Las grandes B.S.O.: “King Kong” (1933), música de Max Steiner

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“Steiner no solo fue músico; también un absoluto agente transformador de la industria, ya que en lo sucesivo las partituras cinematográficas se vuelven el tapiz básico sobre el que se desarrolla la historia”

 

A Max Steiner se le considera el padre de la música de cine por abrir el camino de las bandas sonoras como elemento crucial en la gran pantalla. A pesar de sus muchos trabajos (“Casablanca”, “El tesoro de Sierra Madre”, “Lo que el viento se llevó”), su obra maestra fue la música de “King Kong”, como cuenta Fernando Fernández.

 

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“King Kong”
Música de Max Steiner, 1933.

Una sección de FERNANDO FERNÁNDEZ.

 

 

Hace más de 80 años, el cine buscaba su expansión y su crecimiento cuando apareció uno de lo títulos que hizo historia por el planteamiento y la música: “King Kong”, dirigida por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack y producida por David O. Selznick para los míticos estudios RKO. Una película clave con la que se originó también la importancia de la música en la gran pantalla.

 

 

Con su trabajo para la película “Symphony of Six Millions” (1932), Max Steiner abrió ligeramente la puerta a la realización de bandas sonoras, pero fue al año siguiente, con “King Kong”, cuando voló por los aires cualquier tipo de barrera u obstáculo. Además de convertirse en un acontecimiento seminal en la historia del cine, Steiner decidió cruzar valientemente este Rubicón y cambió para siempre el curso de la industria cinematográfica. Su banda sonora, considerada como una de las mejores jamás escritas, supuso toda una llamada a la aventura, un gran sentido del misterio, el romance y, en última instancia, puro y salvaje terror. Esto sirvió para reforzar las asombrosas imágenes de la película y la manera en que se contaban las historias, catalizando una reacción emocional más fuerte y duradera por parte de la audiencia. Ya no era posible negar el valor y capacidad de una banda sonora para ayudar a atraer al público en masa a las salas. Incluso en una época tan complicada como la de la Gran Depresión, consiguió desbordar de dinero las arcas de un estudio que se encontraba en bancarrota.

Steiner no solo fue músico; también un absoluto agente transformador de la industria, ya que en lo sucesivo las partituras cinematográficas se vuelven el tapiz básico sobre el que se desarrolla la historia. Ya no hubo vuelta atrás. Desde entonces la música se convierte en nuestra compañera emocional para indicarnos los elementos críticos de la película, pero también actuar de forma sinérgica para apoyar la narrativa. Esta es la partitura que lo comenzó todo y por la que le consideraron «Padre de la música de cine». Una obra épica en la que comprendió que la historia giraba alrededor de la conexión emocional formada entre la bella y la bestia. Dada la incapacidad de Kong para expresarse en el lenguaje, era necesario antropomorfizarlo, humanizarlo, trascender musicalmente las limitaciones de su naturaleza instintiva, glgo que el simple “oso de peluche”, que es su animatrónico en la película, tampoco podía hacer. La música transmite la pura expresión de la fascinación y afecto de Kong por Anne, una habilidad que refuerza con el uso de la orquesta para capturar la emoción del poder primitivo de Kong. Pura maestría.

 

 

Cuando se finalizó el montaje inicial de “King Kong”, su coste de producción final fue de 513,242.02 dólares. El problema es que dejó a la película sin ningún presupuesto restante para cubrir el costo de una partitura original. Sin embargo, Cooper fue inflexible en su negativa a conformarse con el uso de música previa y bibliotecas de audio como elementos para ilustrar su visión teatral. Según se recoge en las memorias de David Raksin (otro gran compositor), el cineasta se ofreció a pagar al compositor de su propio bolsillo para que crease un sonido original para las imágenes. La estimación fue que el gasto presupuestario individual de la música alcanzase los 50,000 dólares. El resultado es parte de la historia del cine y de la música.

Con 310 películas acreditadas en su haber, sin contar multitud de trabajos sinfónicos y de todo tipo, así como una buena cantidad de trabajo sin acreditar en un gran numero de títulos, Steiner es uno de los compositores más prolíficos del celuloide. Pero no solo eso, también se le considera el creador de la música de cine como hoy la conocemos. Compuso una vasta, dramáticamente majestuosa y poderosa partitura cargada de emoción, profundidad y complejidad. Desde el momento en que comienza la película, con esos reconocibles tres compases siniestros y prominentes que anuncian la llegada del gran simio (que años más tarde utilizaría a su manera John Williams para “Tiburón”), el oyente atento se encuentra envuelto en una furiosa embestida de sonido. La lenta y calculada ascensión de la tensión, construida subliminalmente hasta el primer indicio de llegada a la Isla del Cráneo, está magistralmente entrelazada por la integración de Steiner con un engañoso choque de martillos en la costa, y con los tambores de advertencia de los nativos de algún lugar de la playa. También es significativo que no utilice la música hasta que el barco de la expedición sale de la niebla y divisa la isla por primera vez.

 

 

Esta singular y clásica fantasía de aventuras titulada “King Kong” sigue siendo una de las películas más poéticas, mágicamente inspiradas, populares e influyentes de los más de cien años de historia del cine. Y Steiner se labró una carrera brillante e inspirada de más de treinta y seis años, en la que fue capaz de crear el acompañamiento inolvidable a historias tan legendarias y míticas como “Casablanca”, “El sueño eterno”, “El tesoro de Sierra Madre”, “El juego más peligroso”, “Las aventuras de Mark Twain” o “Lo que el viento se llevó”. Pero a pesar de la cantidad de títulos reseñables, su obra maestra sigue siendo este pequeño hito histórico creado en 1933 por Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack, y la productora RKO. Lo mínimo que podemos es conmemorar sus casi 85 años de maravillosa música e imágenes, con el grado de asombro y reverencia que se merecen los maestros.

Anterior entrega de Las grandes B.S.O.: “El tercer hombre” (1949), música de Anton Karas.

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