“Más coincidencias imposibles”, de Josep Guijarro

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LIBROS


“Se ha de leer, como desengrasante, sin hacerle mucho caso más que a la diversión y al asombro, dejándose llevar por lo estrambótico”

 

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Josep Guijarro
“Más coincidencias imposibles”
LUCIÉRNAGA

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Se extrañarán ustedes de ver en la pantalla de Efe Eme un texto de aire tan abrupto, ese aire científico que quiere hacer pasar por dogmas lo que no son más que percepciones enrevesadas y comentadas con exageración. Si encima el subtítulo es “Descifra las señales que cambiarán tu destino”, pensarán directamente que nos hemos vuelto locos. Pero no. El periodista Josep Guijarro, que proviene de lo que ellos llaman pomposamente “el mundo del misterio”, no ha hecho más que seguir un género que tiene por lo menos quinientos años, no son nada nuevo estos libros. Déjenme que les explique y de paso que les diga como leerlo.

En el siglo XVI el afán por saber del hombre, digamos europeo, lo copaba todo. Así que se pusieron de moda unos libros llamados “misceláneas”. No eran más que repertorios de anécdotas, casos históricos, consejos domésticos, geografía fantástica, sentencias, medicina popular, monstruos y fantasmas. Fueron verdadero ‘best-sellers’ y, por ejemplo, la “Silva de varia lección” del sevillano Pedro Mejía se tradujo a setenta y cinco idiomas. Ahí queda eso. A la gente le asombraba en estos textos los retazos de mundos que no conocían, la mujer que parió un elefante o la que tuvo 155 gemelos de un parto, todos del tamaño de un meñique, y los bañaba a la vez en una tina. Con el tiempo, fueron perdiendo carácter humanista y llenándose de hechos escabrosos y mórbidos.

Pues bien, “Más coincidencias imposibles” se ha de tomar como una miscelánea en el siglo XXI, bien inscrita en la tradición de su género, y así abundan, como en el XVI, estrambóticas teorías físicas, retales de autoayuda, cuestiones políticas, noticias curiosas alrededor de encuentros casuales… El universo de lo exótico entre el misticismo y “Noticias del mundo”.

Así se ha de leer, como desengrasante, sin hacerle mucho caso más que a la diversión y al asombro, dejándose llevar por lo estrambótico. Ya conocerán el caso de Aaron Ramsey, que cada vez que marca un gol en su Arsenal fallece un personaje importante, pero quizás no el del refugiado sirio que a causa de una zancadilla en la frontera pudo ser entrenador del Getafe. Argumentos para cuentos realistas. Jóvenes que sobreviven a dos bombas atómicas o a múltiples atentados o esa azafata que cae desde diez kilómetros sin paracaídas, ¡y no se mató! Más, bonitas historias de amor, ladrones con mala suerte o ese muerto vivo de Peret que descubrimos que de verdad existe. Hasta el caso de que en 1891 solo había dos automóviles en el estado de Ohio, y chocaron entre sí.

No es un libro que vaya a cambiar su vida, claro –de hecho ninguno lo hará directamente- pero les aseguro amenas tardes de lectura en una obra que es tan válida para el metro como para el sofá.

Anterior crítica de libros: “La séptima función del lenguaje”, de Laurent Binet.

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