Operación rescate: Deep Purple

Autor:

«Es el disco más Jon Lord de toda la obra de Deep Purple. Un capricho de músico empollón. Una cuchipanda pretenciosa, pero con momentos de gloria. También, una oveja negra. El álbum se omite en múltiples desgloses discográficos de Deep Purple»

 

Deep Purple
«Concerto for group and orchestra»
EMI, 1970

 

Texto: EDUARDO TÉBAR.

 

Esta semana, el mundo del rock llora y aplaude a Jon Lord, discreto organista de aquel mastodonte llamado Deep Purple. Se repiten diversas alabanzas: su Hammond competía con el empaque de la guitarra de Ritchie Blackmore; construyó un muro de sonido con identidad propia. Cierto, aunque conviene matizar otros méritos igual o más importantes. En los años de esplendor, Lord ejerció de líder en la sombra, de catalizador de ideas. Era educado, tenía formación clásica, imagen y experiencia tanto en estudio como en la carretera. Además, se convirtió en el hombre de confianza de los managers e inversores que vieron negocio potencial en la banda. Todos le concedieron plenos poderes para armar una formación a su gusto desde el germen de Roundabout. Sin embargo, las aguas corrían bravas en Deep Purple en el cambio de década. Los vaivenes en la alineación resultaron beneficiosos con la entrada del bajista Roger Glover y del cantante Ian Gillan. Pero crecía la tensión por la lucha de egos; las diferencias insalvables entre el clasicismo académico de Lord y el rockismo asilvestrado de Blackmore. Así se estableció la MK 2, un gigante que tuteaba a los grandes pioneros del hard-rock: Led Zeppelin, Free y los recién llegados Black Sabbath.

Se antoja reveladora la anécdota que comentaba Fernando Pardo, guitarrista de Sex Museum (posiblemente el grupo más imbuido en España por los Deep Purple de Jon Lord), en un “Ruta 66” del 98: “Tuve la suerte de comprobar personalmente que la fama que acompaña a Ritchie Blackmore no es gratuita. No estaba pisando las mismas tablas que él, tampoco era su roadie… Los dos estábamos en un campo de fútbol. Obligó a la compañía a organizar un partidillo a su paso por Madrid en la gira promocional de su último trabajo en solitario. Pues bien, el encuentro no terminó hasta que él metió su gol”. En la vida como en el escenario. “Concerto…”  es el disco más Jon Lord de toda la obra de Deep Purple. Un capricho de músico empollón. Una cuchipanda pretenciosa, pero con momentos de gloria. También, una oveja negra. El álbum se omite en múltiples desgloses discográficos de Deep Purple. Después de su lanzamiento, los ramalazos clásicos quedarían reducidos a las introducciones o salidas de las canciones. El resto giraría en torno a los riffs de Blackmore.

«Concerto for group and orchestra» surge de la voluntad de Lord de fundir a Deep Purple con la Royal Philharmonic Orchestra. Rock salvaje y música de cámara. ¿El agua y el aceite? El concierto tuvo lugar el 24 de septiembre de 1969 en el Royal Albert Hall. La BBC lo retransmitió. De la batuta se encargó una eminencia: Malcolm Arnold. Lord compuso tres movimientos. Lo complicado, la integración de los dos entes, se puede discutir bastante. Desde luego, no marcó tendencia en el sinfonismo incipiente del 69/70, cuando las partituras inundaban los locales de ensayo. ¿Hubiera disfrutado más Jon Lord montando una banda con Robert Fripp? El experimento fracasó en lo económico, pero insufló la autoestima profesional del organista.

La música del “Concerto…” fluye entre barroquismo florido, subidones épicos y el concepto de jam onanista. Nadie discutirá la belleza de sus pasajes, la audacia de Lord para creaciones mayores. Hoy, que disfrutamos del testimonio visual, nos acomodamos con regocijo ante el contraste: estirados instrumentistas de conservatorio que miran con desdén a los greñudos ruidosos. Al final, Deep Purple se rebelan en un campeonato de dotación técnica. El ilustre espacio escénico se transforma en un laboratorio bizarro. La antesala de esa-fórmula-sagrada del ‘Smoke on the water’, que tanto daño causó después. Roger Glover, tachado durante décadas como el menos brillante del combo, impone un groove implacable con el bajo, que Lord sigue en vivarachos culebreos de jazz-funk. Blackmore hace de las suyas; muy bien, gracias. Ian Gillan se luce como crooner esporádico. Y el solo de batería de Ian Paice sirve para abrir un debate contra Keith Moon y John Boham. Instantes felices en una apuesta compleja, aunque, eso sí, acometida desde la seriedad y el rigor.

Por supuesto, Jon Lord no cejó en su empeño. Más tarde volvió a la carga con “Gemini suite”, ya sin Blackmore ni Gillan. El reconocimiento general se produjo en 1999: Lord recuperó las partituras del “Concerto…” gracias a la minuciosa reconstrucción del compositor holandés Marco de Goeij, las puso sobre los atriles de la London Symphony Orchestra y reunió a amiguetes vetustos con unos Deep Purple dirigidos por el guitarrista Steve Morse. Pero aquella fue otra historia. Un desenlace a lo Frank Capra.

 

Anterior entrega de Operación rescate: Lagartija Nick.

Artículos relacionados