La guerra del volumen (y 2)

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“Paco Loco: ‘Si a los técnicos muchas veces nos cuesta diferenciar volumen con respecto a otros conceptos, ¿cómo no lo va a confundir la gente?’”

Tras plantear el debate sobre el volumen al que deben grabarse los discos, Manolo Tarancón pregunta su postura a productores veteranos, como Paco Loco, Carlos Hernández y Jordi Sapena.

 

 

Texto: MANOLO TARANCÓN.

 


Foto Paco Loco: Juan Villareal.
Foto Jordi Sapena: Sergi A. Minguell.

 

 

Hace unos días hablaba a través de ejemplos, anécdotas y alguna cuestión técnica de lo que a lo largo de los años se ha bautizado como “guerra del volumen” o “loudness war”, o lo que es lo mismo, la pelea de la industria porque unos discos suenen tan altos como los de la competencia cuando le damos al play en nuestro reproductor. Ahora es el turno de los profesionales: tres técnicos de sonido y productores de nuestro país que, a través de su experiencia, nos cuentan sus impresiones acerca de este fenómeno que tuvo su mayor auge en los años 90.

Carlos Hernández es, pese a su juventud, todo un veterano. Combina su tarea en el estudio con la de técnico de directo. Empezó a trabajar en los conciertos e Los Planetas, y de ahí pasó a grabar y producir su disco “Encuentro con entidades”. Su carrera ha ido creciendo disco a disco, concierto a concierto. Aunque quizás su lista se engrosa si hablamos de bandas independientes, también ha trabajado muchos años con Pereza y junto a Leiva en su disco “Diciembre”. Últimamente se vincula mucho a una banda como Triángulo de Amor Bizarro, que destaca por el sonido de sus discos y su elevado volumen en directo, no apto para cualquier oyente. “Creo que todo este asunto de la “guerra del volumen” es una locura, aunque entiendo perfectamente el porqué de su inicio”, cuenta, y continúa: “Por la respuesta del oído, si comparamos dos audios exactamente iguales, uno de ellos un poco más bajo que el otro nos da la sensación de que el que está mas alto, suena mejor. Antiguamente, en las emisoras de radio, las canciones las ponía un señor que con una mesa de mezclas igualaba los volúmenes de los diferentes discos; con la digitalización del audio y los avances tecnológicos este proceso se automatizó, y si ponían tu canción y sonaba más baja que la anterior, estabas perdido. Esto solo puede remediarse comprimiendo y limitando a muerte para sonar más fuerte que nadie con el consiguiente “aplastamiento” de la señal y la eliminación del rango dinámico. Todos los que hemos mezclado o masterizado un disco hemos abusado tremendamente de esto, aún sabiendo que era un error, pero era lo que había…”.

A la pregunta sobre si los oyentes somos conscientes de estos detalles, también responde con claridad: “Sinceramente, creo que, si no es una aberración la limitación aplicada a un master, solo lo detecta un profesional, o como mucho alguien que ha escuchado mucha música. Al público general se le ha ido acostumbrando poco a poco a escuchar música muy limitada, no ha sido de un día para otro, por lo que es muy difícil que detecten algo. Por ejemplo, mi padre o mi hermana lo único que pueden notar es que a un disco de The Beatles tienen que darle más volumen en su cadena, pero poco más”.

 

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Paco Loco.

 

Paco Loco necesita pocas presentaciones. Ni se sabe cuántos discos ha grabado y producido. Ni él mismo se acuerda. Tampoco parece importarle. Nacho Vegas, Alondra Bentley, Neuman o Bigott son algunos de ellos. Es una de esas personas que vive cada minuto su profesión, su trabajo, grabando de forma incansable todos los días de la semana, ajustándose siempre a las posibilidades y plazos de los músicos, lo que suele ser un handicap a priori para el encargado de llevar a cabo esa grabación. Y saca tiempo para tocar en directo en las diferentes bandas en las que se enrola. O en algunas propias, como The Ships, una propuesta interesantísima de power pop. Tiene uno de los estudios más importantes y completos del país, por extensión y por la cantidad de equipos e instrumentos que posee. Un estudio que podría ser perfectamente un museo. Graba en analógico y todos sus aparatos cumplen estos requisitos. Es uno de los más escépticos en el tema de la guerra del volumen, a la que no da mucha importancia: “Soy partidario de no sonar tan fuerte y mantener la dinámica, pero reconozco que si se trata de pistas que van a sonar, por ejemplo, en la radio, y suena flojo, es un problema. Si tu disco suena a un volumen inferior que otros tienes una pequeña batalla perdida, aunque pienses para ti que no quieres sonar tan fuerte a costa de la dinámica”.

Paco no ve ningún inconveniente en que se haga un mastering con mucho volumen, debido a que hay aparatos que consiguen hacer sonar más fuerte sin que afecte a la compresión en la pista final: “Suele abusarse de todo, a mí me gustan los compresores por su función, por las cosas que consiguen en el sonido, pero no precisamente para sacar más volumen”. Cuando le preguntamos si cree que el oyente final acaba detectando este tipo de cosas, se muestra bastante escéptico: “Si a nosotros mismos, los técnicos, muchas veces nos cuesta diferenciar volumen con respecto a otros conceptos, ¿cómo no lo va a confundir la gente?”. La duda, claro está, reside en si el oyente valora o no este tipo de cosas una vez puede detectarlas.

 

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Jordi Sapena.

 

Jordi Sapena tiene todo por delante, y como casi todo técnico, es músico. La única diferencia es que en la actualidad está más dedicado a este campo que a la grabación. Su faceta de multiinstrumentista le coloca en una buena cantidad de bandas, como el caso de Tórtel o Ramírez. Grabó, entre otros, “Mentiroso, mentiroso” de Iván Ferreiro, o “Universal” de La Habitación Roja, con los que empezó de técnico de directo, y ahora forma parte de ellos, es uno más. Sus conocimientos en este área lo hacen todavía un músico más completo. Ha sonorizado directos de Joaquín Pascual y alguno de los conciertos de la gira de reencuentro de Mercromina, entre otros. Charlamos con él sobre todo este tema justo ahora que está a punto de publicarse el disco de una de las bandas más bizarras a las que pertenece, Comadreja Mambo. Además, es fan declarado de Oasis, por lo que la pregunta acerca del “What´s the story (Morning glory?)”, uno de los discos punteros en el debate de la guerra del volumen, es ineludible: “Cuando escuché el disco por primera vez, yo no tocaba la guitarra ni me imaginaba que iba a acabar dedicándome a la música, y me pareció que sonaba que te cagas. Tampoco te paras a pensar en esas cosas, no tienes ni idea de qué es masterizar un disco, ¡ni siquiera qué es mezclar un disco! Te lo pones en casa y lo disfrutas sin pensar en estos debates. Si miro hacia atrás, es un disco que ponía mucho y que sonaba fuerte. Había un feeling de grupo en directo sin serlo (la voz muy delante, muy presente, una maraña de guitarras, bajo casi inaudible) que hacía que tuvieras ganas de ponerlo a toda castaña. Recuerdo que en casa de mis padres había hilo musical, y a veces, cuando me quedaba solo, lo ponía al máximo de volumen en todas las habitaciones de la casa (baño, cocina y comedor incluidos), y recorría la casa cantando a grito pelado las canciones. Supongo que sí desprendía esa sensación de volumen desmedido que otros discos no tenían. Aunque no olvidemos que está todo en las canciones. Como decía Noel, son canciones para tocar en estadios”.

Jordi opina que el sonido final del disco es muy marca de la casa. “Con el tiempo he tenido la oportunidad de conocer en persona y pasar unas horas en el estudio con Owen Morris, productor e ingeniero de ese disco, que ha producido el último trabajo de mis amigos Stay, de Barcelona, y puedo asegurar que le siguen gustando el volumen y la compresión”.

 

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Carlos Hernández.

 

En la batalla sónica también se posiciona: “Está claro que ha habido un abuso por parte de un amplio sector de la industria musical en la sobrecompresión en los masterings, llegando a límites absurdos y ridículos, con el fin último de sonar más fuerte que nadie. Más alto, más fuerte, más rápido, ¡siempre más! Y en este tema han tenido culpa todos los actores implicados: compañías, artistas, ingenieros… aunque algunos más que otros. Al final la música pasa también por el compresor de la radio o el normalizador de la plataforma streaming de turno, y tampoco sirve de mucho ser el más chulo poniendo el master a -5 decibelios”.

Sapena no cree que el destinatario final, el oyente, detecte estas cuestiones, puesto que “el usuario medio es profano en la materia y no se da cuenta de estas guerras sónicas (ni para bien ni para mal). Pero tampoco se da cuenta de que los refrescos llevan mucho azúcar y son malísimos, y no por eso debemos dejar de decirlo y luchar contra ello”.

¿Hacia dónde vamos?

Una de las preguntas obligadas a los profesionales del sector es acerca del futuro, sobre si este debate abierto va a ir a más o por el contrario se va a caminar hacia otras tendencias. Jordi ve cierta esperanza. “Creo que, inevitablemente y por suerte, caminamos en dirección contraria a la que de los 90 y principios de los 2000. Hemos llegado a tal nivel de compresión y volumen final, que por fuerza tenemos que ir en la dirección opuesta. Hay mucha gente concienciada en que hay que mantener la dinámica en las mezclas finales y no pasarse, y creo que eso es bueno para todos, los oyentes y los artistas”.

Paco Loco cree que lo ideal es viajar hacia “la paz del sonido”, “como ir hacia donde sonaban los discos antes, sin preocuparte de sonar más alto”. Con respecto a esto, Carlos Hernández opina que “al ser conscientes del problema, esa “guerra del volumen” ha empezado a disminuir levemente, aunque creo que es imposible que desaparezca del todo. Yo estoy teniendo mas cuidado a la hora de limitar un disco, aunque sigo haciéndolo por encima de donde realmente me gustaría dejarlos”. Sin embargo, en defensa de algunos masterings “arriesgados”, tiene claro que en ciertos géneros puede ser positivo. “Usar limitación en el master no tiene porque ser malo; al margen del volumen general, se consigue un empaque determinado que según con que tipo de música puede resultar interesante”. Un debate constante que, en mayor o menor medida, va a seguir estando ahí, aunque la opinión general indique que las cosas deben ir hacia puntos de vista más naturales. Posiblemente, como en casi todo, las cosas nunca sean blancas o negras, y se encuentre una solución en el punto intermedio. Si no, como bien dice el propio Jordi Sapena, “vamos a acabar todos sordos. Citando al experimentado ingeniero de sonido Santi García: ‘Es lo que tiene bajar a la mina del rock’”.

Anterior entrega: La guerra del volumen (I).

 

 

 

 

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