En el ángulo muerto: La humanidad de “A mi manera”

Autor:

angulo-muerto-12-02-16


“La televisión está evolucionando hacia otras esferas, y eso es ahora lo que vende. A la gente le gusta ver a los protagonistas reir, llorar, sufrir, emocionarse. Ya no hay espacios realmente sesudos y reflexivos en la televisión, salvo rara avis”

 

Un crítico artículo de opinión sobre el programa “A mi manera” acapara el interés de Arancha Moreno, que reflexiona sobre el interés del formato que reúne a músicos como Mikel Erentxun, Manolo Tena o Nacho García Vega.

 

 

Una sección de ARANCHA MORENO.

 

 

¿Has visto esto?, me preguntan un par de compañeros enlazándome el artículo que escribió Nando Cruz en «El Confidencial», titulado ‘Puñalada fatal al pop español de los 80 en ‘A mi manera’ con Manolo Tena y Erentxun’. ¿Puñalada fatal? No suelo caer en los titulares morbosos, porque lo que más me gusta de un texto es encontrar algo productivo, algo que me provoque una reflexión más allá de un click. Con el texto de Nando, aunque no esté de acuerdo en el enfoque, me ha ocurrido. Es cierto que en “A mi manera” hay elogios, nostalgia y narcisismo, porque así es el ser humano. Probad a reuniros con seis compañeros de oficio con los que tengáis algo en común, preparad un “homenaje” para cada uno, convivid una semana entera en una casa a pie de playa y ganad una buena promoción y un buen dinero por la experiencia. ¿Acaso no se establecería un clima de buen rollo, de camaradería, de euforia? Así funcionamos en grupo. Y si el fin de cada cual es lograr el aplauso después de cantar, evidentemente los seis que están mirando se lo van a dar, aunque en su manera de hacerlo denoten cuándo les gusta algo de verdad, y tengan que llegar al exceso para desmarcarse de la corrección estándar.

Tampoco podemos sorprendernos si la gente comenta estos momentos del programa, porque los telespectadores no son críticos musicales. Están ahí para ver y decidir si les gusta lo que ven, algunos se habrán acercado desde el interés por la música, o por alguno de esos músicos, y otros desde el puro entretenimiento, esperando un «reality» más. No se lo han encontrado, pero bueno, algunos se quedan y les gusta. Si con ello descubren que ‘Chica de ayer’ no lleva el dichoso “la” delante; que el rock de Mikel Erentxun ya no suena como el pop de Duncan Dhu o que Manolo Tena puede encarar una versión interesante de ‘Grité una noche’, pues adelante. Y si vuelven a escucharse canciones como ‘Una décima de segundo’ o ‘Chica de ayer’ en la televisión, fuera de alguna versión rara en algún anuncio, me alegraré también. Si no la va a cantar Antonio Vega, que por lo menos la toque parte de su banda (Basilio Martí, Ricardo Marín…), y si logran hacer algo digno, lo celebraré. Creo imposible superar al original, pero se trata de llevarlas al terreno de cada uno. Sepan o no hacerlo, de su propuesta se pueden aprender cosas, como aquella verdad que dice que una buena canción se puede vestir con muchos trajes diferentes: rock, pop, soul, bolero, jazz… Probemos, juguemos.

Volviendo a los artículos que tachen de puñalada fatal el programa, o busquen sacar los tres pies al nuevo gato de La Sexta, voy a quedarme con lo único que verdaderamente me importa. Me acerqué con la misma extrañeza al formato, pero fui a la rueda de prensa, escuché y luego vi el resultado en la televisión. Y con toda esa información en la mano, pensada con calma, escribo. Claro que hubo cosas que me hicieron mandar algún whatsapp burlón, porque ahí soy espectadora, saco el aguijón y me río. Y desconfío de según qué personas y qué frases, porque sé leer entre líneas. Lo que me importa de este formato es que la música vuelve a la televisión. Edulcorada, con comentarios que pisan las actuaciones en directo, buscando el lado humano de los personajes y las anécdotas de su estrellato, sí. Pero seamos sinceros: a estas alturas de la vida es muy difícil hacer televisión sin algún gancho humano. La televisión está evolucionando hacia otras esferas, y eso es ahora lo que vende. A la gente le gusta ver a los protagonistas reir, llorar, sufrir, emocionarse. Ya no hay espacios realmente sesudos y reflexivos en la televisión, salvo rara avis. La fórmula ahora es dominar el lenguaje del espectador, atraerle con un caramelo que despierte su interés. Mientras se haga apostando por la música en directo, con un repertorio interesante, con cierta elegancia en las formas y sin verles borrachos en pijama, me vale. Volveré a verlo el martes que viene, y dejaré de verlo cuando deje de interesarme. Mientras tanto, seguiré soñando con programas como “Séptimo de Caballería” y «No disparen al pianista», respaldados por el ingenio de Santi Alcanda (guionista del primero, ideólogo del segundo), y con la posibilidad de llevar a la pequeña pantalla programas de buena música en directo. Y tendrá mi atención quien lo haga con cierto gusto y respeto.

Anterior entrega de En el ángulo muerto: Hal 9000 detrás del telón mediático.

 

 

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