Operación rescate: Counting Crows

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«La banda nunca ha logrado alcanzar el nivel de este álbum de debut. Desde entonces sus discos se cuentan entre fracasos y ventas aceptables»

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Counting Crows
«August and everything after»
GEFFEN RECORDS

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

A mediados de 1993 una canción amenazaba con arrasar a cualquier rival que se le emparejara en las emisiones de las radios de Norteamérica. Su inicio, con unos “sha la las” que evocaban directamente al Van Morrison de ‘Brown eyed girl’ era tan embriagador como su adictiva melodía y su icónica letra (“I want to be Bob Dylan”). ‘Mr. Jones’ era su título y a día de hoy sigue sonando en algunas pistas de bailes con ínfulas de revival. Servía como carta de presentación de una banda novel, hoy transformados en clásicos, Counting Crows. Y, por encima de todo, era la punta de lanza de un excelente disco, «August and everything after», que corría el peligro de sucumbir ante la popularidad de su single de adelanto.

Un disco que ahora se reedita en vinilo, coincidiendo con sus veinte años de existencia (ya se editó una versión «Deluxe» en el año 2007), y que curiosamente no contenía en su versión inicial la canción que le da título. Un álbum trampa. Una cumbre inalcanzable para la banda, no solo por sus más de siete millones de copias vendidas, sino también por su inherente calidad. Con espléndidos temas lentos como ‘Anna begins’, ‘Sullivan street’ o ‘Raining in Baltimore’ marcada por un dulce acordeón. Con temas más rockeros, como ese ‘Rain king’ de cuyos coros se encargan los Jayhawks Mark Olson y Gary Louris. Con canciones estandarte y singles de éxito como el citado e imprescindible ‘Mr. Jones’. Una canción a la que muchos acabaron quitando parte de su valor, parapetados en una manía proporcional a sus pases radiofónicos. Y unos medios tiempos aplastantes como ‘Round here’ y ‘Omaha’, mi favorita del lote.

No lo consiguieron. No lo han conseguido. Aunque amenazaron con reverdecer laureles con «Recovering the satellites» (1996) situado solo un par de peldaños por debajo de «August», la banda nunca ha logrado alcanzar el nivel de aquel álbum de debut. Desde entonces sus discos se cuentan entre fracasos y ventas aceptables, y solo a base de directos o discos recopilatorios en los que rememoraban las canciones de aquel lejano 1993 han logrado recuperarse ligeramente en popularidad. Una lástima. Porque su delito fue comenzar demasiado arriba. Y la sentencia está clara: culpables. De no ser así discos como «Hard Candy» (2002) o el más reciente disco de versiones «Underwater sunshine» (2012) habrían obtenido, sin duda, mejores críticas. Pero lo hicieron. Grabaron un disco tan grande como «August everything after» y desde entonces llevan pagando la penitencia. Dulce condena que decía aquel.

Anterior entrega de Operación rescate: Fito & Fitipaldis.

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