No disparen al pianista (2006), de Le Punk

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OPERACIÓN RESCATE

«Un álbum con poco espacio para la esperanza, pero que en su sombrío estado de ánimo escondía numerosos logros»

 

Protagonistas de una carrera corta pero intensa, la banda madrileña Le Punk grabó cuatro discos conjugando rock and roll, tango y swing, para deleite de la crítica y el público. Sergio Almendros recupera el segundo, No disparen al pianista.

 

Le Punk
No disparen al pianista
EMI, 2006

 

Texto: SERGIO ALMENDROS.

 

Los madrileños Le Punk se dieron a conocer allá por 2003 gracias a un primer disco descarado, fresco y original. Aquel La logia de la canalla suponía un atractivo collage de sonidos que, siempre con los ecos y actitud rock presentes, se movía entre el swing y el tango con suma facilidad. El disco fue bien recibido pero de forma algo minoritaria, aunque era de esperar que el buen hacer del grupo tuviera continuación e incluso crecimiento en sus próximas entregas. El boca a boca fue funcionando, de forma que pocos meses antes de la publicación de su segundo disco, No disparen al pianista, se reeditó su ópera prima con el añadido del epé Dos puñaladas a Gardel y otros tres delitos. De esta forma, Le Punk se situaba en una posición inmejorable para dar un paso más en su ascenso, y el disco que presentaba contenía un buen puñado de canciones para certificar tal predicción.

 

 

No disparen al pianista insistía en la propuesta de La logia de la canalla, pero abría más incluso el abanico estilístico. Así, el grupo miraba al Mediterráneo para impregnarse de los sonidos balcánicos, uniendo además a su pose canallesca un altavoz de denuncia e inconformismo social. La nueva colección de temas se abría con “La piedra”, donde la sombra de Tom Waits estaba más presente que nunca, un corte con todas las trazas de apertura que ya dejaba intuir un poso de denuncia lírica. A continuación, “Nacemos solos” venía a ser una carta de presentación en la que el mestizaje de su propuesta quedaba sobre la mesa (una vez más), para acto seguido toparnos con el primer single del disco y uno de sus temas más certeros, “La Virgen de la Soledad”. En ella los vientos tomaban el protagonismo acostumbrado entre ritmos swing y estribillo rockero.

 

 

“El telón”, con la aportación vocal de Antonio Bartrina, de Malevaje, era una de las canciones más de denuncia, con un comienzo tan punzante como certero: «Esta es la canción del que nació en cualquier lugar, al que nadie pregunto qué lengua quiere hablar, a que dios quiere rezar». “El Basker” daba un nuevo impulso sonoro al grupo con una historia desenfadada que cuadraba a la perfección con la invitación sónica del corte.

La melancolía a la que se hace referencia en el título de este recuerdo podría tener su primera excusa en “Enemigo equivocado”, un medio tiempo en el que la denuncia social tenía un aire pesimista y casi de resignación. Ante eso, siempre queda crear un universo propio, y a eso cantaba “Compañeros”, a los lazos forjados en noches tabernarias y abrazos etílicos, firmando lo que podría ser el himno definitivo para los últimos brindis.

«Por lo demás no ha cambiado nada pero nada sigue igual. No se puede vivir del recuerdo, ni vivir sin recordar». Así rezaba el estribillo de una de las canciones más destacas de No disparen al pianista, la excepcional y, de nuevo, melancólica “Vivir sin recordar”, un tema que sería versionado por Deluxe y que en su simpleza pop resultaba una de las más directas y emocionantes. Después de que los sonidos descaradamente balcánicos volvieran a tomar protagonismo en “La lukto estás perdita”, una composición en esperanto y que insistía en la pérdida de la esperanza, se retomaba la vena más dramática con “He cambiado para peor”, el mayor corte de desamor del álbum y que suponía un grito de resurrección tras el drama.

 

 

El último fogonazo de energía era “La logia de la canalla”, retomando el título de su debut para una canción de rabia y autoafirmación, para cerrar el disco cambiando de tempo y de tercio con “Canción para Europa”, a ritmo lento, casi de vals, para renegar del viejo continente.

Haciendo acopio de adjetivos, queda claro que este era un disco oscuro, un álbum con poco espacio para la esperanza, pero que en su sombrío estado de ánimo escondía numerosos logros, tanto estilísticos como musicales y líricos. Lamentablemente, la carrera de Le Punk no llegó a ser todo lo exitosa que se preveía (y se merecía), y tras la salida de varios miembros de la banda —poco después de la publicación del disco— su futuro se complicó. Esto no evitó que dos años más tarde firmaran el sobresaliente Mátame, para muchos su mejor trabajo, un álbum que volvió a otorgarles otro puñado de nuevos seguidores, pero que quizás a esas alturas ya eran insuficientes.

Anterior entrega de Operación rescate: Fluorescent (1993), de Steve Wynn.

 

 

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