Las andanzas de Nacho Vegas en Bogotá

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“Es bueno ir a donde compartes algo tan importante como el idioma, a pesar de que luego todo lo demás es muy diferente, mucho más diferente de lo que sea cualquier país europeo para nosotros. Y lo digo para bien”

Umberto Pérez estuvo con Nacho Vegas en su primer concierto en Bogotá y nos cuenta cómo fue mientras lo acompaña de las palabras del propio Vegas.

 

 

 

Texto: UMBERTO PÉREZ.
Fotografías: ANDRÉS WOLF.

 

 
Para llegar al hotel en el que se aloja Nacho Vegas en Bogotá, primero se debe atravesar la Calle Fantasma y en seguida caminar toda la Calle del Calvario, que recibe su nombre debido a lo empinada que es. Al final de ella está el hotel que se encuentra en todo el límite entre el turístico barrio La Candelaria y el popular barrio Egipto, en pleno centro histórico de Bogotá. A mi llegada, en busca de una entrevista, la cara de Vegas contrasta con la de su manager Juan Santaner debido al resultado del partido de ida por los cuartos de final de la Copa del Rey entre el Barcelona y el Real Madrid. Al pianista Abraham Boba, quien acompaña a Nacho en su primera visita a Colombia, aquello le tiene sin cuidado. Lo cierto es que, luego de hacer una escala obligatoria y aburrida en Miami, Nacho Vegas y compañía se aprestan a dar su primer concierto en Bogotá en menos de 24 horas.

El público asistente a la segunda jornada del Festival Centro, el jueves 19 de enero, sigue aferrado a sus asientos, la mayoría aplaude y corea eufórico el nombre del artista principal del día: Nacho Vegas. El asturiano, acompañado de Boba, acaba de terminar su primer concierto en la ciudad de Bogotá. Algo más de cuatrocientas personas agotaron las entradas con casi un mes de anticipación, por lo tanto, al auditorio de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, organizadora del Festival Centro, no le cabe un alma.

Entre los gritos y el silencio que le procede, Nacho Vegas y Abraham Boba regresan al escenario para hacer un único bis que consistió en un tema tradicional de los mineros asturianos titulado ‘Santa Bárbara bendita’, seguida de ‘El ángel Simón’. La gente susurra partes de ésta, y cuando llega a ese verso que reza: “ahora estoy cansado y solo tengo miedo de mi propia vida” caigo en la cuenta de una coincidencia, su respuesta a la última pregunta que de la entrevista que le he hecho un par de horas antes es casi idéntica. – “¿A qué le temes, Nacho?”. – “A… (piensa varios segundos) mí mismo”.

Durante una hora y diez minutos, en su primera cita a la capital colombiana, Vegas presentó un repertorio acertado, ideal para satisfacer a todos, haciendo énfasis en sus discos editados en 2011, “La zona sucia” y “Cómo hacer crac”, repasando clásicos de “Actos inexplicables” y “Desaparezca aquí”, y con la ausencia notable de temas correspondientes a “Cajas de música difíciles de parar” y “El manifiesto desastre”, que algunos aficionados furibundos nunca dejaron de pedir.

El concierto se inicia con ‘Canción del extranjero’, su estupenda adaptación del clásico de Leonard Cohen. Unos meses atrás, Vegas cantó para Cohen en el marco de las celebraciones del premio Príncipe de Asturias de las Letras otorgado al artista canadiense. Cuando le pregunto por el encuentro con Cohen sonríe y evoca el recuerdo: “Cuando salí a hacer mi parte el escenario estaba a oscuras, no se veía nada. No sabía si podía estar Leonard Cohen, como podía haberse ido al baño a hacer un pis y no estar, entonces yo toqué sin más. Pero luego, al final, salimos todos a hacer una canción, se encendieron las luces y de repente lo veo en un palco muy cercano, con lágrimas en los ojos. Me emocionó mucho el hombre, fue un shock verlo ahí tan cerca, a quien nunca había visto más que en fotos de portadas de discos y, bueno, en un concierto al que fui. Después pasó al camerino, me saludó, me dijo que tocaba muy bien la guitarra, fue algo sorprendente, yo le dije: ‘aprendí de usted’, y ahí se acabó nuestra conversación”.

El final de ‘Canción del extranjero’ da paso a un breve saludo, la introducción de Abraham Boba y de inmediato a ‘Cuando te canses de mí’. La gente la canta completa, la grita y aplaude. Los que solo queremos escuchar nos hacemos a la idea de que eso ya no será posible. El cariño es tangible, desbordado. Juan Santaner está sorprendido por el recibimiento. Desde la noche anterior al concierto, cuando se acercaron a conocer el auditorio durante la prueba de sonido del grupo de indie norteamericano We Are Scientists, varios de los asistentes miraban con sospecha, murmuraban y se le acercaban en busca de una foto o un autógrafo. Al día siguiente, con su público haciendo fila desde temprano, y luego de una extenuante jornada de promoción, las muestras de afecto hacia el asturiano aumentaron.

Le pregunto a Nacho Vegas por su reconocimiento en América Latina, lo que acontece en Bogotá es una pequeña señal de cómo, a partir de su disco en colaboración con Bunbury, se ha granjeado un número considerable de seguidores en este lado del Atlántico. Muestra de ello son sus múltiples conciertos en varias ciudades de México y cómo en las diferentes redes sociales, gente de Ecuador, Perú, Chile y Argentina le solicitan conciertos en sus países. “Eso es halagador, recibes un cariño que te hace ilusión, pero en realidad algo que tienes que saber es que hay una parte de mentira en todo eso, lo digo honestamente, eh, tienes que saber que no eres merecedor de ello y que forma parte de esto, de todo el mundillo de la música. Al final también estás utilizando la palabra, es bueno ir a donde compartes algo tan importante como el idioma, a pesar de que luego todo lo demás es muy diferente, mucho más diferente de lo que sea cualquier país europeo para nosotros. Y lo digo para bien”.

La noche del miércoles recorremos La Candelaria. Vegas presta atención a los grafitis que abundan en las paredes, sobre todo los que hacen referencia a la situación política de Colombia. Viene informado pero en una ronda de dos cervezas intento explicarle la complejidad del conflicto interno que se vive acá. Algo consigo. Luego, y paradójicamente, en un restaurante ubicado en la Plazoleta del Chorro de Quevedo, lugar fundacional de la ciudad, intento sin fortuna explicarles a los tres en qué consiste la cena: patacones con hogo, un plato ligero tradicional que por suerte el mesero explica a la perfección.

A diferencia de Vegas, otros músicos españoles encuentran mayor afinidad con América Latina que el resto de Europa, indago el por qué le resulta tan diferente de España si, como lo ha recalcado, la lengua común estrecha de una manera muy fuerte: “Hombre, si viajas por Europa al final en cualquier capital todo es parecido, hay una especie de efecto globalizador que hizo que hoy sea bastante homogéneo. Latinoamérica, en cambio, es un sitio donde la cultura popular se siente con mucha más pasión, mucho más arraigo y eso ha sido algo que me ha marcado estos últimos tres o cuatro años. Eso es muy grande”.

Canciones como la reciente ‘Marquesita’ y ‘Que te vaya bien Miss Carrusel’ sirven de apoyo durante la prueba de sonido del jueves en la mañana, interrumpida en varias ocasiones para cumplir compromisos mediáticos e inesperados del festival. Estas dos canciones reelaboradas a partir de la música popular me permiten preguntarle a Vegas por su fascinación por esta música: “Son canciones que en esencia son una tradición musical que repiten muchos esquemas: el romance, que primero fue tradición oral y luego alguien le puso música, es muy parecido en esas culturas. De hecho, si coges el country es una mezcla de folk americano con música tirolesa y luego bebe mucho del folk irlandés, que ahora estoy escuchándolo bastante”. Le recuerdo su versión sobre ‘Las ciudades’, el clásico de José Alfredo Jiménez, e indago por su interés en el cancionero mexicano: “Escuchando cosas mexicanas también encuentras esta cosa tradicional pero te llega de una manera más inmediata por el idioma, y también en esencia son canciones muy sencillas. Es en esa sencillez que radica su pureza, son muy auténticas”.

“Creo que hay que evitar que un montón de gente se lucre con contenidos sujetos a derechos de autor, que es una conquista que se puede proteger como cualquier derecho conquistado, y eso no entra en conflicto con ofrecer tus discos”

Durante el café que sucede al almuerzo aprovecho para mantener la entrevista. Conversamos del 15-M, del narcotráfico, de cuánto La Candelaria le recuerda al barrio gijonés Cima de Villa, de su extraña colaboración con Luis Eduardo Aute y la admiración que le confiere, de su pasión por la filmografía de Mike Leigh y Aki Kaurismaki. Me cuenta que aunque no deja de hacer canciones quiere tomarse un tiempo para darles forma y organizarlas antes de entrar a grabar. A partir de una referencia a ese gran escritor pop que es Ray Davies, me sugiere que puede tratarse de un disco conceptual. Me excuso en esa confesión para averiguar sobre la idea de hacer un tema que narre la historia de Rambal y me dice que aún está en el aire, como también un posible homenaje a Serge Gainsbourg. Hablamos de las canciones, del tiempo y el sufrimiento que conlleva finalizarlas.

En el concierto, Nacho Vegas permanece estático, apenas abre los ojos y va hilando, casi sin intervalos, canciones recientes de su discografía como ‘Perplejidad’, ‘La gran broma final’ o clásicos como ‘El hombre que (casi) conoció a Michi Panero’ y ‘Ocho y medio’. El aporte que hace Abraham Boba desde el piano y los teclados es preciso, fino, no añade florituras innecesarias, contrario a lo que los aficionados más radicales parecen percibir. Sobre su banda estable desde hace unos años a la que hace poco decidió bautizar como La Cuarta Trama, y la sonoridad de sus discos más recientes, con una fuerte presencia de teclados me cuenta: “Dio la circunstancia de que quería hacer un disco más desnudo en todos los sentidos, hacer las canciones un poco más esenciales en composición y también en producción, hacer un disco más acústico. La verdad es que los músicos que tengo en la banda son muy capaces de todo, de llevar una canción que grabábamos de manera muy ruidosa a la esencia y hacerla un poco más íntima, y lo contrario. Son circunstancias que también tienen lugar en capa época y en cada disco”.

Entre las novedades de esta nueva etapa que se inicia con la creación del sello Marxophone, presenta la edición de sus discos bajo una licencia Creative Commons que permite la libre distribución sin ánimo de lucro. Justo, durante su visita a Bogotá, ocurre el apagón de Wikipedia en contra de las diferentes leyes antipiratería, apoyado también en las amenazas respectivas de Facebook, Google o Yahoo, avivando aún más un debate que los usuarios no tienen muy claro a la hora de tomar partido. Al respecto me dirá: “Creo que la cultura debe ser libre, pero cuando digo libre debe ser de libre difusión, es decir sin un pago previo, pero la licencia que utilizo tiene una restricción del ánimo de lucro. A mí no me gustan las opiniones a favor del copy left, que son las más airadas, son las de la derecha liberal que les encanta que todo esté libre de derechos porque así puede utilizarlo el más listo de la clase para coger y hacer dinero con ello. Me parece que es muy peligroso, creo que hay que evitar que un montón de gente se lucre con contenidos sujetos a derechos de autor, que es una conquista que se puede proteger como cualquier derecho conquistado, y eso no entra en conflicto con ofrecer tus discos. La cultura libre está dividida entre la libre difusión, que es lo que yo defiendo y creo que defienden todos los sectores afines a la izquierda, y la del libre comercio, que es otra manera de ver la libertad para que todo el mundo pueda mercadear con ella”.

El auditorio de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño ahora está vacío. Nacho Vegas, Abraham Boba y Juan Santaner están agotados pero satisfechos. Vegas cumple con una última entrevista para el patrocinador principal, como también con darle gusto a los fans que aún le esperan a la salida. La noche bogotana de enero es cálida. Yo doy por terminado el cubrimiento de la primera venida de Nacho Vegas a Colombia. Ellos deben volver a atravesar la Calle Fantasma y subir la Calle del Calvario. Mientras camino solo por La Candelaria, evoco el momento del concierto cuando cantó ‘Días extraños’ y cómo gracias a esa canción hoy su obra se establece a este lado del Atlántico. Unas horas antes, cuando le pregunto si en sus canciones consigue transmitir y acercarse a la pureza de la canción popular de la que hemos hablado, me dirá: “No, no es que sienta que lo consiga pero es el mayor empeño que tengo”. Todo indica que esta vez ha vuelto a hacerlo bien.

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