Learning to flinch (1993), de Warren Zevon

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

«Aunque a las teclas es sobrecogedor, y la manera de escupir letras apabullante, lo más destacable es su maestría con la guitarra acústica»

 

Warren Zevon
Learning to flinch
GIANT RECORDS, 1993

Eduardo Izquierdo se aleja de los discos más reivindicados de Warren Zevon y apuesta por una de sus obras más olvidadas: el directo acústico Learning to flinch, donde deja huella de su solidez en escena.

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

Es habitual, cuando alguien habla de la discografía de Warren Zevon, encontrarse con defensores a ultranza de Sentimental hygiene, por ejemplo. Un disco en el que colaboraban desde Neil Young a Bob Dylan, pasando por la plana mayor de R.E.M., el Heartbreaker Mike Campbell, Rick Richards de los Georgia Satellites, Bryan Setzer o Don Henley. Suele haber consenso en ese sentido. Otros, sin despreciar esa opción, apuestan por su homónimo disco de debut, que eso siempre marca territorio. Y algún osado, incluso, se atreve con su despedida, el magnífico The wind. Yo, más raro que un perro verde, suelo inclinarme por un trabajo no solo olvidado, sino muchas veces vilipendiado de manera injusta. Un directo, además. Y acústico. Casi nada. Pero es que ahí es donde Warren me ganaba, en las distancias cortas. Algo que no pude comprobar de manera directa, pero que puedo imaginar gracias a artefactos como este Learning to flinch, publicado en 1993.

Venía Zevon de una buena época. Tras el citado Sentimental hygiene (1987), Transverse City (1989) y Mr. Bad Example (1991) confirman que es de los artistas de rock norteamericano que mejor han llevado la travesía de los ochenta. Quizá, por ello, acepta que se ponga a la venta un álbum que muestre su buen hacer en las tablas, cuando se trata de enfrentarse al público armado solo con una guitarra acústica y puntualmente por el piano.

Grabado en conciertos celebrados entre Estados Unidos, Australia y Europa, entre junio y octubre de 1992, nos enfrentamos ante un excelente álbum desenchufado en el que el de Chicago tira de clásicos, sin desperdiciar la ocasión de aportar nuevos temas a su cancionero. Tres canciones inéditas, no incluidas en ningún lanzamiento anterior de Zevon: “Worrier king”, “Roland chorale” y “The Indifference of heaven”. Además, se luce con una extensa versión de “Roland the Headless Thompson Gunner” diferente a la publicada en disco de estudio con cuatro minutos de duración extra.

Guitarra acústica, piano y voz son los únicos protagonistas instrumentales de un lanzamiento que en plena efervescencia de los Unplugged de la MTV se me antoja hermano de aquellos. Y aunque su trabajo a las teclas es sobrecogedor, y la manera de escupir sus letras apabullante, creo que lo más destacable de este indispensable documento es la maestría de Zevon con la guitarra acústica, demostrando que en muchos músicos nos perdemos esa faceta tras la máscara del songwriter. ¿Alguien se jugaría dinero a que en “Boom boom Mancini” no le acompaña alguien dada la amplitud instrumental? Es sorprendente todo lo que Warren logra sacar de sus manos. Una calma tensa que hace que la grabación no pierda empaque en ningún momento

La curiosidad del disco viene dada porque “Mister Bad Example” fue incluida sin su mezcla final, y eso hace que la voz sea casi inaudible en ese tema. Algo que, por supuesto, enfadó muchísimo a Zevon. Cosas de la tecnología. En todo caso, eso no oscurece un disco espléndido en el que uno de esos grandes nombres que, sin saber por qué, jugaban en segunda división demuestran que ese no era su lugar, y que podía mirar a los más sí reconocidos como grandes fijamente a los ojos sin necesidad de ruborizarse.

Anterior entrega de Operación rescate: Just one night (1980), de Eric Clapton.

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