Operación rescate: “Different class”, de Pulp

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“Es la trama urbana y cotidiana la que muele el contenido de este trabajo, para el que Cocker desplegó más que nunca sus capacidades interpretativas”

 

En 1995, mientras Blur y Oasis se peleaban por liderar el pop británico, fue Pulp quien se alzó finalmente con el Mercury Music Prize con su quinto disco. Sara Morales nos habla de él.

 

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Pulp
«Different class»
ISLAND, 1995.

 

 

Texto: SARA MORALES.

 

 

«No es que no queramos problemas, lo único que queremos es tener derecho a ser diferentes. Eso es todo». Esta frase, escrita en la contraportada del disco, subtitula rigurosamente el pulso que Pulp quiso marcar en mitad de la década de los noventa. Aquellos fueron años dorados para buena parte de Occidente, una sociedad que vivía sobre el colchón acomodaticio de los logros de la generación anterior, y en la que el derroche y la pérdida de valores se posaba amenazante con vistas al futuro. Los niños crecían con todo lo deseado en su haber y los jóvenes se adentraban al mundo armados de una seguridad insultante, en un espejismo de privilegio que, por lógica, no tenía pinta de durar eternamente.

Ese espíritu fue recogido por la banda de Sheffield en estas doce canciones posicionadas con ironía y sarcasmo contra la exuberancia, los excesos innecesarios y el despilfarro con el que, para bien o para mal, tanto se identificaron los jóvenes de clase media. Bautizado como «Different class», en su título revela una doble lectura con la que atender a los que pecaban de arrogancia, al mismo tiempo que al sector más humilde en una constante reivindicación estamental. Y mientras algunos encontraron en estas letras el fiel reflejo de su rutina de fiestas, desfases y preocupaciones nimias, otros hallaron el sentido de una lucha social necesaria para reclamar su lugar en el mundo; una especie de post revolución de la clase trabajadora.

Al final, de un modo u otro, fue un disco que consiguió calar en las gentes de 1995, tanto que al año siguiente se alzó con el Mercury Music Prize. En plena guerra encarnizada por la hegemonía del pop británico entre las filas de Oasis y Blur, fue Pulp quien se llevó el gato al agua con este disco, alzándose como los fulgentes vencedores de la batalla ante los ojos populares.

 

 

La perpetua ‘Common people’, con la que Jarvis Cocker narra en clave de pop susurrante la historia de una compañera de clase que «quería ser como la gente normal» y renegaba del poder familiar, terminó convirtiéndose en un himno generacional apto para todos los tiempos. Y en ‘Disco 2000’, la otra gran invicta, rememora a su amiga de la infancia Deborah Bone de la que, al parecer, estuvo platónicamente enamorado siendo un niño que soñaba con reencontrarse con ella cuando fueran mayores. Desde que Cocker escribiera este tema, han pasado ya más de veinte años, y su musa desgraciadamente moría en el año 2014 tras una larga enfermedad. Su historia quedó grabada para siempre en esta canción: «Decían que cuando creciéramos nos casaríamos y nunca romperíamos. Nunca lo hicimos, aunque pensaba a menudo en ello».

 

 

Los episodios de amor no podían escapar a un álbum que recrea el mosaico mental de la humanidad de a pie; por eso, pero desde una mirada más obsesiva, Pulp lo retrataron también en ‘F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E’. Sin embargo, es la trama urbana y cotidiana la que muele el contenido de este trabajo, para el que Cocker desplegó más que nunca sus capacidades interpretativas, en ese afán dramático de trovador con el que consiguió dotar de varias dimensiones a los personajes de estas historias. Y todo para que nosotros, receptores, empatizáramos con todos ellos. Así lo hicieron, lo hicimos, y lo seguimos haciendo. Desde la resignación social de ‘Mis-Shapes’ con la que abren el álbum, hasta el deseo físico de ‘Pencil skirt’, pasando por el alboroto sexual de ‘Underwear’ y el planteamiento teleológico del porqué de las situaciones más simples con ‘Something changed’.

 

 

Siempre apropiada para sus directos, a pesar del vasto repertorio que rescatar, surge la flamante ‘Sorted for E’s & wizz’. Infalible para arrancar las fiestas de su mano que, entre psicodelia y dubstep, cuenta las batallas de un paraíso artificial de drogas y alcohol con su pertinente resaca. Muy similar a ‘Bar Italia’, la encargada de cerrar el disco. Dos buenos ejemplos de ese hedonismo del que los ingleses han ido haciendo gala a lo largo de los años, pero en el que rascando se puede encontrar las semillas de unos tipos que con sus «trivialidades» pusieron sobre la mesa el espejo de una realidad dominada por la superficialidad y la satisfacción inmediata. Por eso «Different class» sirvió como amuleto entonces, y también ahora. Porque es un álbum para todas las clases de todas las épocas, por muy diferentes que estas se sientan cuando les toca.

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: “Guitars, cadillacs, etc., etc.”, de Dwight Yoakam.

 

 

 

 

 

 

 

 

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