se había convertido en un “problema” para sus compañeros Waters, Wright y Mason, que decidieron recurrir a un viejo amigo, Dave Gilmour para que supliera las “ausencias” de Barret. En abril del 68, Syd dejaba de ser miembro de Pink Floyd.


THE PIPER AT GATES OF DOWN
Un segundo bloque de canciones de esta recopilación lo constituyen temas incluidos en «The piper at gates of down» (1967), el LP de debut del grupo, el único en la trayectoria de la banda en el que en la portada se ve la cara de sus miembros. Todas la canciones del disco fueron compuestas por Barrett, con la excepción de ‘Take up thy stetehoscope & walk’, obra de Roger Waters. Cualquiera de ellas hubiera podido formar parte de «An Introduction»… pero se han escogido ‘Matilda mother’, ‘Chapter 24’ y ‘Bike’. La primera ha sido remezclada para la ocasión con el objeto de que esta compilación sea más atractiva para el coleccionista. La revisión ha corrido a cargo de Andy Jackson y David Gilmour, que tras su incorporación al grupo le fue adjudicado el papel de “malo de la película” por los fans de los Floyd, que ya habían canonizado a Barrett.

‘Matilda mother’ es una visión idealizada de la infancia. Uno de los factores que contribuyeron a la desestabilización de Barrett fue el fallecimiento de su padre cuando era niño. En este tema se agolpan los recuerdos y domina la presencia de la figura materna que le explica cuentos a Syd. A medio camino entre lo onírico y lo real, este tema ayuda a entender porqué Barrett se refugió en casa de su madre tras su “huida” del rock y la vida cotidiana en 1970. ‘Chapter 24’, en cambio, es una composición algo austera en la que Barrett explica, a su manera, las experiencias que ha vivido con el LSD. Las intenta ordenar y las relaciona con el «I ching», uno de los libros fundamentales del confucionismo. ‘Bike’ es una canción de amor psicodélico. Nos explicamos: Syd cuenta a una “chica que encaja en su mundo” cosas sobre su bicicleta, un ratón o cómo le gustan las figuritas de pan de jengibre. Al final, la invita a pasar a “otra habitación” o lo que es lo mismo, la invita a tomar ácido.

THE MADCAP LAUGHS
Tras dejar los Pink Floyd (o que los Pink Floyd lo dejaran a él), Barrett estuvo sin grabar hasta 1969, año en que empezó a trabajar en lo que sería su primer álbum en solitario. En 1970 editó «The madcap laughs», la mitad del cual fue producido por David Gilmour y Roger Waters y la otra mitad por Malcom Jones, uno de los capitostes de Harverst, el sello “moderno” de EMI. También colaboraron miembros de Soft Machine como Mike Ratledge, Hugh Hopper, y Robert Wyatt. De este disco se han incluido siete cortes en «An Introduction», por lo que constituyen el eje central de la recopilación. ‘Terrapin’ es el primero de ellos y constituye un magnífico ejemplo de la creatividad lisérgica de Barrett. Acompañado únicamente por una guitarra que va repitiendo los mismos acordes a lo largo de los cinco minutos que dura la canción, consigue crear un efecto hipnótico y va desarrollando un monólogo sobre sus sentimientos.

En cambio, ‘Love you’ tiene ecos de Carnaby Street. Es una composición de aires pop, que poco tiene que ver a lo que nos tenía acostumbrado Syd. En la misma línea encontramos ‘Here I go’, en la que el fundador de los Pink Floyd recuerda a Ray Davies en su forma de cantar y en los sonidos bodevilescos de la canción.

Mención aparte merece ‘Dark globe’, un escalofriante retrato en primera persona de la esquizofrenia. Barrett desnuda sus sentimientos en un ataque de cordura poco habitual en el conjunto de su enajenada trayectoria vital. ‘Octopus’, ‘She took a long cool look’ y ‘If it’s in you’ son temas algo más flojos y que denotan algunas de las carencias de Syd en el momento que fueron grabados pero también destellos coloristas de espontaneidad e inocencia. En ‘If it’s in you’ se respeta el dubitativo inicio de la toma por parte de Barrett, que le obliga a volver a comenzar aunque lo hace a trompicones y gritando y desentonando más que cantando.

Quizás hubiera sido más acertado que Gilmour hubiera escogido para «An introduction to Syd Barrett» canciones como ‘Golden hair’ o ‘Feel’ para darnos una idea más aproximada de ese momento creativo del ex Pink Floyd. De esas sesiones de grabación también procede ‘Bob Dylan blues’, que no se incluyó en «The madcap laughs» por decisión de Gilmour pero que sí había formado parte de anteriores recopilatorios de Barrett como «The best of Syd Barret: Wouldn’t you miss me?» (2001), por citar un ejemplo. No se trata de una versión de la canción que el de Minessota incluyó en «The freewheellin’» (1962) sino de una composición propia en la que Syd muestra su admiración por la obra de Dylan y que supuestamente fue escrita después de asistir a un concierto del cantautor en 1963. No obstante, la canción cayó en el olvido hasta que fue recuperada para ser grabada en 1970 y volver a “perderse”.

BARRET
El resto de canciones hasta completar las 18 que integran esta recopilación, forman parte del cancionero de «Barrett» (1970), disco que Rick Wright y Gilmour produjeron a su ex compañero por amistad, por remordimientos de conciencia por haberlo echado del grupo o simplemente para recordar los viejos tiempos. El primero de los cortes es ‘Baby Lemonade’, un ejemplo paradigmático del sonido de este disco, mucho más elaborado que el de «The madcap laughs», que se deja escuchar con más facilidad pero que pierde espontaneidad respecto al de su predecesor. ‘Baby lemonade’ mezcla las raíces bluseras de Barrett con su apuesta psicodélica para los primeros singles de los Floyd. ‘Dominoes’ ahonda en las estructuras que mezclan el pop con los sonidos lisérgicos e incluso hacen guiños al jazz. ‘Gigolo aunt’ y ‘Efervescent elephant’ son dos de los mejores temas de la breve carrera de Barrett en solitario, especialmente la segunda, con sus aires de canción infantil.

Syd Barrett ya no dio para mucho más. Hizo algunos bolos caóticos, formó una banda llamada Stars que no pasó de la primera actuación. En el 74 grabó en Abbey Road durante cuatro días pero no se pudo aprovechar el material. Algunos años después se recuperó parte del material grabado con David Gilmour en la BBC en el 70 para un disco de la serie» The Peel sessions», que auspiciaba el DJ John Peel. En 1989 se editó «Opel», disco que reunía los descartes de sus dos primeros discos y finalmente en el 93 llegó «Crazy diamond: The complete Syd Barrett», que incluía «The madcap laughs», «Barret» y «Opel» con media docena de temas extras cada uno.

En el 73, Barrett se refugió en casa de su madre en Cambridge y nadie supo de él hasta mediados de los ochenta que una revista inglesa consiguió entrevistarle. En España, la entrevista la publicó «Rock Espezial», si no me falla la memoria. En ella, Syd afirmaba no acordarse de nada, ni de Pink Floyd ni de sus compañeros… nada. Finalmente, Barrett moría en 2006 víctima de un cáncer pancreático. Durante años músicos de la talla de David Bowie, Julian Cope, Robyn Hitchcock o TV Personalites han reivindicado la figura de Barrett y han hecho elogio de su bendita locura, que nos ofreció grandes momentos de la historia del rock pero que probablemente nos robó algunos aún mejores.

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